miércoles, 18 de mayo de 2011

EL LIBRO DEL APOCALIPSIS III


El mensaje a las iglesias
El primer mensaje del libro figura en los capítulos segundo y tercero, el cual es enviado a las siete iglesias. En realidad son siete mensajes PROCEDENTES DIRECTAMENTE DE JESUCRISTO, los cuales contienen el TESTIMONIO patente de Él. Aquí, Cristo se vale de la condición espiritual que en efecto prevalecía en siete iglesias que existían entonces en Asia Menor, para PROFETIZAR la condición espiritual y las obras que habría de realizar la verdadera Iglesia de Dios, en el cumplimiento de la gran comisión dada por Él, durante SIETE PERIODOS SUCESIVOS desde su fundación hasta el fin de esta era y la segunda venida de Cristo.

Los hombres jamás han comprendido el significado de estos mensajes, por cuanto no han sabido a quiénes fueron dirigidos. Estos mensajes no son para las grandes iglesias, con sus sectas y divisiones, que PROFESAN ser cristianas; antes bien, son mensajes de Cristo, cabeza viviente de su Iglesia, a su VERDADERA CONGREGACIÓN, la cual habría de tener siete etapas sucesivas a partir de su origen en el año 31 de nuestra era, hasta una época que aún pertenece al futuro. Puesto que con una sola excepción, estos mensajes no contienen profecías acerca de las condiciones presentes ni futuras del mundo, pasaremos por alto estos dos capítulos en el presente folleto.

Ahora pasemos rápidamente a los capítulos cuarto y quinto, donde encontramos el PRELUDIO de las profecías más importantes del libro.


Se instala el escenario



Juan se encontraba en la isla de Patmos, en el mar Mediterráneo; pero en su visión, aparece como transportado al cielo, al trono mismo de Dios.

En la visión, mira a Dios el Padre sentado sobre su trono. Delante del solio están los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos. En medio de ellos, de pie frente al asiento real del Padre, está Jesucristo. El libro de la profecía se halla en la mano derecha del Padre.

Leamos la descripción literal del cuadro anterior: "Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado" (Apocalipsis 4.1-2).

Los versículos restantes del capítulo cuarto describen la escena celeste que Juan contempló en visión. Alrededor del trono estaban los 24 ancianos, sentados sobre 24 tronos pequeños, envueltos en vestiduras blancas, con coronas de oro sobre sus cabezas. A cada lado del trono estaban cuatro seres vivientes, todos adorando al Dios Todopoderoso sentado sobre su trono.

¡He aquí una revelación de lo que tiene lugar en el trono mismo del Gobernador del universo! He aquí un vislumbre de la sede gubernamental del universo entero.

Ahora llegamos al importantísimo capítulo quinto del Apocalipsis. El versículo Primero dice: "Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos".

Un libro misterioso

He aquí el verdadero libro de la profecía. Es muy significativo que tan enigmático libro se encontrara en la diestra de Dios. También debemos aclarar que este no era igual a los libros que usamos hoy en día, con muchas páginas encuadernadas y unidas, sino un largo pergamino o rollo escrito por ambos lados, enrollado y sellado con siete sellos. Ese número es significativo: siete es el número que Dios usa para denotar perfección o calidad de completo. En consecuencia, este libro profético estaba sellado de una manera completa y perfecta, cerrado de tal manera que no podía ser visto o leído… ni mucho menos entendido.

El citado libro vino originalmente de Dios el Padre, y permanecía sellado tal como vino de Él. Es muy importante notar que los siete sellos abarcan toda la profecía del libro.

Su significado estaba completamente sellado y oculto. Notemos ahora lo que dicen los versículos 2 y 3 del citado capítulo 5: "Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo".

Recuérdese bien esas palabras.

¡La profecía aparece SELLADA! NADIE es digno o capaz de descubrirla o REVELARLA de manera que podamos leer su verdadero significado.

¿Por qué no han leído los hombres esa declaración tan clara y simple? Ningún ser humano Puede explicar el significado de esta gran profecía. ¡Está completa y perfectamente SELLADA! ¿Por qué entonces los hombres han intentado decirle al público que ellos pueden leer y revelar tan maravillosa y sorprendente profecía?

Juan no es el revelador. Esta no es la revelación de Juan, ni de ningún modernista, ni de ningún líder eclesiástico, ni tampoco de secta o denominación religiosa alguna. Para todos ellos sigue aún ¡SELLADA!

Pero, pongamos más atención, porque aquí viene la LLAVE que abre las puertas del entendimiento: "Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (versículo 5).

¿Quién abriría el libro?

¡He ahí la clave del enigma! El león de la tribu de Judá, la raíz de David, es JESUCRISTO. Ningún HOMBRE puede interpretar esta profecía de tanta trascendencia; sólo Jesucristo, el Hijo de Dios, quien en la escena está de pie ante el trono de Dios el Padre, es digno de abrir estos sellos y REVELARNOS su significado.

Esta no es la interpretación del que escribe este folleto, sino que es ¡la revelación de JESUCRISTO!

Jesús es el Revelador, no Juan ni ningún dirigente eclesiástico, ni secta u organización religiosa alguna. Esta es la revelación de JESUCRISTO que el Padre le dio a ÉL! Ahora sigamos leyendo: "Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono" (versículo 7).

Nos acercamos ahora a la CLAVE que descorrerá el velo que cubre esta misteriosa profecía, la cual ha confundido a todas las iglesias de este mundo durante casi 1.900 años. Cristo es el único capaz de aclarar esta, la mas grande de todas las profecías concernientes a los ACONTECIMIENTOS DEL MUNDO DE HOY y a los tremendos cataclismos que tendrán lugar en los años inmediatos.

Pero antes que lleguemos al capítulo sexto, donde veremos lo que efectivamente aparece escrito en este libro misterioso, conforme Cristo va desatando uno a uno sus sellos, notemos lo siguiente: "Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres tú de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque fuiste inmolado, y has adquirido para Dios con tu misma sangre, hombres de toda tribu, y lengua, y pueblo y nación; y los has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; y reinarán sobre la tierra!" (Apocalipsis 5.9-10, Versión Moderna).

Sí, la visión aparece en el cielo, pero escenifica ACONTECIMIENTOS que han de ocurrir en la TIERRA. Aquellos seres entonaban un canto glorioso, diciendo que los redimidos por Cristo habrán de gobernar y de REINAR CON ÉL. Ministrarán como reyes y sacerdotes para salvar a las gentes. ¿Dónde? ¿En el cielo? ¡No! Leamos con toda atención la parte final del versículo diez: "y reinarán SOBRE LA TIERRA".

Cristo dijo en Juan 14.3: "Y si me fuere", y en efecto Él se fue al cielo a la diestra del trono de Dios el Padre. Pero hizo además una solemne promesa: "VENDRÉ OTRA VEZ". Cristo vendrá OTRA VEZ para gobernar toda la TIERRA como Rey de reyes y Señor de señores. Las últimas palabras de este libro de Apocalipsis son: "El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, VEN, Señor Jesús".
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