miércoles, 3 de marzo de 2010

Jesucristo, crisis mundiales y profecía Bíblica


Una pregunta frecuentemente planteada es si, desde la perspectiva de la profecía bíblica, la crisis económica y financiera mundial puede tener un significado especial. ¿Sería posible que la misma fuera una señal del comienzo de la Gran Tribulación? La respuesta es "sí" y "no".

Wilfred J. Hahn

No, la actual crisis económica y financiera no es mencionada expresamente en la profecía bíblica. Sí, es muy significativa por pertenecer a una secuencia de acontecimientos que llevan a las condiciones de la tribulación.

Visto de manera general, la crisis económica momentánea, seguramente, carece casi totalmente de consideración cuando se habla de un evento que "
semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá" (Joel 2:2). Desde la perspectiva de la historia del mundo, esta crisis tampoco es nada especial, ya que en el mundo ya han habido muchas crisis económicas y financieras. Algunas de ellas, incluso, fueron aun más catastróficas que la actual, por haber sido causadas por guerras, pestes o catástrofes naturales. Otras, por el contrario, fueron clásicas crisis financieras, causadas por el endeudamiento excesivo y por la extrema codicia de dinero. Tales condiciones, tienen una larga historia.

También en la Palabra de Dios se encuentran informes sobre grandes crisis económicas del pasado y – lo que es aun más importante – sobre acontecimientos futuros. En Egipto, por ejemplo, cuando José estuvo allí, a siete años de abundancia le siguió un tiempo catastrófico que también duró siete años, en el cual colapsó toda la estructura económica del mundo entonces conocido. En esa época, la crisis sobrepasó por mucho a la actual crisis económica.

La Biblia también habla de períodos de sequía. Uno de los mismos, en el tiempo del profeta Elías y del rey Acab, duró alrededor de tres años y medio. Esta catástrofe de la naturaleza, seguramente habrá llevado, en Israel, a una depresión económica y, a mucha gente, a la pérdida de sus bienes terrenales. Nosotros no reconocemos tan fácilmente estos sucesos como crisis económicas y financieras, porque la Biblia no las relata en nuestra moderna "jerga financiera" altamente especializada. No nos habla de mercados deudores que se desmoronan, de Bancos en bancarrota, o de posibles consecuencias con tendencias inflacionarias. Por esta razón, sólo en fuentes extra-bíblicas encontramos pistas sobre las fuertes consecuencias económicas de la política de gastos y crédito del rey Salomón. Este gravamen extremo para la población, a través de impuestos, llevó, entre otras cosas, a que los trabajadores murmuraran contra el rey Roboam. Por eso, Jeroboam le dijo: "
Tu padre (Salomón) agravó nuestro yugo" (1 R. 12:4; 2 Cr. 10:4).

La Biblia, de hecho, nos da información muy escasa sobre el trasfondo de las conexiones financieras y económicas. También sería interesante saber como algunos de los profetas se ganaban su sustento. Jeremías, por ejemplo, proclamó la Palabra del Señor durante unos cuarenta años. Además, en base a indicaciones de Dios, compró un terreno en Anatot, de su primo Hanamel (Jer. 32), poco tiempo antes de la conquista y el saqueo de Judá a través de los babilonios. ¿Cómo se las habrá arreglado Jeremías, financieramente, en el largo tiempo de su servicio profético?

Después de todo, él hacía largos viajes y negocios inmobiliarios poco sensatos. Con todo, por supuesto, debemos tener en cuenta que Jeremías había recibido instrucciones de parte de Dios de comprar el terreno de Hanamel, como demostración de su confianza en la promesa divina de que Israel volvería a la tierra después de 70 años. Por eso, en ese aspecto, también lo podemos denominar, definitivamente, como un "inversionista a largo plazo". Aun así, nos seguimos planteando la pregunta de cómo Jeremías se las habrá arreglado financieramente durante su vida.

A unos cuantos pastores, y a otros que han sido llamados a servir a Dios, seguramente les gustaría saber si Jeremías, quizás, vivía de los intereses provenientes de un fondo fiduciario. Quizás, también, podría haber heredado su capital de un padre adinerado. La Biblia no nos dice nada sobre eso, y tampoco sabemos cómo los otros profetas se habrán ganado su sustento. Jonás, por ejemplo, se puso en camino a Tarso, perdió todo lo que tenía en la travesía por el Mar Mediterráneo, y aún así pudo viajar a Nínive. La Biblia no dice que él primeramente hubiera levantado una "colecta", en la sinagoga de su ciudad natal, para poder continuar su viaje. Tampoco nos informa si, entremedio, el profeta habrá estado de licencia en su patria.

