viernes, 19 de febrero de 2010

COMO RECONOCER A LOS PASTORES AUTORITARIOS


OBSESION POR CONTROLAR

Existen pastores, sacerdotes, líderes religiosos que tienen una obsesión por que se les obedezca ciegamente. Reclamando ser representantes de Dios, hay algunos que aun se atreven a pedir que sus seguidores violen lo mismo las leyes divinas que las humanas.

Para lograr que la gente haga esto, utilizan al igual que las sectas destructivas, las doctrinas del autoritarismo hasta que provocan una especie de lavado de cerebro en sus oyentes. Este tipo de líderes se niegan a ser cuestionados en cuanto a sus conductas personales, aunque imponen estrictas reglas morales. Se suelen volver agresivos, cínicos y aun peligrosos cuando alguien decide desobedecer sus caprichos o no accede a ser explotado. Hemos visto también que este tipo de liderazgo se puede encontrar en cualquier organización.

Si queremos identificar a los pastores abusivos tenemos que aprender esta lección: No nos guiemos por las apariencias externas pues puede tratarse de cualquier persona, en especial del tipo en que todo se ve bien por fuera. Para aprender a reconocerlos tenemos que conocer qué tienen en común. Sin importar doctrinas, denominación, iglesia, rito, secta, o estilo de predicación, la característica inconfundible de los líderes autoritarios es ésta: ejercen un fuerte control sobre sus congregaciones para sacar provecho personal. En otras palabras, tienen una mentalidad tendiente a dominar y manipular la conciencia de la gente para obtener algo de ella. Los líderes autoritarios, aunque sean distintos en carácter o en apariencia, siempre tienen esto en común y con tal de controlar a la gente utilizan todo tipo de trucos. Manipulan la conciencia, las creencias, las expectativas, las necesidades y en especial la Biblia. Manipulan las emociones y el respeto que sus seguidores sienten hacia ellos. Esta mentalidad de control no es algo que se hereda o que se adquiere por contagio o accidente. Es más bien la consecuencia de una vida de egocentrismo perverso.

Los reyes Saúl y Jeroboam.
La Biblia nos muestra ejemplos de esta obsesión por controlar a la gente en las vidas de líderes religiosos.
Saúl, un dirigente del pueblo de Israel, tenía obsesión de ser siempre el más importante (1ª. Samuel 15:12; 15:30; 18:6-8). Tenía tanto miedo de perder su posición que vivía en una constante preocupación. Eso lo llevó a implantar un opresivo sistema de gobierno sobre el pueblo de Dios para vigilar que nadie fuera a llegar a ser tan popular como él (1ª. Samuel 18:9-12; 19:1; 20:30-33; 22:17-18).Jeroboam, por su parte, creó un sistema religioso para controlar a las multitudes y seguir teniendo la posición cómoda y próspera de rey. Así tendría ganancias económicas, un trato especial y poder (1ª. Reyes 12:26; 28:33). La avaricia y el materialismo del “pastor” Jeroboam lo llevaron a ejercer un autoritarismo tan fuerte que aun agredió y persiguió a gente justa e inocente. (2ª Crónicas 13:8-9).

Este tipo de control autoritario es egoísmo en su máxima expresión. Es el hombre queriéndose hacer como Dios, al exigir obediencia absoluta.
Jesús no tenía una obsesión por controlar.

En contraste con todo esto, vemos que Cristo, siendo el hijo de Dios, no tuvo un espíritu de control. Cuando en una ocasión vio que varios de sus discípulos se iban, no los persiguió ni los amenazó. Tampoco montó una campaña de difamación en su contra para oprimirlos y hacerlos volver al redil. Es más, aún preguntó a Pedro y a los pocos que le quedaban, si también ellos se querían ir.

“Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?” Juan 4:66-67.Jesús tampoco actuaba como tirano ni manipulaba los sentimientos de la gente para extraerle dinero. No estaba cada dos semanas diciendo a sus discípulos que él era la autoridad. No tenía necesidad, pues los discípulos lo sabían. La autoridad de Cristo venía del servicio, del amor desinteresado y de la unción que había sobre su vida. (Mateo 20:25-28); Juan 15:12-13; Hechos 10:38). Aunque él instruía, corregía y mantenía una disciplina entre los discípulos, siempre les enseñó que las Escrituras y el Padre eran la máxima autoridad espiritual (Mateo 16:23; Juan 14:28; 5:39). Es fácil ver por qué los líderes y grupos autoritarios siempre tienen que estar adoctrinando casi hasta el punto de la obsesión a sus pupilos diciéndoles que tienen que estar sujetos a ellos y que ellos son los “ungidos” de Dios. Es porque simplemente no tienen ninguna autoridad espiritual. Por eso tienen que convencer a sus iglesias casi cada semana de que les hagan caso.

El origen del espíritu de control. ¿Qué razones puede tener un líder espiritual para querer controlar a las personas?
Existen muchas, pero todas se resumen en una: satisfacer algún deseo egoísta. Al “satanizar” a quien se ha agraviado, el líder explotador intenta aliviar el cargo de conciencia tratando de pensar en alguna manera, la víctima era “mala” y merecía haber sufrido. Por sobre todo se persigue a la víctima para intimidarla y que no denuncie los hechos. De esa manera, los pastores que abusan tratan de evitar tener consecuencias por sus acciones y seguir con su reputación intacta para poder explotar a otros impunemente. El Nuevo Testamento, en 3ª. De Juan 9-11, nos narra la historia de un líder de la iglesia, llamado Diótrefes, un sujeto que expulsaba a las personas que no se sometían a sus caprichos. El también difamaba a los que se oponían a sus maldades enseñoreándose de la iglesia. ¿Por qué actuaba así? El apóstol Juan nos dice en el versículo 9 que a Diótrefes le gustaba “tener el primer lugar” en la congregación. Su pecado y motivación eran la vanidad. Normalmente los pastores que buscan éxito a toda costa recurrirán a lo que sea con tal de no perder adeptos y disminuir su popularidad.

