viernes, 3 de junio de 2011

Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII).

Madrid, junio de 2011.- La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) es una patología desconocida para la sociedad, a pesar del gran impacto clínico, social y emocional que tiene en la calidad de vida de quienes la padecen. Es una enfermedad crónica, para la que de momento no existe cura, y que no es contagiosa.

Se manifiesta principalmente en gente joven, incluso en niños. La edad de comienzo suele ser entre los 15 y 25 años, aunque también hay casos de personas que tienen sus primeros síntomas entre los 50 y 60 años. Afecta, por igual, a mujeres y a hombres y es más frecuente en los países industrializados (EEUU, Canadá, países del norte de Europa), y rara en los países pobres. En España, en los últimos 20 años, se ha duplicado la incidencia pasando de 10,5 casos a 21 casos por cada 100.000 habitantes.

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal está relacionada con varios factores: personas con predisposición genética, en las que se originan cambios en la inmunidad de la mucosa intestinal, y dichos cambios pueden estar relacionados con factores medioambientales.

La Enfermedad de Crohn y la Colitis Ulcerosa, son las principales enfermedades del grupo de Enfermedades Inflamatorias Intestinales. En estas enfermedades la causa de los síntomas es la inflamación de parte del tubo digestivo. Las características y localización de la inflamación varían dependiendo de la enfermedad de que se trate. La Enfermedad de Crohn afecta más comúnmente el final del intestino delgado (el ilion) y el principio del intestino grueso (el colon), aunque también puede afectar a cualquier parte del sistema digestivo. Por otro lado, la Colitis Ulcerosa limita su afectación al colon.

En la Enfermedad de Crohn, todas las capas del intestino pueden estar afectadas, y puede haber partes sanas entre tramos del intestino enfermo. En cambio en la Colitis Ulcerosa afecta únicamente las capas superficiales (la mucosa) del colon en una distribución más pareja y continua.

La gravedad de los síntomas también varía considerablemente de unas personas a otras: algunas sólo experimentan síntomas leves, mientras que otras tienen síntomas graves e incapacitantes. Los síntomas más habituales son dolor abdominal, diarrea, necesidad de ir al baño con frecuencia, pérdida de apetito, pérdida de peso y fiebre. Entre otras manifestaciones también se encuentran la fatiga, el cansancio extremo, la anemia, la desmineralización ósea o el retraso del crecimiento, dolores articulares, y posibles problemas cutáneos.

Es muy importante saber que en estas enfermedades los síntomas suelen tener tendencia recidivante, es decir, que alternan periodos de actividad de la enfermedad, en que el paciente se encuentra mal (brotes) con otros en los que la enfermedad se apaga (remisión). Algunos pacientes requieren un tratamiento constante con medicamentos y nunca alcanzan una remisión completa.

Esto ocasiona que haya días en que el paciente no tiene síntomas y otros en los que se encuentra mal e incapaz de retomar su actividad diaria. Los brotes son impredecibles y generan, a veces, angustia y miedo; pueden limitar las tareas cotidianas del enfermo y afectar su vida social. A veces, parece que no se pueda controlar la enfermedad o la vida normal.

Aunque, de momento, no hay cura para estas enfermedades, los programas de investigación y educación que existen, van mejorando la salud y la calidad de vida de las personas enfermas.

A través del continuo esfuerzo de los equipos de investigación, se aprenderá mucho más de la enfermedad y esto llevará a encontrar mejores tratamientos, prevención y probablemente, una cura.

Por eso es tan importante apoyar la investigación de estas enfermedades.

Fuente:Noticias Médicas.es
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