A los ojos de Dios, quien inspiró la escritura de la Biblia, no es necesario que sepamos estos detalles. El testimonio de las Sagradas Escrituras aquí, sin embargo, es una muda expresión de la providencia divina. Los relatos bíblicos, al menos calladamente, presuponen este amoroso actuar de Dios. Cuando el Señor nos llama a Su servicio, Él también se ocupará de nuestro sustento. No obstante, también tenemos que ser responsables de los medios financieros que nos son confiados.

Entre los pocos relatos acerca de una intervención milagrosa de Dios, se encuentra la historia del profeta Elías (1 Reyes 17:4). Él no solamente fue abastecido por los cuervos, enviados por Dios para llevarle su alimento diario, sino que, más adelante, el profeta experimentó el milagro del cántaro de aceite que nunca se vaciaba, en la casa de la mujer de Sarepta (1 Reyes 17:14). Dios le daba a Elías lo que él necesitaba para vivir. Es interesante que Él no haya sobrecargado al profeta con vino o manjares suculentos, ni le haya dado tres automóviles o un chalet lujoso. Tales ambiciones las tienen, actualmente, unos cuantos contemporáneos que declaran ser llamados por Dios.

Los tiempos de crisis mencionados en el Antiguo Testamento fueron parte del actuar sistemático de Dios y, aún más interesante, es cuando recibimos informaciones de la situación económica mundial del tiempo de Jesucristo. Los evangelios no describen la situación económica general en forma directa. Nuevamente debemos buscar ayuda en fuentes extra-bíblicas y, al hacerlo, podemos hacer un descubrimiento interesante. Hasta el fin de la vida de Jesucristo, el mundo de aquel entonces se caracterizaba por turbulencias financieras globales. De hecho, en la fase posterior a Su vida terrenal, sobrevino una crisis económica masiva, cuya magnitud, quizás, hasta pueda ser comparada con nuestra crítica situación actual. Incluso, se puede comprobar que el mundo de aquellos tiempos fue sacudido por una "crisis financiera global" cuando el Señor tomó Su camino rumbo al Gólgota. El autor e historiador norteamericano Will Durant (1885-1981), escribió lo siguiente sobre los problemas económicos reinantes en Roma en ese tiempo:

"El famoso ‘pánico’ del año 33 DC, ilustra la situación y las complejas interrelaciones de los bancos y el comercio en el imperio romano. Augusto hizo troquelar grandes cantidades de monedas, y también fue un derrochador en gastos del estado, porque él se apoyaba en la teoría de que mayores cantidades de dinero, intereses bajos y precios ascendentes, ofrecerían incentivos para un progreso económico. Ese, también, fue el hecho, pero como esa situación no podía continuar por tiempo indeterminado, ya en el año 10 AC llegó haber una reacción contraria cuando el flujo de dinero tuvo un fin repentino. Tiberio recordó la teoría contraria, según la cual, un curso de extremo ahorro sería lo más provechoso para la economía. Él bajó los gastos del estado al mínimo, decretó una fuerte limitación del flujo de dinero, y acumuló 2.700.000.000 sestercios como tesoro del estado.

La escasez de dinero resultante continuó empeorando, porque grandes sumas fluían hacia el oriente para la importación de bienes de lujo. Los precios bajaban, los intereses aumentaban, los acreedores recaudaban la totalidad de las deudas de los deudores, y el servicio de préstamo de dinero se agotó casi por completo. El senado hizo el intento de frenar la exportación de capital, al disponer que un alto porcentaje de los bienes de los senadores debía ser invertido en bienes inmobiliarios italianos. Por esta razón, los senadores exigieron la devolución de los préstamos por ellos otorgados y rescindieron las hipotecas, para poder echar mano en los capitales y, de este modo, la crisis tomó un curso aun peor. Cuando el senador Publius Spinther informó al Banco de Balbus y Ollius que él debía retirar 30.000.000 de sestercios para cumplir el nuevo reglamento, dicha institución de crédito tuvo que declararse en quiebra.

Al mismo tiempo, la empresa Seuthes e Hijo perdió tres barcos cargados con valiosas especias, y la gran tintorería de Malco en Tiro se declaró en bancarrota. Como la Casa Bancaria romana de Maxiumus y Vibo había otorgado altos créditos a ambas empresas, iban aumentando los rumores de una quiebra de este Banco. El mismo tuvo que cerrar cuando los inversores quisieron retirar su dinero en forma inmediata. Poco después, otra Casa Bancaria, la de los Hermanos Pettius, también cesó los pagos. Casi al mismo tiempo, llegó la noticia de la quiebra de grandes Bancos en Lyons, Cartago, Corinto y Bizancio. En Roma, una Casa Bancaria tras otra cerraba. El préstamo de dinero ya solamente era posible con tasas de intereses que se encontraban por encima del límite superior legal. Tiberio, finalmente, reaccionó a esta crisis, retirando el decreto con respecto a las compras de tierras de los senadores, y distribuyendo 100.000.000 sestercios a los Bancos. Este dinero debía ser otorgado en préstamos, sin intereses, por un plazo de tres años. Como garantía para estos préstamos debían servir los bienes inmobiliarios. Esta medida obligó a los prestamistas privados a una reducción de sus tasas de intereses. Repentinamente, volvió a haber dinero en circulación, y la confianza en la economía volvió a aumentar nuevamente."1

