LA GRANDEZA DE LA SALVACION


“Por que de tal manera amo Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna”. Juan 3.16

En un momento de la eternidad de Dios, el Señor tomó la decisión de crear cosas, y entre esas cosas tenemos a los ángeles en sus diversas categorías: serafines, querubines y arcángeles. Entre estos seres estaba Lucifer, cuyo significado es “lucero de la mañana”. Era un ser extraordinario y con una capacidad maravillosa dada por Dios.

La Biblia dice que Lucifer se llenó de ambición y que en su corazón estaba el deseo de ser igual a Dios. Eso hizo que Dios lo maldijera. Pero Lucifer no actuó de manera sola sino que logró convencer a una gran cantidad de ángeles. Estos pasaron a ser “ángeles caídos.” Una parte fue condenada de manera eterna en el infierno pero hay otra que tiene la capacidad de todavía moverse en el espacio que Dios ha creado.

Pero hay otro ser importantísimo que Dios también creó. La Palabra dice que hubo una consulta divina en la que se convino hacer al hombre. Este ser tiene el privilegio de ser creado a imagen y semejanza de Dios. Y esto habla de cualidades extraordinarias y de un gran privilegio.

Sin embargo, el hombre también falló. Dios lo había colocado en un lugar muy especial sobre la Tierra, le había dado, autoridad y poder sobre todas las demás cosas creadas y aún más allá, pues los pies del hombre ya han llegado hasta la Luna y se habla de que uno de los grandes proyectos del futuro será la conquista del espacio. Esto habla de la capacidad del hombre.

Vemos entonces que Satanás le falló a Dios pero que el hombre también hizo lo mismo. Sin embargo, la pregunta que deseo hacerles en este momento es ¿por qué Dios decide salvar al hombre y no hace lo mismo con Lucifer y los ángeles caídos?

Es una pregunta que nos pone a pensar. En esta hora usted me dirá: “Pastor lo que pasa es que la maldad de Satanás es terrible, es un ser siniestro, es el acusador, un destructor y padre de mentira”. Podríamos pasar un largo tiempo mencionando todas las cosas malas que hay en Satanás. Pero yo les pregunto a ustedes también en esta hora. “¿Acaso el hombre no es tan dañino y tan perjudicial como los mismos demonios, como Lucifer y como los ángeles caídos?

Miremos a un Adolfo Hitler, un hombre que acabó con cinco millones de almas de manera despiadada. Metió a esas vidas en barracas sin darles agua ni comida hasta que fueron languideciendo y sólo quedó la piel cubriendo los huesos y la cuenca de los ojos de manera profunda. Y estos eran los más afortunados porque hubo otros que fueron obligados a desfilar en una especie de procesión rumbo a los hornos ardientes donde caían niños, jóvenes, madres y padres. Hitler sabia de todo esto, él lo había ordenado.

¿Y qué decir de aquellos que fabricaron y , peor aún, lanzaron la bomba de Hiroshima y Nagasaki con un poder de destrucción terrible y salvaje’. Los lugares donde se lanzaron esas bombas todavía no se puede ni siquiera caminar libremente por la alta contaminación y esto se usó como amenaza, intimidación y demostración del poder de destrucción que tiene el hombre.

Y que podríamos decir de aquel hombre que decoró su casa con objetos hechos de cráneo y huesos humanos. Y que dormía cada noche con cuerpos en putrefacción. Hablemos también de aquel que tenía un refrigerador lleno de partes humanas que consumía poco a poco de manera normal.

Yo les creo mucho a Charles Spurgeon cuando dice que el hombre sin Dios es capaz de hacer más daño que cualquier demonio, ¿Qué demonio ha lanzado una bomba? ¿Qué demonio ha creado hornos ardientes para quemar seres humanos? ¿Cuándo inventó Satanás las barracas para destrucción de tantas almas? ¿Cuándo ha salido Satanás a quitarles las vidas a las personas en las calles?

Usted me dirá que físicamente no lo hace porque es un espíritu, pero que usa a las personas para que maten, roben, destruyan y fabriquen bombas atómicas. Quiero decirles amados hermanos que es un razonamiento muy complejo, porque entonces estaríamos diciendo dos cosas:

1. Que el verdadero culpable de las desgracias que hay hoy en la humanidad es Dios, pues creó al hombre sabiendo que Satanás algún día haría desobedecer al mismo Creador.
2. Lo segundo es que estaríamos planteando que el hombre ha sido creado sin la capacidad de tomar decisiones por cuenta propia y, sobre todo, de poder resistir la fuerza de un ser contrario a Dios.

Y yo les digo que ninguna de las dos cosas es real. Dios no es el responsable del mal. Los responsables son tanto Satanás como el hombre mismo. Fueron dos seres creados de manera independientes pero que fallaron. Cuando el hombre fue creado tenía la capacidad de tomar decisiones por sí mismo. Podía obedecer a Dios aún cuando fuera sometido a presión por el Diablo. Por eso el apóstol Pedro dice “resistid al Diablo”, él sabe que en el hombre hay capacidad para no dejarse arrastrar por las insinuaciones del diablo.

