martes, 21 de febrero de 2012

REFLEXION PARA HOY


Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque Él cuida de ustedes. 1 Pedro 5:7
Pero ciertamente Yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad. Jeremías 33:6

Ante la pregunta ¿qué es la iglesia? lanzada a un auditorio, cristiano o no, encontraríamos una enorme variedad de respuestas. Para los cristianos no es solamente el santuario o templo, sino más bien lo que le confiere un carácter sagrado como cuerpo de Cristo: una casa espiritual en el que el creyente asume un rol activo y contribuye espiritualmente a edificarla mientras se edifica a sí mismo sirviendo Dios de acuerdo al don que haya recibido.

No somos simplemente una comunidad de creyentes, sino una comunidad de creyentes en Cristo Jesús y esto es lo que hace de la iglesia un organismo vivo diferente que trasciende sus propias fronteras y nos hace a sus miembros especiales delante de Dios. Es Jesús la esencia de la iglesia y su modelo de vida la principal fuente de inspiración del cristiano. La iglesia apunta más allá de sí misma hacia Cristo, quien la edificó y es el eje sobre el cual gira la vida del que cree en Él.

Todo lo que la iglesia realiza hacia dentro y hacia afuera se sustenta en la actividad de Dios en su hijo Jesucristo. Es la iglesia un gran depósito de la gracia de Dios, y como tú y yo sabemos, la gracia de Dios es inagotable. Por eso es el sanatorio por excelencia para restaurar el alma de los que no tienen esperanzas, saciar el hambre espiritual y de conocimiento de los redimidos por Cristo y llevar el mensaje de salvación a un mundo destrozado por el pecado y la depravación con el único propósito de glorificar a Dios.

Quiero detenerme en la enorme responsabilidad de la iglesia de ministrar sanidad interior a sus miembros, ser el hospital para restaurar espiritualmente a aquellas personas afectadas por situaciones en sus vidas que son consecuencia de sentimientos y vivencias destructivas y que han generado en ellas rencor, depresión, celos, envidia, autodestrucción, amargura, tristeza, temor y otros muchos que abaten la vida y roban la paz del espíritu y el gozo que procede del Señor.

Son las víctimas del pecado, portadores de heridas que no cicatrizan porque provienen del dolor del mundo y porque no han conocido que la naturaleza de la iglesia está irrevocablemente condicionada por la vida y las enseñanzas de su Señor. Y es aquí donde la iglesia de Cristo, por su naturaleza y por decreto de su fundador, glorifica a Dios al tenderle la mano amiga y piadosa, le enseña a aplicar el amor y a ejercitar el perdón y así buscar y encontrar la paz interior mediante el evangelio de la redención. Si usted ha nacido de nuevo y lo atormentan estos sentimientos, le invito a encontrar en la iglesia, es decir en la comunidad de fe de los cristianos, los medios terapéuticos para su sanidad espiritual. Si no estamos sanados interiormente, será prácticamente imposible llegar a ser un verdadero testigo de Jesucristo y cumplir la Gran Comisión confiada a cada uno de nosotros, no llegará a ser un instrumento útil para servir a Dios.

¿Cómo sana la iglesia? ¿Cuál es el método empleado por Dios para traer liberación a su pueblo? ¡El evangelio de Jesucristo! Aquí radica la fuerza mayor para derribar todas las barreras del dolor, aplicar el amor, ejercitar el perdón y echar fuera todo lo que nos ata y lo que remueve nuestra capacidad para encontrar en Cristo y en su hermosa novia, su iglesia, la principal fuente de sanidad, luz y paz interior. ¡Dios te bendiga!
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