Los dictadores religiosos llaman rebeldes a los que salen de debajo de su sistema de control. Esto es sólo un método de manipulación para presionar a la gente y no debe tomarse en cuenta, pues en la Escritura, Dios llama rebeldes exclusivamente a aquellos que desobedecen los preceptos éticos divinos. Si una persona que decide dejar una organización religiosa no es culpable de alguna fechoría o incumplimiento de sus compromisos, entonces, ¿en dónde está la rebeldía? El término “rebelde” por lo regular se le aplica a las personas cuando se niegan a ser cómplices de manipulaciones doctrinales y actos ilícitos de líderes autoritarios.

Es sorprendente que aquellos ministros y sectas que están fuera de autoridad espiritual, tengan el cinismo de llamar rebeldes a aquellos que ciñéndose a las Escrituras los cuestionan, piden reformas a prácticas autoritarias, se niegan a participar en ilícitos y los denuncian. Dicho de otro modo, hay sistemas religiosos que están en rebeldía, y que llaman rebeldes a aquellos que actúan en consonancia con la autoridad de las enseñanzas de Jesús. ¡Increíble!

Irónicamente, el Nuevo Testamento mismo es el que califica de rebelde a aquellos ministros y grupos religiosos que aparte de sus innumerables fraudes, inmoralidades y desobediencia al Evangelio de Cristo, condenan a los inocentes llamándoles “rebeldes”.

Nunca debemos temer las acusaciones de “rebeldía” que provienen de ministros que viven en forma inmoral o deshonesta o que se han apartado de las enseñanzas de Cristo. No tienen ninguna autoridad divina.

El mito de que no hay que cuestionar a los ungidos.
Una de las enseñanzas favoritas para infundir miedo y mantener las conciencias de la gente cautivas y sin utilizar su razón, está basada en este texto del Antiguo Testamento: “… no toquéis, dijo, a mis ungidos…” Salmo 105:15)
Con este pasaje los líderes autoritarios pretenden, en primer lugar, establecerse ellos mismos como tales ungidos. En segundo lugar enseñan que nadie en su congregación puede cuestionar en base a las Escrituras al ministro, ni señalar que alguna práctica o doctrina está mal, ¡mucho menos decir que está en pecado, aunque sea comprobable y esté afectando a las personas!, pues eso es “tocar al ungido” y según dicen ellos, “te acarreará el castigo de Dios sobre tu vida”.

De esta manera pueden enseñar lo que ellos quieran, y así también pueden conducirse como mejor les parezca sin tener que responder ante nadie por nada de lo que hacen.
Esta doctrina de “sujeción a la autoridad” no sólo es falsa, también es contraria a las enseñanzas de Jesús, pues el Nuevo Testamento enseña que si nuestro prójimo “cae en pecado o enseña error, tenemos la obligación de exhortarlo: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”. Mateo 18:15.

El Nuevo Testamento enseña que si nuestro prójimo está en pecado, tenemos el deber y compromiso de confrontar su falta. El negarse a hacer eso es pecado. Es una falta de amor.

El mito de que no hay que cuestionar a los autonombrados ungidos es falso, pues se contradice con estos claros mandamientos del Nuevo Testamento.
La interpretación correcta del texto: “No toquéis, dijo, a mis ungidos”.

¿Entonces qué significa realmente el pasaje del Salmo 105:15?
En primer lugar se refiere, en el contexto, a Abraham y su descendencia en su etapa inicial como “los ungidos”, no a un líder particular. En ese caso una aplicación moderna del pasaje sería que no se debe tocar a ningún miembro del pueblo de Dios.
¿Pero qué significa “tocar”? Bueno, el pasaje fue dado para que las poderosas naciones vecinas del pueblo hebreo, en aquel entonces un pequeño grupo nómada, no lo saquearan, mataran o robaran mientras iban en sus peregrinaciones. “Tocar” significaba en el contexto, no dañar físicamente a Abraham y su familia. Esto es todo lo que dice el pasaje y si nos damos cuenta, esto no tiene nada que ver con que esté prohibido confrontar, reprender, denunciar, cuestionar o apartarse de un líder religioso que delinque o tuerce las enseñanzas de Cristo.

Si como los líderes autoritarios nos dicen, “tocar” a un ungido es cuestionar a un ministro y eso está prohibido, entonces ¿por qué Pablo cuestionó y reprendió a Pedro y luego registró el hecho en una carta como ejemplo a los cristianos de Galacia? (Gálatas 2:11-16)

Aprendamos esto: La Biblia nos permite tanto cuestionar a los ministros, como también confrontarlos cuando vemos que hay un serio error doctrinal o de praxis ética en sus vidas. Esto lo establece claramente la Palabra de Dios:
- “Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe”. Tito1:13
- “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” 2ª. Timoteo 4:2-3
- “Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñasen diferente doctrina” 1ª. Timoteo 1:3
De hecho, no sólo tenemos el derecho de cuestionarlos. También tenemos el derecho de abandonarlos y salir de su esfera de influencia si se rehúsan a corregir su conducta inmoral o enseñanzas torcidas. Leamos lo que enseña al respecto Cristo:
- “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”. Mateo 15:14.

- “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado un hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”. Mateo 18:15-17.
Con todo lo anterior vemos que los grupos autoritarios manipulan las Escrituras para evitar rendir cuentas de sus acciones a los fieles.
FUENTE:La verdad es Cristo.
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