miércoles, 2 de marzo de 2011

Cómo lograr que tu hijo sea un estudiante diez

No existen fórmulas mágicas que conviertan a un alumno desmotivado en un estudiante diez. Sin embargo, los padres pueden ayudar, y mucho, a conseguir que sus hijos comiencen a obtener mejores resultados escolares. La clave está en inculcar motivación, autodisciplina, esfuerzo y confianza. Lograrlo no es fácil, pero sí más sencillo de lo que parece a priori.

España es uno de los países que presenta mayor índice de fracaso escolaren el ámbito de la Unión Europea. Un 31% de los niños y jóvenes españoles suspende asignaturas reiterativamente, lo que se traduce en un 31,9% de abandono escolar prematuro, una cifra muy elevada teniendo en cuenta que la media europea se sitúa en un 14,9%.

En casa, los padres se desesperan ante la desmotivación de sus hijos. Frases como “se distrae con una mosca”, “no hay quien le haga estudiar” o “si es que pasa de todo”, son repetidas hasta la saciedad en muchos hogares españoles. Los protagonistas son niños y jóvenes que, además de arrastrar todo un historial de fracasos escolares, no parecen encontrar la motivación suficiente para sentarse cada día a hacer sus tareas.

Los progenitores a menudo se quejan de que no pueden hacer nada al respecto. Sin embargo, son piezas clave para que sus hijos retomen su formación con mayor determinación que nunca. Nunca es tarde, y aunque el curso está avanzado, todavía queda tiempo suficiente para provocar un cambio de actitud en los estudiantes, sin perder de vista que los padres son quienes mejor pueden ayudar a mejorar el rendimiento escolar de los menores. [Ver cursos de Apoyo Escolar]

1. Actitud de los progenitores

Cuando se le tacha a un estudiante de “vago” normalmente nos referimos a niños y jóvenes que, aun teniendo en su mano todas las facilidades para triunfar en los estudios, no son capaces de tomar las riendas de su formación. En este caso lo primero que hay que hacer es preguntarse qué razones explican su desinterés por los estudios.

¿Está pasando una mala racha? ¿Es un problema que lleva arrastrando desde hace tiempo? ¿En qué aspectos falla exactamente? Detrás de todo mal estudiante habitualmente hay múltiples factores que explican su bajo rendimiento, por lo que una reflexión previa de los padres, que puede hacerse incluso con la ayuda de docentes o psicólogos, permite centrar el problema antes de comenzar a trabajar en él. [Ver curso de Psicología Escolar]

Una vez aclarado qué le puede pasar a nuestro hijo, tenemos por delante el reto de nuestra propia motivación. De nada nos sirve intentar que el alumno enfoque con valentía y confianza una nueva época en su vida de estudiante si nosotros mismos no estamos seguros de que puede conseguirlo. El entusiasmo es contagioso, por eso hay que transmitirle que confiamos en él, que puede lograr ese cambio de actitud, y que vamos a estar a su lado para apoyarlo.

2. Preparando el camino

Es fundamental que mantengamos una conversación serena con nuestro hijo antes de comenzar con el plan establecido. Para motivarle podemos pedirle que nos describa cómo se ve cuando sea adulto. Muchos de los sueños que una persona tiene de niño pasan por tener éxito en los estudios y así se lo tenemos que hacer entender. El estudio no una obligación abstracta y aburrida que hay que cumplir para contentar a tus padres y profesores, sino el camino más directo para ver cumplidas tus metas, cualquiera que éstas sean. [Ver cursos de Desarrollo Personal]

Una vez que el menor ha entendido esto todo será más fácil, pues la posibilidad de que se entusiasme con la nueva oportunidad que se le está brindando es mucho mayor. Hay que tener en cuenta que, aunque parezca lo contrario, normalmente los niños y jóvenes que arrastran un historial escolar pésimo están convencidos de que no valen para estudiar y, en el fondo, se sienten irresponsables y culpables por no saber tomar las riendas de su vida y dar a sus padres disgusto tras disgusto. Por ello, la mayoría reaccionan positivamente cuando ven delante una posibilidad de mejorar.

