Religión y política
La cuestión que aflora en todas las intervenciones de los congresos «Católicos y Vida Pública» es tan simple como ésta: La política y la religión, ¿son dos realidades diferenciadas y, a veces, incluso incompatibles? Un creyente, ¿puede separar sus convicciones de la política? La Ley positiva, cuya máxima expresión sería la Constitución, ¿está por encima de las creencias religiosas y a ella debe supeditarse incluso la fe? Mateo Leví -el apóstol San Mateo- cuenta que en cierta ocasión le preguntaron al Maestro si era lícito pagar tributo al César. Entonces, Jesucristo pidió que le mostrasen una moneda y respondió, resumiendo la Ley antigua, con estas sabias palabras: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». He aquí una lección perfecta sobre las relaciones entre política y religión: Dios es la ley última, la de los diez mandamientos, la que está por encima de todo y de todos, lo inmutable e imperecedero, la ley mosaica que el cristianismo, junto con las bienaventura...