martes, 31 de mayo de 2011

EL LIBRO DEL APOCALIPSIS IV


Los siete sellos


Jesús abre los misteriosos sellos uno por uno. Los seis primeros son abiertos en este capítulo sexto. ¿No le parece eso extraño? Muy breve espacio es dedicado a cada uno de estos seis primeros sellos, tan breve que están condensados en un sólo capítulo, a pesar de que le quedan 16 capítulos al libro. Pero como los siete sellos abarcan la profecía entera, comprendida en 17 capítulos, nos quedamos con 16, los cuales se ocupan de describir únicamente los sucesos pertenecientes al séptimo sello.

Ahora, conforme llegamos a este importante capítulo sexto del libro de Apocalipsis o revelación, recordemos la descripción de la escena y sus personajes. No olvidemos que el libro es una declaración por escrito de las cosas que Juan vio en VISIÓN y que aun cuando en realidad el apóstol se encontraba en una isla del Mediterráneo, aquí sobre nuestro planeta, según la visión, aparece como transportado al cielo mismo donde se encuentra el trono del Eterno. El libro de la profecía en forma de un pergamino enrollado, está en la diestra de Dios el Padre, quien se halla sentado en su trono; Jesucristo, representado aquí como el Cordero de Dios, se ve de pie ante el trono de su Padre.

Jesucristo, el Revelador, toma ahora el libro profético de la mano derecha de Dios el Padre, y empieza a desatar uno a uno los sellos que cubren la profecía.

Las porciones proféticas de estos escritos de Juan están contenidas en las cosas que él vio, por medio de una visión. Nótese ahora el primer versículo del capítulo sexto: "Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con una voz de trueno: Ven y mira".

Juan tomó nota, para nosotros, de lo que contempló en la visión. Él vio al Cordero, Jesucristo el Mesías, abriendo el primero de los siete sellos. Los cuatro seres vivientes le invitaron a venir y ver lo que estaba bajo el primer sello: "Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer" (versículo 2).

La revelación dada en símbolos

Precisamente aquí empieza el verdadero misterio. ¿Qué es este caballo blanco? Es solamente un símbolo, y es importante notar que los símbolos son susceptibles a muy variadas interpretaciones. Las explicaciones que por siglos se han hecho respecto de estos símbolos han sido muy humanas, y por ende, muy erróneas. Este caballo blanco ha recibido las más variadas interpretaciones.

Continuemos leyendo: "Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada".

"Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino".

"Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra" (versículos 3-8). Esos son los famosos cuatro jinetes del Apocalipsis.

Repetimos que Apocalipsis no es una voz castellana, sino griega. El apóstol Juan escribió este libro de revelación en griego. La citada palabra Apocalipsis, traducida al castellano, simplemente significa ‘revelación’ (véase el diccionario Pequeño Larousse Ilustrado, parte histórica). Así que, los cuatro jinetes del Apocalipsis son sencillamente cuatro símbolos proféticos del libro de revelación.

Pero, ¿quiénes son estos místicos jinetes? ¿Qué representan estos símbolos? ¿Quién tiene la interpretación correcta? La verdad es que ningún hombre ni organización de hombres, ya sea religiosa o de cualquier otra índole, tiene poder alguno para revelar este significado. Solamente JESUCRISTO fue hallado digno de descifrar la escritura simbólica perfectamente guardada bajo aquellos enigmáticos sellos. ¡Jesucristo es el Revelador!

Cuando Cristo, según la visión de Juan, desató los cuatro primeros sellos que lacraban este pergamino profético, Juan solamente vio lo que, en forma por demás peculiar, apareció escrito allí. La escritura está en SIMBOLOS, y Dios se vale de símbolos para OCULTAR a los hombres el significado de sus propósitos, hasta que Jesucristo mismo lo revela.

Así que, notemos bien esta situación. En los primeros, ocho versículos del capítulo sexto, encontramos la descripción que dio Jesucristo, la cual revela la extraña escritura trazada en símbolos místicos; pero Cristo, el único Revelador, ¡no explica aquí el significado! Simplemente da a conocer las palabras simbólicas, pero no el significado.