Si leemos este informe atentamente, notamos que llevó algunos años hasta que el desarrollo de estos acontecimientos, finalmente, llegara a una catástrofe que afectara a la totalidad del mundo conocido en ese entonces. Se trataba de hecho de una crisis financiera mundial. Con toda seguridad, por lo menos algunos de los sucesos mencionados por el autor, ocurrieron cuando Jesús aun vivía, posiblemente hacia fines de Su servicio en esta tierra. Tácito, el historiador romano de esa época, escribe, en sus anales, acerca de las medidas financiero-políticas del César Tiberio:

"La destrucción de las fortunas privadas incrementó la decadencia económica, hasta que, finalmente, intervino el César y repartió entre los Bancos cien millones de sestercios, juntamente con la exigencia de otorgar préstamos sin intereses durante tres años, en caso de que, el que tomaba el crédito, pudiera darle al estado una garantía por el doble del importe prestado, en forma de bienes inmobiliarios. De este modo, otra vez se pudieron otorgar créditos y, paulatinamente, también volvieron los prestamistas privados."2

Tal como en ese entonces, también en la actualidad algunos Bancos centrales siguen la misma política, aumentando la cantidad de dinero, manteniendo bajas las tasas de intereses y creando condiciones para el flujo de dinero y el otorgamiento de créditos. Cuando intervino el César romano, para volver a impulsar la economía, él introdujo enormes sumas de dinero en los Bancos de ese entonces. Los informes hablan de cientos de millones de sestercios (una unidad monetaria de la vieja Roma). ¿Es posible que esta crisis financiera, del mundo de aquel entonces, pueda haber alcanzado su punto culminante justamente en el año en que Jesucristo fue crucificado? La quiebra de varias Casas Bancarias ya había comenzado en el año 32 DC, continuando hasta el año posterior. Conocemos la fecha exacta de la crucifixión. Fue el 14 de abril del año 33 DC, (cumpliendo así las profecías del profeta Daniel). Por eso, podemos confirmar que el mundo romano de aquellos tiempos, de hecho, fue sacudido por una crisis económica y financiera cuando la vida terrenal de Jesucristo se acercaba a su fin.

¿Es concebible que el regreso de Jesús suceda en un tiempo caracterizado, como en los tiempos de Su vida aquí en la Tierra, por una crisis financiera global? La segunda venida de Jesús en poder y gloria, al final del tiempo de la Tribulación, sucederá cuando el mundo esté afligido por devastadoras catástrofes y un colapso económico. Jesús, sin embargo, anteriormente a eso, aparecerá en los aires. A Sus discípulos, Él les dijo: "
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis" (Jn. 14:3). Con estas palabras, el Señor hizo referencia al arrebatamiento. Por eso, muchos cristianos, en la actualidad, tienen la esperanza de ser arrebatados antes de que la crisis financiera mundial empeore. El arrebatamiento podría ocurrir en cualquier momento, pero no sabemos ni el día ni la hora. Aún así, parece lógico que Jesús "vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hch. 1:11). Durante Su ascenso al cielo, los discípulos miraban hacia arriba. Por eso, es posible que aquellos que serán recibidos en el cielo por Él, durante el arrebatamiento, también dirijan sus miradas hacia arriba y no se dejen atrapar por las preocupaciones de este mundo y por la crisis financiera.

El apóstol Pablo animó a los creyentes a apartarse del mundo: "
Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa" (1 Co. 7:29-31). A pesar de promesas que digan algo diferente, provenientes de políticos mundiales, demagogos, falsos profetas, y otros "proclamadores de salvación" y "cazadores de ratas", la humanidad no puede fabricarse un cielo en la tierra. El mundo, como nosotros lo conocemos, perecerá. Por eso, nosotros nos erguimos y levantamos nuestras cabezas, porque nuestra salvación se acerca (cp. Lc. 21:28).

Traducción del inglés: Brigitte Hahn; edición ligeramente resumida

1 Will Durant, Historia de la civilización romana y del cristianismo desde sus comienzos hasta el 325 DC, capítulo 15

2 Tácito, Libro VI, 16-17
Fuente: LLamada de media noche.
Publicar un comentario