lunes, 8 de agosto de 2011

El Orgullo, nuestro mayor enemigo


“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido”.

Lucas 14:11

En el origen de nuestra historia encontramos que detrás del pecado cometido por nuestros primeros padres, se encontró el orgullo y la avaricia, envueltas en la mentira y el engaño propiciados por la astucia del maligno y a partir de allí, muchos de los problemas de la humanidad siguen teniendo como origen estos mismos principios, que en realidad lucen como una linda, deseable y apetitosa manzana, pero que en realidad al morderla, contiene un poderoso veneno que destruye no solamente el cuerpo, (trae muchos problemas físicos) sino también el alma y el espíritu, haciendo que el hombre se encuentre en un círculo vicioso de pecado y separado del amor de Dios y de Su Espíritu.

En los actuales tiempos en que el mundo vive henchido de orgullo por sus logros intelectuales, económicos, culturales y científicos, es muy fácil confundirse y creer que nosotros, los hijos de Dios, también tenemos de que estar orgullosos y engreídos e ignorar los mandamientos que como a hijos se nos hace de ser humildes, de amar al prójimo como a nosotros mismos, de tener misericordia, de ayudar, mientras sea posible hacerlo y de enseñar a los hermanos que necesiten de nuestros conocimientos y/o experiencia.

La razón por la que hoy me encuentro especialmente filosófica, meditando en este tema, es que estoy a vísperas de iniciar un nuevo trabajo y una nueva etapa en mi vida, algo que es muy importante para mí y que estuve esperando por algún tiempo y ahora que El Señor me lo ha concedido, sería muy triste que lo echara a perder por algo tan tonto como el orgullo, la arrogancia o la excesiva confianza en mí misma; por esto ruego a Dios que sea El conmigo, que Su presencia vaya conmigo a donde quiera que yo vaya y que me guarde de caer en el pecado del orgullo o la arrogancia de mi boca y sea hallada digna del hogar que Jesús está preparando para todos los que le siguen, le obedecen y confían en El.

Por eso esta mañana la dediqué a buscar en La Biblia, versículos que me fortalecieran espiritualmente y me recordaran que Jesús, mi Salvador, siendo quien es, fue el más humilde de los mortales y vino a servir y a enseñarnos que la grandeza no radica en mandar y enseñorearse de otros, sino en ser humildes y en servir a otros como si sirviéramos a Jesús y puesto que El Señor ha puesto en mi corazón compartir este devocional con los amados lectores de este Devocional, lo he hecho de esta manera.

Como conclusión, puedo decirles que guarden su corazón del orgullo, porque es el mayor de nuestros enemigos y adopten siempre una buena actitud de servicio y de amor, con un corazón que ama al Señor y confía en El, para que siempre nos mantengamos en el lugar y el tiempo correcto y Dios nos guarde de todo mal.

Jesús nos dejó este hermoso mensaje con promesa:

“Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.
Lucas 22:24-30

Autora: Hefzi-ba Palomino

Escrito para www.devocionaldiario.com
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