domingo, 9 de mayo de 2010

Lo que hay que hacer



Por Luis Ruiz
Protestante Digital.
¿Por qué a veces costará tanto empezar a hacer lo que hay que hacer? No es que la tarea sea en sí misma complicada o difícil, tampoco desagradable y, bien mirado, ni tan siquiera puede parecer gravosa, pero cuánto cuesta empezar. Da la impresión de tener pinchos en la superficie.

Está claro que hay que hacerla y que el plazo se está agotando o ya lleva varios días así, pero no hay manera. Se sufre por no resolver y el tenerla pendiente es una tortura, pero no hay forma humana de abordarla.

Cabe la posibilidad de que el freno sea la duda de no tener bien definida la manera de resolverla. Quizá si la decisión de por dónde entrarle la tomara otro… ¿No será un lastre grave la lucha entre hacerla como es debido o simplemente ir a lo más cómodo? Pudiera ser que no se vea clara ninguna de las posibilidades y hasta que alguna de ellas sólo haga que cerificar el propio fracaso.

Se nos instala el desasosiego y se refuerza el bloqueo hasta que, por fin, se opta por lo más fácil pero eso siempre deja un poso de claudicación que, por más que se lleve con elegancia y el resto del mundo no lo perciba, mortifica de veras.

Otras veces se tiene muy claro lo que hay que hacer y hasta se está entusiasmado con el proyecto global en que se enmarca pero se siente la falta de energía necesaria para dar el primer paso. Y qué bien sienta cuando eso pasa la intervención —a veces consciente y otras sin darse cuenta— de compañeros de viaje compartiendo pasión y entusiasmo junto con ganas inequívocas de empezar a andar.

Una vez puestos en marcha todo se hace mucho más natural y llevadero.

En el trabajo diario, el camino pasará por subidas pronunciadas y desniveles importantes, y casi seguro aparecerán las dificultades pero ya habrá desaparecido la desgana y se continuará paso a paso pensando en el objetivo final. La compañía de los demás será un gran atenuante frente al desgaste, el cansancio o el agotamiento. Alcanzar la meta, terminar el producto, realizar el servicio o aportar algo positivo a los demás producirá una satisfacción interior difícil de definir con palabras.

En conclusión, hay que seguir adelante haciendo no sólo lo que nos viene de cara sino, con mayor motivo y dedicación, aquello que hay que hacer aunque su abordaje exija un esfuerzo añadido.
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