lunes, 9 de mayo de 2011

EL LIBRO DEL APOCALIPSIS


La revelación de Jesucristo

El preámbulo dice así: "La revelación de Jesucristo… para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto".

La palabra ‘Apocalipsis’, la cual no es castellana sino griega, significa REVELACIÓN, no enigma, secreto ni escondrijo. Sin embargo, la profecía concerniente a ciertos acontecimientos que pronto tendrán lugar en el mundo, la cual se encuentra en el libro que lleva por título "Apocalipsis", fue sellada con siete sellos, de manera que absolutamente NADIE, excepto Jesucristo, fue hallado digno de quitar los sellos y REVELAR el significado de las profecías.

Notemos ahora que fue Dios quien dio estas profecías a Cristo. Los primeros tres versículos forman la introducción; leámoslos:

"La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca" (Apocalipsis 1.1-3).

Notemos que fue DIOS EL PADRE quien DIO ORIGEN a la profecía. Esta es la revelación, no el encubrimiento, sino la EXPLICACIÓN, el descubrimiento que Jesucristo hace del libro que Dios Padre le dio sellado.

Cristo, el Verbo o VOCERO de Dios, nos dice claramente en Juan 12.49 y en otros pasajes, que Él nada habló de sí mismo, sino solamente lo que el Padre le encomendó que dijese. Cristo es el Verbo. Cristo es el REVELADOR.



Juan no es el revelador



Oímos la expresión tan común: "Juan el Revelador", pero como ya hemos visto, esta es la revelación de Jesucristo. Es Cristo, no Juan, el que hace la explicación. Esto mismo es otra clave vital para entender el contenido de este libro. Así pues, dicha revelación se originó en Dios el Padre, quien se la dio a Cristo, el cual a su vez la envió y declaró por medio de su ángel, a su siervo Juan. Por consiguiente, Juan fue únicamente un siervo quien dio testimonio escrito de esa revelación. Él fue simplemente el secretario o estenógrafo, Por así decirlo, pero no el revelador.

Ahora, tomemos nota de que Juan testificó por escrito acerca de tres cosas: 1) la palabra de Dios; 2) el testimonio de Jesucristo; y 3) todas las cosas que vio.

Por lo tanto, el libro de Apocalipsis, como toda la Escritura, es simplemente la palabra de Dios; pero parte del mismo comprende las declaraciones directas de Jesucristo, o sea la transcripción textual de sus dichos. Luego Juan escribió las cosas que vio, en VISIÓN, o como la Biblia lo expresa: "en el ESPÍRITU". Casi toda la profecía del libro está comprendida en las cosas que Juan vio en VISIÓN, y la mayoría de estas son SÍMBOLOS.

Luego encontramos en el tercer versículo, la siguiente declaración: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca".

Una bienaventuranza o BENDICIÓN es pronunciada a quien lea estas palabras… ¡siempre y cuando sea sumiso y obediente para GUARDAR las ordenanzas incluidas en dicho mensaje!

La bella salutación empieza en el versículo 4 y continúa hasta el final del capítulo primero. La clave dominante del libro, es decir su tema Principal, aparece exactamente a la mitad del primer capítulo, en el versículo décimo.



El tema del libro



¡He aquí el versículo clave, el cual declara el tema de la revelación entera! Y es aquí, precisamente, donde muchos empiezan a tropezar y a malentender.

El tema es EL DÍA DEL SEÑOR; leámoslo: "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta" (versículo 10).

Por no entenderse bien el citado versículo, se han suscitado interminables controversias, trayendo por ende gran confusión, ya que aseguran algunos que el DÍA de la semana en que Juan ESCRIBIÓ este mensaje era sábado, y otros afirman que era domingo, ignorando que Juan ¡no se estaba refiriendo a NINGÚN día de la semana!

El día en que Juan se puso a escribir la revelación, si es que pudo haber escrito todo en un sólo día, carece de importancia, puesto que este versículo no se refiere a eso en lo absoluto, sino al período profético llamado en más de 30 profecías el grande y terrible "DÍA DEL SEÑOR".

Este hecho es confirmado por el comentarista y experto en el idioma griego Adolf Diessmann, quien escribió que tanto la gramática como el contexto indican que "el `día del Señor’ aquí se refiere al día de Yavéh: el día del juicio" (Encyclopædia Bíblica, artículo "Día del Señor"). El erudito J.F.A. Hort, especialista en la crítica textual del Nuevo Testamento, apoya este mismo concepto, confirmando que es el que "mejor concuerda con el contexto" y que "revela el tema del libro" (The Apocalypse, páginas 15-16).

En Espíritu - en VISIÓN - Juan fue transportado hacia el futuro, fue proyectado hacia el día del Señor, tiempo que está ya casi por iniciarse. Juan pudo ver, con casi 1.900 años de anticipación, lo que ocurrirá durante la presente generación.

El profeta Joel describe el día del Señor como el terrible período en que Dios enviará DESTRUCCIÓN sobre las inicuas naciones del mundo. Sofonías lo llama el día de la IRA de Dios. Se menciona a lo largo del libro de Apocalipsis para señalar la hora en que Dios Todopoderoso aparecerá en escena, cuando de una manera sobrenatural INTERVENDRÁ en la diabólica y destructiva contienda que prevalece entre los hombres, ¡enviando sus PLAGAS para castigar a los pecadores! Es el período que sigue inmediatamente después de la gran tribulación y que CULMINARÁ en la GLORIOSA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO.



Una revelación para nuestros días



Así, en el Espíritu, es decir en VISIÓN, cuando a Juan le fue mostrada la profecía - "las cosas que él vio" - fue proyectado hacia la época ACTUAL y el futuro inmediato. Lo mismo ocurrió al profeta Ezequiel, según quedó consignado en el capítulo 8, versículo 3 del libro del mismo nombre: "Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén…"

En efecto, Ezequiel no fue llevado a Jerusalén, sino que el ESPIRITU lo elevó, transportándolo por medio de una VISIÓN a la Ciudad Santa. De la misma manera Juan, en Espíritu, fue transportado para que viese, en visión, los eventos que habrían de ocurrir en el DÍA DEL SEÑOR, sucesos que están empezando a efectuarse ya sobre la Tierra y que usted y yo presenciaremos.

Esta visión es VITAL. El escenario de la profecía no es la Edad Media, sino el presente caótico en el cual vivimos. Es pues imperativo que comprendamos el mensaje profético que encierra. ¡Que Dios nos ayude a entender!

El verdadero propósito de este libro es mostrarnos a los de esta generación los acontecimientos del día del Señor, los cuales sacudirán al mundo en un futuro ya casi inmediato. Ese será el tiempo de la ejecución de los juicios de Dios, al final de esta era, los cuales culminarán en LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, y el feliz y pacífico MUNDO DE MAÑANA.

Hemos tomado bastante tiempo en explicar esta salutación y preámbulo, porque es la CLAVE y el TEMA de toda la profecía. Es muy importante orientarnos primero para fijar correctamente los CIMIENTOS.
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