viernes, 5 de agosto de 2011

PUESTOS LOS OJOS EN JESUS


Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.

(Mateo 14:29-32 RV60)

En este hecho relatado en Mateo 14 vemos a Pedro con algunas dudas. Y no puedo menos que sentirme completamente identificado con él. Primero, no sabía si quien venía lisa y llanamente caminando sobre las aguas podía ser su Señor o no. Luego, cuando puestos los ojos en Jesús comienza a caminar sobre las aguas, mira la tormenta a su alrededor y se hunde.

Asimismo, puedo recordar las victorias y las numerosas caminatas sobre las tormentosas aguas de la vida que he realizado con mis ojos puestos en Jesús. Señor: ¡No puedo menos que alabarte y darte las gracias desde lo más profundo del corazón!

Sin embargo, también debo recordar todas las veces que aparté mis ojos de tu segura mirada y mirando a mi derredor la tormenta, me asusté y me hundí.

Aún así, también debo dar las gracias a mi Señor porque igual que a Pedro, extendió su fuerte brazo para sacarme del agua y subirme a la seguridad de su barca.

Señor… quiero vivir mis días asido de tu mano cuando mi fe flaquea. Quiero caminar sobre las tormentosas aguas de las dificultades con mis ojos puestos en ti, toda vez que en tu serena mirada hallo resguardo, triunfo, fortaleza.

“…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”
(Hebreos 12:2 RV60)

Autor: Luis Caccia Guerra
Publicar un comentario