jueves, 18 de septiembre de 2014

LA FAMILIA COMO EJE DE LAS POLITICAS PUBLICAS

Por la Doctora Margarita Cedeño de Fernández.

Con el advenimiento de nuevas  de producción, los seres humanos comenzaron a organizarse en grupos, dejando la vida de nómadas. De ahí surge el nuevo concepto de familia, una figura jurídica y social que corresponde al núcleo de todas las sociedades modernas.

La vida en la edad antigua se configuró alrededor de la familia y las relaciones sociales que se forjaron alrededor de ella. Es por ello que las primeras reglas de la vida en sociedad están vinculadas con la figura paternal y su rol en la administración de los bienes.

La familia es considerada el eje vertebrador de la sociedad; es donde se forjan los valores sociales y se adquieren las habilidades racionales. Ese rol fundamental de la familia nos hace reflexionar sobre su función en las políticas públicas que impulsa el Estado para el desarrollo del país.

Por muchos años, los países en vías de desarrollo - como el nuestro -, han dejado a un lado a la familia como eje de las políticas públicas, a pesar del papel que estas juegan para el bienestar común. En los países latinoamericanos, como el nuestro, donde el concepto de familia tiene un fuerte arraigo como resultado de las creencias religiosas, se presenta la oportunidad de abordar las problemáticas sociales a partir de políticas públicas que utilicen a la familia como centro y razón de las mismas.

La familia como institución orgánica, de procesos sociales amplios, dimensiones productivas y reproductivas, patrones culturales y sistemas políticos; incide en todos los aspectos donde interviene el Estado, convirtiéndose a la vez en sujeto y objeto de las políticas públicas, razón por la cual las políticas se deben construir alrededor de la misma.

El mercado de trabajo, las organizaciones sociales, la educación, la salud, los procesos de innovación, el emprendimiento, la cultura, la seguridad ciudadana, las políticas sociales, son sólo algunas de las políticas públicas que se sustentan o fundamentan en el concepto de familia; más aún se fortalecen alrededor de esta.

Visto desde el punto de vista de las funciones principales del Estado, la familia juega el rol de facilitar al Estado su labor, aportando a la sostenibilidad y eficiencia de las políticas públicas. En una obra reciente auspiciada por la Fundación Konrad Adenauer, la Asociación Civil de Estudios Populares, la Red de Prioridades Argentinas y la Red Nacional de Laicos, se plantea una interesante visión sobre el rol de las familias como promotoras de una cultura del emprendimiento social y económico, aportando al objetivo de “ampliar la participación y fortalecer la democracia”.

Lo que se discute en ámbitos académicos es una propuesta de cambio fundamental en el abordaje y la mirada de las políticas públicas, especialmente de las políticas sociales. De lo que se trata es de “centrar la acción en la familia como eje del diseño de los programas de desarrollo para el crecimiento y el bienestar de la población”. Incluso, se plantea un cambio de enfoque en la formación de los dirigentes sociales y políticos, de manera que adquieran conocimientos centrados en el desarrollo familiar.

En el marco de la celebración del 20avo aniversario del Año Internacional de la Familia, las Naciones Unidas han hecho un llamado para examinar “los desafíos que enfrentan las familias y reflexionar acerca de la mejor manera de apoyarlas para que cumplan con sus funciones económicas y de cuidado, tan importantes para que las sociedades sean estables y cohesionadas…”. Esto es un claro llamado a que la familia sea el eje de las políticas públicas.

Evidentemente, este objetivo que planteamos requiere que el Estado asuma posiciones tendentes a disminuir o eliminar las brechas existentes en la sociedad, como son la brecha de género, la brecha social y la brecha económica.

Las políticas públicas tienen un efecto innegable en las familias, pero lo mismo sucede a la inversa, la familia tiene un efecto multiplicador de las políticas públicas. La mejora del país en los indicadores de salud, educación, vivienda, seguridad ciudadana y servicios básicos, requieren de un papel más activo de la familia en su rol de moldear a los sujetos de las interacciones sociales.

Este es el primer punto para atacar la desigualdad social que amenaza con crear un abismo en nuestras sociedades. Transformar el marco de las políticas, como lo ha planteado la CEPAL, “analizando la diversidad de políticas dirigidas a las familias y sus efectos en términos de inclusión social y bienestar…”, de manera que podamos enfrentar los “nuevos retos que encierran los cambios demográficos, sociales y culturales para la solidaridad intergeneracional y social”.

Sin familia no hay sociedad. Necesitamos un nuevo abordaje de las políticas públicas: desde las familias, hacia las familias y por las familias.


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