jueves, 11 de febrero de 2010

La segunda venida de Cristo principia con juicio



Dice Chuck Smith: “El propósito de la segunda venida de Cristo es el de establecer el Reino de Dios sobre la tierra” (1)Así es; y para ello, deberá principiar con juzgar a las gentes que hayan quedado vivas en ese momento, posterior al Armagedón (Ap. 16: 13, 14), como Él mismo lo dijo:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las (*) naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda” (Mateo 25: 31-33)

(*) La palabra que en español se traduce por “naciones”, es la palabra griega “ethnos”, que básicamente significa “gentes” o “razas”.

El Evangelio nos enseña que de las gentes que hayan quedado para Su venida, los que sean colocados a la derecha entrarán en el Reino, a diferencia de los otros, que irán a la condenación eterna (Mt. 25: 34ss).

Ahora bien, todas las gentes que hayan quedado para vivir sobre la tierra en ese tiempo sin par que está por venir, es decir, el Milenio, deberán cumplir con las leyes del Reino, porque literalmente, existirá una forma de gobierno y existencia muy diferentes respecto a lo que conocemos y hemos conocido hasta hoy. Este mundo estará regido por Dios directamente, como está escrito:

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra… 11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. 13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. 14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (Salmo 2: 8; Apocalipsis 19: 11, 13-15)

Una de esas leyes aludidas arriba, que deberán cumplir todas las gentes que hayan quedado sobre la tierra, es la de subir a Jerusalén cada año para celebrar la fiesta de los Tabernáculos y adorar al Señor, Quien estará sentado en Su trono de gloria, como Él mismo lo dijo:

“De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19: 28)

La regeneración aludida por el Señor, no es ahora, ni lo puede ser; será cuando Él regrese, cuando se siente en el trono en Jerusalén. Nótese también que junto con Cristo Rey estarán Sus Doce, lo cual implica Teocracia. ¡Sólo Cristo puede tener Sus doce!

Acerca de la promesa mesiánica
María, la madre de Jesús recibió de parte del ángel Gabriel, el anuncio de que la criatura que tendría en su vientre, sería el heredero cabal del trono de David. Veámoslo:

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; 33 y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1: 31-33)

Como podemos ver, la parte subrayada de esta declaración de lo Alto, todavía no se ha cumplido. Todavía Cristo no reina de facto sobre la casa de Jacob (que no es la Iglesia, sino Israel), porque fue dejada desierta por causa de su incredulidad y rechazo del Mesías (Mt. 23: 38). Todavía esa palabra se ha de cumplir; y se cumplirá, en el Milenio.

“En el periodo del Reino sobre esta tierra, todo cambiará drásticamente, retomando la belleza y exuberancia que caracterizó la creación de Dios en el principio, cuando vio Él que todo lo que había hecho era bueno en gran manera Gn. 1: 31”
Fuente: El Milenio
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