martes, 20 de abril de 2010

EL DEMONIO DE LAS DROGAS:El vicio de su hijo le destruyó los nervios



TESTIMONIOS. PADRES NARRAN HISTORIAS LLENAS DE HORROR Y ANGUSTIA POR LA ADICCIÓN DE SUS HIJOS

Santo Domingo.- Las drogas le cambian la vida a cualquiera. No importa si se trata de una familia pudiente económicamente que puede recurrir a los más costosos tratamientos dentro o fuera del país, o a una compuesta por una pobre madre que de buenas a primeras se quedó hasta sin el caldero para cocinar el arroz porque su hijo lo había vendido.

A los sufrimientos que genera la drogadicción, que no sólo afecta a quien la usa sino a todo su núcleo familiar, no escapan padres, madres, hermanos, abuelos y hasta tíos, como es el caso de Florentina, quien ha sufrido en carne viva la adicción de su sobrino, y Gloria, quien siendo una mujer fuerte, que no se deja presionar por su hijo para que le busque dinero, dice que esa adicción al “alcoholismo y droga” le han destruido la vida.

Todas las familias consultadas confiesan sentimientos similares que abarcan la incapacidad, impotencia y frustración; horror de no saber qué pasará al día siguiente; ansiedad ante el comportamiento sorpresivo del muchacho o la muchacha, la mujer o el hombre, y actuaciones equivocadas de complacer sus peticiones con la esperanza de que quizá cambie.

La adicción a las drogas de su hijo le llevó a fundar Hogar Crea Dominicano
Cuando corría el año 1973, Leopoldo Díaz era un contador público de cuya labor en distintas empresas había vivido tranquilamente junto a su familia. Llevaba una vida normal hasta que un día la profesora Gracita Alsina Puello se le acercó para decirle que su hijo Julio, de 19 años, estaba consumiendo drogas.

Eso le dejó espantado.

Narra que en ese momento la vida le cambió totalmente, y empezó a buscar alternativas en el país, sin encontrarlas, porque no existía nada al respecto. Amigos le recomendaron llevar a su hijo al psi- quiatra, por lo que recorrió cuatro de los mejores profesionales de la época sin resultados positivos.

La conducta del hijo fue empeorando.

Un día el psiquiatra Balbino García Olivo, encargado de la sala de salud mental del antiguo hospital Militar Marión, le propuso ingresarlo, lo cual hizo, y pasaba a visitar a su hijo diariamente antes de irse a su trabajo.

La adicción no se curó con eso.

Luego el mismo médico le habló de la Comunidad Terapéutica, del cual él no tenía ni idea de lo que significaba. En el país no existía nada parecido, por lo que acudió a Puerto Rico que era donde estaba el Hogar Crea más cercano, que es donde se aplica ese tipo de terapia.

Allí llevó a su hijo, luego que éste un día tocara fondo y le pidió a su papá que le ayudara a salir de ese vicio.

En Puerto Rico conoció lo que era el tipo de terapia que se daba en esos hogares.

Le gustó la temática. Conversando con el director Francisco Rodríguez le dijo que le gustaría abrir un centro de esos en el país, aunque veía aquello como un sueño muy lejano, hasta que un día vino el director al país, y le propuso abrir el hogar.

Salieron esa tarde y en el sector de Alma Rosa vieron una casita desvencijada, en las peores condiciones. Convencer al dueño que la alquilara para trabajar con muchachos que usaban drogas fue una misión muy difícil, pero luego accedió y así nació Hogar Crea Dominicano, que hoy cuenta con 43 centros.

Ahora, después de las dificultades y al ver quién es su hijo hoy día, dentro del organigrama de Crea, Díaz se siente contento y orgulloso de haber ayudado no sólo a su vástago sino a muchos jóvenes dominicanos y extranjeros.

No le deseo esto a nadie
“Una madre se siente horrible cuando tiene un hijo adicto”. Con esa frase Gloria quiso definir los 17 años en que ha estado luchando con su hijo para que deje la adicción al alcohol y drogas. Los cambios en su hijo empezó a notarlos cuando éste tenía 20 años, que pasó de ser un muchacho que nunca bebía a ser un tomador.

Estaba en la universidad y empezó a trabajar como operador en una compañía de Taxi. “Él era un muchacho tranquilo y siempre aportaba en la casa donde vivía conmigo y su hermana, pero de buenas a primeras no daba ni un centavo en la casa, nunca le alcanzaba lo que ganaba y por el contrario empezó a incurrir en deudas”, lamenta Gloria.

Tanto ella como su hija, que también vivía una vida de angustia con su hermano, a cualquier hora de la noche le llamaban para decir que el muchacho andaba borracho y personas iban a la casa a cobrarle las deudas de su hijo y a amenazarle con meterlo preso.

