martes, 30 de noviembre de 2010

EL MES DE LA FAMILIA


Por Isabel Franco
Finaliza el mes de Noviembre designado en el año 1971 en la República Dominicana como mes de la familia por el decreto 1656 del poder ejecutivo, y solicitado por el Movimiento Familiar Cristiano. Esta solicitud de esta prestigiosa institución fue motivada con el único objetivo de promover el mantenimiento y la formación integral de las familias.

La familia es la primera institución creada por Dios y es la célula primaria de la sociedad, en consecuencia, si tenemos familias sanas, tendremos una sociedad mejor.
Pero al constituir la familia la base de la sociedad, es el blanco predilecto de destrucción del enemigo de la justicia quien atentó contra ella en el huerto del Edén y hoy en día sus ataques son más severos y despiadados.

Las armas empleadas son tan sutiles y engañosas como todas sus estrategias, que se obtienen de manera gratuita, a través de los medios de comunicación, de la música, de los lugares de diversión en los que se expenden bebidas alcohólicas y otras más.

Y así vemos como familias enteras se destruyen, por vicios adquiridos por cualquiera de sus miembros, por la violencia generada a través de las películas, de los mensajes violentos, que nuestros pobres infantes tienen que escuchar cada día, dentro y fuera de sus hogares, por la pornografía y las escenas de sexo indiscriminado, que muestra que el sexo promiscuo es normal y saludable, y por la contribución diabólica y constante de la transculturación, y la promoción de los antivalores.

En consecuencia también tenemos familias con enfermos de sida y otras enfermedades de transmisión sexual, las cuales se han desintegrado por el rechazo y dolor que conlleva esta enfermedad.

Sin embargo, todos parecemos anestesiados por el sistema, y las medidas que deben tomarse para contrarrestar o para hacerles frente a estos enemigos, no se toman. Los padres siguen dejando que sus hijos vean programas de violencia, películas de terror, muñequitos de homosexuales y rebeldes y lo que es peor, también ellos participan activamente y no predican con el ejemplo.

Los maridos asisten a lugares de perdición en donde lógicamente encontrarán lo que andan buscando, las esposas entonces, muchas se llenan de amargura y no saben como cambiar este presente para mejorar su hogar, otras en cambio, tratan de emular a sus parejas, se descuidan de sus hijos y el resultado no tarda “hogar destruido, hijos enfermos emocionalmente, sociedad enferma”.

Debemos destacar, vociferar, que la familia es un tesoro que Dios nos regala, que debemos valorarla en su justa medida, que se debe hacer lo que sea necesario, para que este hermoso proyecto culmine felizmente y que como todo lo valioso, amerita de un trabajo constante, de una perseverancia tenaz, y del legado mas hermoso, que es la esencia del Dios viviente, del AMOR, AMOR, AMOR Y MAS AMOR. Dejar que Dios entre a la familia y que El sea el centro, garantiza el mejor de los resultados.
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