martes, 22 de febrero de 2011

COMO SER CONSTANTES EN LA LECTURA DIARIA DE LA BIBLIA

Para algunos, ser constantes resulta muy difícil. No cabe duda de que son más los creyentes que se han demoronado espiritualmente, o han dejado de crecer en la vida cristiana, por no ser constantes en la vida devocional diaria, que por cualquier otro motivo.

Como hemos visto anteriormente, resulta absolutamente imprescindible sumergirnos en la palabra diariamente a fin de mantenernos frescos y llenos del Espiritu Santo. Lamentablemente sólo un pequeño porcentaje del pueblo de Dios tienen en cuenta este hecho.

La autodisciplina no constituye la marca sobresaliente de esta época de abundancia en que vivimos; pero la autodisciplina es el secreto en lo que respecta al éxito. Podemos señalar los campeones en el campo del deporte: el secreto de su éxito está en la disciplina. Por supuesto que tienen talento, pero hay miles de personas en el mundo que tambien lo tienen. Lo que sucede, es que al talento ellos le agregaron la disciplina de la práctica, y de esta manera consiguieron triunfar.

A la mayoria de nosotros nos resultaria imposible llegar a ser famosos deportistas, porque allí no reside nuestro talento, pero TODOS podemos llegar a ser creyentes efectivos. En el reino espiritual no hay favoritos – no es que algunos tienen talentos y otros no – CADA UNO decidirá si se disciplinará en su vida espiritual. TODOS PUEDEN TENER ÉXITO EN LA VIDA CRISTIANA.

Claro que alguno se estará preguntando: ¿Y cómo se logra este éxito? Con solo disciplinarse de modo que decida llevar a la práctica en su vida el momento devocional diario, del cual hemos hablado, y que pusiese en práctica en su vida diaria los principios divinos que aprende.

Esto no depende de Dios – depende de cada uno. Dios quiere que TODO creyente tenga una vida cristiana plena, pero somos nosotros que nos ponemos frenos, barreras e impedimentos para avanzar y llegar al “éxito” como cristianos.

Mientras no resolvamos que nuestro desarrollo espiritual vale los 15 minutos diarios de estudio de la Palabra de Dios seguiremos siendo creyentes mediocres. Tengamos presente que el potencial está a nuestro alcance porque es don de Dios; resta que nosotros decidamos qué vamos a hacer con dicho potencial.

Durante la vida de nuestro Señor Jesucristo diversas clases de personas mostraron interés en El. La Biblia dice que “muchos creyeron en él”, pero no tenemos mas noticias de ellos. Otros “le siguieron”, pero cuando vinieron las persecusiones y la adversidad se volvieron a sus casas.

Otros dijeron que querían ser sus discípulos, pero El les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí niéguesé a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lc. 9:23). Como es bien sabido, Jesús tuvo sólo doce discípulos y 120 más que, como ellos, le seguían. Resulta sugestivo que las palabras “discípulo” y “disciplina” sean tan parecidas. No se puede ser lo primero si no se tiene lo segundo.

El doctor M.R. DeHaan, iniciador de un conocido programa radial evangélico en los Estados Unidos, dijo cierta vez: “Venir a Cristo no cuesta nada, seguirle cuesta algo, pero servirle cuesta mucho.”

La madurez y el crecimiento espiritual tienen su precio. El precio consiste en el tiempo que lleva aprender los principios divinos que se encuentran en la Palabra de Dios y en el sometimiento de nuestra vida a ellos. Pero las recompensas y los resultados bien valen el sacrificio que ésto requiere.
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