Un día incurrió en una gran deuda y ella la pagó para que él no fuera a la cárcel, pero lo obligó a que poco a poco él se la fuera pagando a ella, y desde entonces se prometió a sí misma y así le pidió a su hija que no volverían a darle dinero porque contribuían más con su vicio.

Dice que con el propósito de hacerlo recapacitar le decía cuantas cosas feas se le ocurrían, que él sería un parásito en la vida, que viviría en la calle, entre otras cosas hasta que un día el muchacho decidió ir a Alcohólicos Anónimos, pero luego abandonó las terapias y volvió a sus andanzas.

Cambiaba de compañera con mucha facilidad, debido a que lo botaban porque no aportaba nada en la casa.

Un día a ella le hablaron de Hogar Crea Dominicano, se lo planteó a su hijo, en principio se negó, pero posteriormente aceptó y actualmente tiene cuatro meses en el Hogar Crea del Ensanche la Fe. Mientras lo visitaba la semana pasada Gloria confiesa que se siente mucho más tranquila y confiada.

Mi sobrino se puso violento
El cambio experimentado por su sobrino, que siempre ha vivido con ella en su mismo techo, ha hecho sufrir no solamente a la madre del afectado, hoy de 41 años, sino también a su tía Florentina y a todos los miembros de la familia.

Cuando tenía unos 20 años empezó a experimentar cambios que llamaban la atención de quienes le conocían.

Un día durmió por largas horas sin despertar pese a los intentos, luego de haber salido con unos amigos.

Ese fue apenas el preámbulo de lo que seguiría en lo adelante.

Dejó los estudios, salía con los amigos con quienes tomaba alcohol y consumía sustancias prohibidas. Empezaba a trabajar y lo dejaba, pero siempre encontraba los amigos que le buscaban en su propia casa.

Nunca fue violento, hasta diciembre pasado que hizo una escena que su tía define como horrible e imperdonable, “se puso muy violento y maltrató a su madre”, dice en voz baja, por lo que todos los familiares se reunieron y le dijeron que tenía dos caminos: irse de la casa o ingresar en Hogar Crea, luego de varias negativas aceptó y ahora recibe tratamiento.

Florentina asegura que tanto ella como su madre vivían nerviosas, pero que ahora están más tranquilas, por lo que aprovechó para llamar a los jóvenes a salirse de las drogas y buscar ayuda.

“YO NO ME CANSO, VOY DONDE ÉL ESTÉ”
Desde hace mucho Carmen Candelario no sabe lo que es dormir una noche completa.

Se acuesta tarde y se levanta muy temprano, ella lo atribuye a que “el vicio de su hijo le destruyó los nervios”.

Su pobreza se volvió aún más profunda fruto de ese vicio. “Cuando iba a cocinar el arroz, ya me había vendido el caldero, todo lo que tenía en la casa se lo llevaba, y de 14 sábanas que había logrado comprar una a una abriendo sanes, no me dejó ni una”, narra Carmen como forma de recrear los 21 años de sufrimientos que lleva a cuestas.

Dice que a los ocho años su hijo era ejemplar en el barrio La 40 de Cristo Rey, botaba y recogía basura y vendía pan, cuyo dinero era llevado a la casa para ayudar con el sustento, pero cuando cumplió sus 14 años todo eso cambió.

Un vecino lo mandaba a comprar cerveza y entonces el muchacho empezó a fumar.

Asegura que el papá le dio una pela con una manguera, pero allí no valió golpe ni nada.

Usaba droga y no llevaba ni un centavo a la casa, siempre acompañado de un amigo.

Tomó la calle, dormía bajo un elevado; ella salía a buscarlo y le pasaban hasta seis días sin verlo. Todo el que quería pegarle, acusarlo de ladrón o maltratarlo, lo hacía. Sabiendo lo que estaba pasando su hijo ella no dormía, se acostaba y se levantaba a cualquier hora de la madrugada, porque la angustia no la dejaba dormir.

Dice que ella fácilmente se pasa el día completo sin comer. “Mire, yo era una mujer fuerte, y mire, cómo estoy.

He bajado todas las libras del mundo porque no puedo comer, pensando que me lo van a matar en la calle”.

Por un tabaco estuvo preso en la cárcel de La Victoria y actualmente está enfermo de los pulmones. Asegura que fruto de ese sufrimiento, ella actualmente tiene problemas del corazón y sufre de la presión, pero que nunca ha abandonado a su hijo, donde quiera que está ella lo va a ver.

Actualmente tiene unos días en uno de los hogares Crea, lo que ha despertado un rayo de esperanza en su madre.
De:Listín Diario.com
Publicar un comentario