El profeta Eliseo, profesor de economía

Este relato, escrito entre el año 561 y el 538 A.C a propósito de un acontecimiento que tuvo lugar unos trescientos años antes, es un claro ejemplo del conocimiento que tenían los escritores antiguos de que los precios para cualquier mercancía variaban en función de la escasez relativa entre su oferta y su demanda.

El sitio de Samaria había sido tan prolongado que merced a la hambruna incluso cosas anteriormente inútiles o despreciables –como el estiércol de palomas y la cabeza de un animal que, como el asno, era considerado impuro- habían adquirido un considerable valor. Consecuentemente, el poder adquisitivo de la gente se redujo a tal extremo que algunos habitantes recurrieron a la antropofagia, llegando incluso algunas mujeres a asesinar a sus hijos con la intención de comérselos (2 Reyes 6: 26-29).

Francamente desesperado y desanimado por lo que estaba sucediendo, el Rey de Samaria, Joram quien reinó entre los años 852 y 841 A.C., decide arremeter contra la vida del profeta Eliseo quien, a diferencia de otras ocasiones (2 Reyes 6: 8-10) parecía no estar dispuesto a ayudarle a salir de aquel apuro (2 Reyes 6:32) y, por cuyo consejo él había perdonado recientemente la vida y agasajado a los miembros de un gran ejército sirio que había sido hecho prisionero por el propio Eliseo con la ayuda milagrosa de Dios (2 Reyes 6:11-23).
Encontrándose ahora, tal cual estaba, rodeado por un ejército incluso más numeroso (2 Reyes 6:24) que aquel que él había perdonado a instancias del profeta, el Rey descargó sobre éste la culpa[1] de aquel desafortunado suceso jurando que le quitaría la vida .(2 Reyes 6:31).
Lo que sucede después en el relato evidencia aún más la comprensión que los autores y protagonistas del libro tenían sobre el funcionamiento del mecanismo de precios.
"Dijo entonces Eliseo: --Oíd la palabra de Jehová: Así dijo Jehová: "Mañana a estas horas valdrá un ciclo el seah de flor de harina, y un ciclo dos seahs de cebada, a la puerta de Samaria".
Un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios y le dijo: --Si Jehová abriera ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Él dijo: --Tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello". (2 Reyes 7:1-2, RV95).

El profeta afirma que en apenas un día, la abundancia retornaría a los mercados de Samaria, que según la costumbre de la época se encontraban próximos a la puerta de la ciudad. Los artículos de primera necesidad, como el trigo y la cebada, se venderían a un precio increíblemente bajo, a tal punto que lo que apenas bastaba antes para comprar la cabeza maloliente y putrefacta de un burro famélico –ochenta piezas de plata- ahora alcanzaría para comprar más de setecientos litros de harina o mil cuatrocientos litros de cebada.

La noticia no podía hacer menos que asombrar a los conciudadanos del profeta, estando entonces la ciudad sitiada por miles de sirios bien armados y dispuestos para el combate. De ahí que uno de los principales del pueblo decidiera ridiculizar al profeta preguntando si acaso Dios haría llover cereales inmediatamente para que los precios descendieran tan drásticamente en apenas un día, habida cuenta de la enorme hambruna de la gente. El profeta responde al incrédulo asegurándole que con sus propios ojos vería toda aquella prosperidad sin llegar a disfrutarla.

Luego de disfrutar de un banquete espléndido y de hacerse con mucha plata y oro, acusados por su propia conciencia y temerosos de lo que les haría Dios si ellos se demoraban en anunciar a sus conciudadanos la buena nueva de la milagrosa fuga de los sirios, estos cuatro leprosos volvieron a Samaria dando cuenta de lo que habían visto .

La recolección generalizada de semejante caudal de provisiones, dinero y mercancías hizo descender naturalmente los precios tal y como había sido predicho por el profeta Eliseo e interpretaron acertadamente los escritores antiguos.
Un final no menos funesto que el de aquel príncipe incrédulo está reservado no solo a quienes desconfían del poder de Dios, sino también a los que, como él, deciden oponerse a la Libertad mercantil.
Fuente: Nuevo Diario

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