En cualquier caso, hay que explicar al hijo que el mejor resultado está en el esfuerzo, no en las calificaciones. Además, el hecho de transmitirle unas expectativas realistas le ayudará a rebajar la inmensa responsabilidad que puede llegar a sentir. También ayuda que el estudiante verbalice sus intenciones de mejorar en los estudios con el resto de familia, profesores y amigos, y en general con todas aquellas personas que pueden ayudarle en el camino que está a punto de comenzar.

3. Cuestión de organización

Antes de llevar a cabo el plan de mejora del rendimiento es necesario la organización del lugar de estudios. Lo primero que hay que tener claro es en qué habitación se van a realizar las tareas diarias. El lugar escogido debe estar siempre disponible. Además, tiene que ser silencioso y, preferiblemente, estar aislado del resto de la casa.

Para estudiar eficientemente se recomienda una mesa de estudio sin ningún tipo de distracción y con una superficie suficientemente grande como para poder desplegar libros, cuadernos y apuntes. Además, el material de apoyo, como el ordenador, debe estar a mano. Eso sí, permanecerá apagado y se utilizará sólo cuando sea imprescindible, y siempre para alcanzar los objetivos de la tarea diaria.

Una buena iluminación, la habitación ventilada, temperatura en torno a los 20 grados y una silla relativamente cómoda también ayudan a mejorar el rendimiento. Además, es conveniente que el lugar de estudio posea un corcho donde poner el calendario y el horario escolar, y el plan de trabajo diario y semanal. Durante los primeros días es muy útil llevar un diario en donde se apunte todo lo relativo al plan de estudio para poder compararlo al final de la semana y establecer los ajustes oportunos.

Hay que tener claro que la organización ayuda mucho a centrar y cumplir objetivos. No hay que improvisar, sino cumplir el plan establecido previamente. Coger este hábito cuesta al principio, pero es fundamental. En los niños más pequeños los planes de estudio deben llevarse a cabo con la orientación de un adulto.

Los padres, además, deben reservar tiempo para que su hijo realice ejercicio físico y determinar las horas de sueño que necesita, en función de su edad. Además, le facilitarán una dieta equilibrada, procurando que el menor beba líquidos en abundancia y evitando las digestiones pesadas. [Ver cursos de Alimentación]

4. Manos a la obra

El estudio debe realizarse tras la salida del centro escolar, con un breve tiempo de descanso que se puede aprovechar para merendar. Si dejamos las obligaciones escolares para el final del día lo más probable es que el estudio quede incompleto.

Hay que comenzar estudiando las asignaturas más difíciles, dejando para el final las más fáciles o motivadoras para el alumno. Lo mejor es aplicar determinadas técnicas de estudio que puedan contribuir a aumentar la efectividad del tiempo empleado. Si el estudiante no está familiarizado con fórmulas como el subrayado, las técnicas de memorización o los esquemas se puede derivar hacia un profesional que le enseñe, pues estos métodos son realmente eficaces.

Si ponemos a un alumno que no tenga unos hábitos de estudio sentado en una silla durante cuatro horas ininterrumpidas probablemente al cabo de poco tiempo se sentirá cansado, ofuscado y frustrado. La autodisciplina tiene que irse ejercitando. Para ello, lo mejor es ir aumentado el tiempo de estudio paulatinamente, lo que implicará un incremento paralelo de la autoconfianza. Es fundamental que el menor sepa que lo puede lograr. Si las metas se cumplen diariamente estará más motivado a continuar.

Hay que estudiar todos los días, incluidos los fines de semana. Dedicar dos horas diarias a las tareas escolares no impide disfrutar de otras actividades más placenteras para el alumno. Además, hay que inculcar al estudiante lo importantes que pueden llegar a ser los tiempos muertos. Mientras se viaja en metro, por ejemplo, se pueden repasar lecciones, lo cual ahorrará parte del trabajo en casa. Asimismo, es fundamental llevar el estudio de la materia al día y no enfrentarse a auténticos maratones justo antes de los exámenes, que no sirven nada más que para generar una gran ansiedad.

Fuente:Aprendemás.com
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