La clave de los siete sellos

¿A quién acudiremos para que nos dé el verdadero significado? La respuesta es obvia. ¡Al verdadero Revelador, por supuesto! Y en virtud de que Cristo, el Revelador, no explica el significado en este mismo pasaje, DEBEMOS BUSCAR EN OTRA PARTE para encontrar cuándo y dónde Jesús explica el sentido de estos símbolos.

¡Esa es la clave suprema para entender el libro de Apocalipsis! Eso debiera explicarnos por qué los hombres de este mundo no han podido explicar el verdadero sentido de los cuatro jinetes.

Ahora tengamos en cuenta dos cosas: primero, Cristo es llamado el Verbo en los primeros versículos del evangelio de Juan, es decir que Él es la Palabra o el Vocero de Dios. Jesús, en persona, hace 1.900 años, era la Palabra de Dios corporal y viviente. Pero hoy en día tenemos la Palabra de Dios escrita: la Santa Biblia. La Biblia entera es la Palabra de Dios. Su divino autor, en realidad, es Jesucristo. ¡La Biblia toda, es su Palabra escrita!

Segundo: un símbolo es en mucho semejante a una parábola. Un símbolo es una figura o cosa usada para representar otro objeto, mientras una parábola es una experiencia empleada para suscitar el pensamiento de otra cosa, persona o suceso.

Ahora quiero que nos demos cuenta de un hecho muy importante que la mayoría nunca ha comprendido. ¿Supone usted, como casi todo el mundo, que Jesús habló en parábolas para hacer sus explicaciones más sencillas y claras, a manera de ilustración, para que la gente entendiera mejor lo que quería decir?

Si así es, está equivocado. Por el contrario, aunque muchos no lo crean, Jesús habló en parábolas para encubrir, para ocultar el verdadero significado de sus palabras a las multitudes que constantemente le seguían. El conocimiento de tal verdad pone en nuestras manos la CLAVE que da acceso a la comprensión de los símbolos del Apocalipsis.

Así que observemos cuidadosamente lo que dice la Escritura acerca de la parábola del sembrador:

"Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del REINO de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados" (Marcos 4.10-12)… y luego Jesús procedió a explicar a sus discípulos, en lenguaje claro, el significado de la parábola.

Entendamos bien esto: ¡Jesús se dirigió a la gente en parábolas para encubrir el verdadero significado a quienes Él no había designado para que lo entendieran! Cristo no reveló en aquel momento, ni en aquel lugar, el sentido de la parábola; pero más tarde la explicó a sus discípulos en lenguaje bien claro.

Exactamente de la misma manera encontramos en este capítulo sexto del Apocalipsis una profecía envuelta en misteriosos SÍMBOLOS que han encubierto el verdadero significado a las generaciones de los últimos 1.900 años aproximadamente. Por lo tanto, si queremos ENTENDERLA realmente, tenemos que hacer lo que hicieron aquellos discípulos: debemos acudir a Jesús, el único y verdadero Revelador. Puesto que ahora su mensaje a nosotros, los de esta era, es la Palabra de Dios escrita, la Biblia, debemos escudriñarla hasta encontrar el pasaje o pasajes donde este mismo Jesús nos explique en lenguaje sencillo los acontecimientos que dichos símbolos representan.

¿Se quiere decir con esto que Jesús explicó en lenguaje claro los acontecimientos que habrían de tener lugar al cierre de esta era, al fin de estos turbulentos días de guerras que culminarán con el día del Señor y la segunda venida de Cristo?

¡Efectivamente así es! Cuando sus discípulos vinieron a Él al monte de los Olivos, cuando ellos a quienes les era dado entender estos misterios se llegaron a Él "aparte", le preguntaron: "Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?" Jesús dio como respuesta, en lenguaje claro, una sorprendente profecía que describía las condiciones del mundo actual y de nuestro futuro inmediato.
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