miércoles, 10 de agosto de 2011

EL CARACTER DEL PADRE CELESTIAL


Un día estaba orando a la madrugada meditando en el carácter del Padre celestial. Yo le pedía a El conocerlo más. Leyendo la historia de Jonás me llamó la atención la orden que Dios le dió a Jonás, El le dijo: “levántate, ve a Nínive y predica que en cuarenta días será destruida”. Todos sabemos lo que sucedió con Jonás, que él no quería ir, pero al final lo hizo. El mensaje no tenía una posibilidad de que Ninive no sea destruida.

Este no decía: “Si se arrepienten, no los voy a destruir”, pero la señal que dió Jonás fué lo suficientemente grande para que todos creyeran la advertencia del profeta. Ellos se dijeron: “Si nos arrepentimos, quizás Dios cambie de parecer”. Es interesante ver que este pueblo era enemigo de los escogidos de Dios, o sea Israel, y era perverso en gran manera. Jonás, justamente, no quería ir porque sabía que tenía un Dios misericordioso, lleno de amor que los podía perdonar. Jonás quería que los destruyera. Se sentó enfurecido afuera de la ciudad, y esperó. Dios quiso darle un ejemplo a través de una planta que hizo crecer y le dió sombra. Luego permitió que un gusano la secara.

El estaba tan malhumorado por la misericordia que Dios había tenido por los que se habían arrepentido y por el sol abrasador y el viento, que Jonás deseaba morirse. Dios, entonces, le dijo: “¿Tienes tu razón de estar tan deprimido y enojado, que quieres morirte por una planta que nació y murió en un día?, y yo no voy a tener misericordia de la gran ciudad de Nínive, con más de 120,000 hombres y mujeres que no pueden discernir lo bueno y lo malo, y también con una gran cantidad de animales? ”*

Al leer esto me impactó, entendí que Dios no amaba solo a Israel, sino que Dios ama a todo el mundo, a los buenos a los malos y a los perversos también. Entonces comprendí que El no hace distinción de personas. El tiene misericordia de sus cuerpos y también de sus almas eternas, y no solamente esto, también le interesan los animales.

Ellos no tenían pacto con Dios, no lo conocían, no sabían nada de El, pero no obstante ellos le creyeron. Y meditando en esto, como Dios se les había presentado a Si mismo como un Dios que juzga severamente, entendí que la intención real detrás de esto era el amor y el perdón. Orando entonces, le dije al Señor: “Señor, me parece que tu te presentas muchas veces con una mascara de severidad extrema, de juicio, pero detrás de esa mascara eres tierno y amoroso, que lo único que buscas es nuestro bien. Que esa mascara es solo un instrumento de justicia para que el hombre se arrepienta”.

Súbitamente cuando termino de decirle esto, vino a mi una fuerte impresión en mi espíritu como si fuera un rayo que me decía: “¡Me descubriste!”. Recuerdo en otra oportunidad que orando le pregunté: “Padre, dime como eres”, y otra vez con una fuerte impresión en el espíritu, escuché que me decía: “¡Como un niño!”.

“¿Cómo un niño?” me dije un poco sorprendido por esta respuesta, pero meditando entendí que tenía sentido. Para entrar en el reino de los cielos hay que ser como un niño, y si hay que ser como un niño para entrar a este reino, será porque el Rey del Reino de Dios es como un niño. Los niños son humildes y sencillos, honestos y sin dobleces. Como son poderosos en la imaginación, así el Padre Celestial es poderoso en los hechos. Los niños son tiernos, se hieren fáciles con lo malo y así mismo el corazón del Padre se hiere con la maldad.

Para los niños “Todo es posible”, para Dios también “Todo es posible”. Los niños juegan y nuestro Padre celestial también juega como un niño. Los niños tienen juguetes y se alegran y ríen con ellos, los aman y le expresan su amor, como las niñas con sus muñecas, ó como los niños que expresan su fiereza con sus juguetes de soldaditos.

Los juguetes sirven para expresar sus emociones y sentimientos, asimismo el Padre a través de su creación muestra su amor y sentimientos, y muestra aún hasta su enojo. Dios se reprodujo asimismo en el hombre. El hombre teniendo voluntad propia lo puede amar ó no. El Padre celestial busca que lo amemos y lo conozcamos, y siempre busca nuestro sumo bien.

Jonás 4:10-11 Capítulo 24 “El corazón del Padre”

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