En los últimos años hemos estado magnificando a Satanás. En las iglesias se ha desatado la enseñanza y doctrina de la guerra espiritual.

Es que la gente le quiere atribuir a Satanás y a los demonios la mas mínima cosa que pueda ocurrir en sus vidas, y esto lo único que significa es que queremos quitarnos de encima la responsabilidad y el peso de la culpa.

Tú tienes el poder para mantenerte fiel delante de la presencia del Señor sin importar lo que el Diablo haga. Todo depende de ti y de tu decisión.

Entonces volvemos a la pregunta original ¿por qué si ambos son responsables y ambos son culpables de desobedecer la Palabra del señor porque Dios decide condenar eternamente a Satanás y a los ángeles caídos, empero decide salvar al hombre? ¿Por qué? Sabe una cosa, yo no le tengo respuesta a esa pregunta, es uno de los grandes misterios con los que nos iremos al cielo, lo único que yo veo en la Palabra de Dios es que dice que él nos amó. Eso es lo único que yo te puedo decir, que él ha decidido salvarnos porque nos ama.

Y esto de la salvación hermanos tiene una implicación muy profunda y terrible. Imagínese usted en esta hora que ante el trono de Dios compadece el hombre y compadece Lucifer, ambos culpables por haber desobedecido la palabra del Rey de Reyes y Señor de Señores.

Los ángeles que están al servicio del Señor están en espera de lo que Dios va a hacer, ¿Qué va a ocurrir con Lucifer y que va a ocurrir con el hombre? Si ambos les han fallado?

Pensemos que la primera sentencia viene contra Lucifer, pues de hecho en el proceso histórico ha sido así, y Dios ordena que se haga un lugar llamado infierno; un lugar que cuando la Biblia lo describe habla de tormento, de un fuego que nunca se apaga, “el gusano nunca muere y donde será el lloro y el crujir de dientes.” Dios ordena que se construya un infierno en algún lugar de la creación, algunos dicen que en el centro de la Tierra.

Ahí están los dos culpables ante el trono del Altísimo, pero Dios ordena que para ese lugar que se llama infierno metan a Satanás y a los ángeles caídos. El hombre tiembla ante la presencia de Dios porque piensa que si a Lucifer, el lucero de la mañana, lo han enviado al infierno ardiente, entonces, que le puede esperar a él. Hermanos, él estaría temblando y ansioso de conocer cuál sería el decreto. Los ángeles sabían que no existe nada en toda la creación que pueda hacer algo por el hombre.

Entiéndalo bien hermano, abra su entendimiento , en todo lo que Dios había creado en el cielo en la Tierra y debajo del mar aún más allá de nuestra imaginación no existía nada ni nadie que pudiera hacer algo por la salvación del hombre, y los ángeles sabían eso. ¿Qué se puede hacer ahora? Mientras en la corte celestial todos están a la espera de la sentencia, Dios, con su voz majestuosa dice “he decidido salvar al hombre.”

“Señor tú has decidido salvar al hombre pero ¿cómo lo vas a hacer?”, preguntan los ángeles. Ninguno de nosotros puede hacer nada por ese hombre pecador, ni los serafines, ni los querubines ni nada de lo que existe en el universo puede hacer nada para la salvación de ese hombre. ¿Cómo lo vas a hacer?”.

Ese era el gran rompecabezas que tenían los ángeles del Señor. Y el Padre, sentado en su trono de gloria, firme, seguro y decidido de lo que va a hacer, mira a su derecha y ve a Jesucristo y dice “ciertamente no hay nadie más que pueda salvar a ese hombre que yo he decidido salvar”. Jesús percibe lo que el Padre habrá de hacer.

“¡Dios ha decidido salvar al hombre!”, retumbaba la voz por todos los cielos y por todos los mundos creados por Dios. ¿Pero por qué Dios ha decidido salvar al hombre pecador que le ha fallado, quien ha desobedecido lo que le ordenó.

Los ángeles podrían hacerse muchas preguntas y el mismo Lucifer podría haber protestado ante Dios, pero el evangelista Juan, en una revelación, dice que Dios decidió salvar al hombre. Dios te ama hermano y sólo por su amor, pues todos hemos pecado y estábamos destituidos de la gloria de Dios.

Cuando Juan dice que “ha dado a su hijo unigénito” está hablando de un sacrificio. Hubo tres momentos difíciles en la vida de Cristo.

Primero fue el Huerto del Getsemaní, donde le salió a Jesús gotas de sangre y sudor.
El segundo lugar fue el pilar donde ataron al Maestro para dejar caer sobre su espalda 39 latigazos hasta erosionar su piel. El otro gran momento fue la cruz del Calvario, donde Jesús fue suspendido entre el cielo y la Tierra hasta derramar la última gota de sangre. Ese fue el precio.

El decreto no liberaba a Dios del sufrimiento, implicaba despojarse de su Hijo para que ese mismo hombre hiciera pedazos el cuerpo de Cristo. No es acaso el hombre tan terrible como Lucifer, pues Dios dispone de su Hijo para la salvación de todos, sin embargo el hombre es quien destruye al instrumento de la salvación. La salvación es un misterio. Dios pagó un gran precio para redimirnos de la condición pecaminosa. El único recurso fue su propio Hijo.

Ahora debemos entender que la voluntad del hombre es determinante para esta salvación. Es cierto que Jesús murió y venció a la muerte y que hoy está sentado a la diestra del Padre, pero se necesita de la voluntad humana para que el rescate sea efectivo. Se debe creer. Y ese creer es un reconocimiento de que ese hombre que vino a esta Tierra era el Hijo de Dios y que es el único medio para alcanzar la salvación.

“Porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el que podamos ser salvos”. El daño cometido por el hombre fue de tal magnitud que no había nada que él pudiera hacer para su salvación.

Qué lástima es ver personas que piensan que podrán entrar al cielo gracias a sus buenas obras. Para Dios es una ofensa terrible ver a un hombre pararse ante su presencia y decirle “yo voy a entrar a tus moradas por mis obras, por asistir a una iglesia, dar limosna a los pobres y por no hacerle daño a nadie”.

Esta es una ofensa, pues quien le ha dicho al hombre que puede hacer algo para quitar el pecado cometido ante Dios. Sólo la sangre de Cristo es lo único que puede quitar la mancha. Si quieres ser salvo tiene que pararte ante la presencia del Todopoderoso con todos tus pecados y con toda tu inmundicia diciéndole a Dios, “Señor ciertamente soy un asesino, un mentiroso y engañador, pero yo escuché hablar acerca de tu Hijo y yo lo seguí hasta llegar a este lugar”.

Cuando el Padre oye hablar acerca de Jesús su corazón se estremece y tu pecado desaparece de delante de su presencia y la sangre de Cristo te cubre con su santidad. No vayas ante el Señor con pretensiones orgullosas, ve aferrado a la cruz de Cristo confiando en su poder salvador.

Cuando creemos en Jesús y decidimos seguirlo, no sólo son perdonados nuestros pecados, sino que Dios lo echa en el mar del olvido. No importa quién hayas sido, si recibiste a Jesús, su sangre te limpia y te cubre desde la coronilla de la cabeza hasta la planta de los pies. El Padre ve a su Hijo en ti y por lo tanto eres perdonado.

Es que nuestra salvación le costó a Dios la entrega de Jesús. Y desobedecerlo implica juicio. Satanás pensó que podía jugar con Dios, sin embargo se acarreo la perdición junto con los ángeles caídos. Debemos temer a Dios como si no tuviera amor, pues cuando se violan sus leyes el pecado le ofende. Por eso la salvación es algo grande. Ha sido su gracia y su amor lo que ha evitado que fuéramos a parar al infierno preparado para Satanás. El hombre quiso ser como Dios, que fue la misma pretensión de Satanás. Por eso merecía la condenación. Había desafiado al Omnipotente.

Sin embargo en el hijo Pródigo vemos que el padre no sólo perdona sino que le entrega ropa nueva, un anillo y prepara fiesta. El no quiere la perdición del hombre.

En Cristo tenemos vida eterna. Eso es lo que Dios quiere para nosotros. Pero es que sólo cuando el hombre menciona y confiesa el nombre de Cristo es que se detiene el carruaje que te conduce al infierno. Es sólo cuando miramos a Jesús que se da la orden para que se rompa la gruesa cadena con la que nos arrastrarían al Hades. Es sólo cuando aceptamos a Jesús en nuestras vidas que se abren las puertas del cielo para entrar a la presencia del Padre, recibir ropa nueva y una corona de vida eterna. Valoremos nuestra salvación, pues “cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande”. Que Dios nos ayude a seguir aferrados a la cruz y a su Hijo Jesucristo.
Mensaje del Reverendo Samuel Santana de la Iglesia de las Asambleas de Dios.

Comentarios

César Villamizar Trejo ha dicho que…
Su comentario, hermano, es inmensamente espiritual y merece, a mi juicio, ser difundido cuanto antes por nuestras iglesias.. en poco espacio, pero de manerfa firme y sintetizada, usted redacta, con la palabra en su mano, lo imperfecto que somos los hombres ante Dios y el mundo y lo capaces que somos a la hora de pecar, cual demonios o con demonios instalados en nuestros seres.. Resalta la única verdad del mundo: Que Jesús de Nazareth es Nuestro Salvador; más nada ni nadie nos llevará a la presencia del Padre.. Dios quiera que este mensaje llegue al perdido; a aquella alma que se dirige al Infierno creyendo que sus obras o "ser buena gente" lo va a salvar. Hay que multiplicar este mensaje, al que considero muy acertado y vigente ahora más que antes.. Lo felicito, hermano. Le escribo desde la ciudad de Barinas, en Venezuela.. Me congrego con gusto y amor en la Iglesia Shalom, que tiene poco tiempo en esta entidad.. Por gracia del Espíritu Santo, he asumido responsabilidades de Pastor, pero siento que aún me falta mucho y por ello acudo a estos escritos. Dios lo Bendiga. Amén y amén.. Bendito..

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