miércoles, 27 de enero de 2010

¿Había instituciones educativas en Israel?

Muchos especialistas creen que las escuelas comenzaron a aparecer en Israel después del exilio de Judá. Otros sostienen que había instituciones educativas antes de ese momento. Esta discrepancia se debe a que la Biblia no es clara al respecto, por lo que nos vemos forzados a basarnos en inferencias o evidencias circunstanciales.

Comenzaré con una descripción general de las escuelas del Antiguo Cercano Oriente, seguida de un breve análisis de las evidencias bíblicas al respecto.

1. Las escuelas del Antiguo Cercano Oriente: Comenzamos con lo que se acepta como hecho histórico, a saber, que había escuelas en la Mesopotamia y Egipto mucho antes de que estuvieran los israelitas. Uno podría aducir fácilmente que Moisés asistió a esas instituciones. Se ha sugerido que en Egipto había escuelas del templo, la corte y militares que brindaban la preparación profesional y técnica necesarias para los que trabajaban en esos lugares. Se ponía mucho énfasis en aprender a escribir, una tarea que demandaba varios años debido a la complejidad de los jeroglíficos egipcios. Los estudiantes eran básicamente los hijos varones de la clase alta. Las hijas del faraón asistían a algunas de estas escuelas.

En Mesopotamia el sistema de escuelas floreció por el año 2500 a. C. para los estudiantes de familias acaudaladas.

Aunque hay evidencias que indican que en Egipto se impartía la enseñanza en lugares cerrados, en Mesopotamia solía enseñarse en el patio de la corte. Los estudiantes se sentaban sobre pequeñas alfombras y practicaban la escritura en pequeñas pilas de arena. Se requerían años de preparación para aprender los cientos de signos sumerios y acadios. Las escuelas preparaban personal para el templo, para el trabajo en la corte real o como líderes militares. Los estudiantes aprendían idiomas, música, adivinación, matemática, álgebra, astrología y otros temas relacionados con el bienestar del país.

2. Las escuelas en Israel: La educación de los niños era tarea de ambos padres. Estos eran responsables de la instrucción religiosa básica (véase por ejemplo Deut. 6:4-9,

20-25). La educación profesional estaba a cargo del padre, que transmitía a su hijo sus habilidades profesionales. 
Como el alfabeto hebreo consistía en veintidós consonantes, era relativamente fácil enseñar y aprender a leer y escribir. Esto podría indicar que la alfabetización de Israel era un tanto mejor que en Egipto y Mesopotamia (Jos. 18:9; Deut. 24:1). Sabemos que utilizaban acrósticos para facilitar la memorización del alfabeto. El poema de la mujer virtuosa (Prov. 31:10-21) es un acróstico que menciona las habilidades básicas que se esperaban de las mujeres de Israel. Se menciona por ejemplo la administración del hogar, la horticultura, el tejido, el diseño y la crianza de los hijos. Esta preparación podía llevarse a cabo en el hogar o en la escuela.

Varios argumentos respaldan la existencia de escuelas en Israel. En primer lugar, el hecho que las escuelas existían en otras naciones cercanas y contemporáneas, sugiere la probabilidad que también existieran en Israel. En segundo lugar, era necesario instruir a los levitas y sacerdotes en los temas relacionados con el Templo, tales como los tipos de sacrificios (Lev. 1-5), las distinciones entre lo puro y lo impuro (Lev. 15), los rituales (Lev. 16), los festivales (Lev. 23), etc. En tercer lugar,

los jóvenes necesitaban preparación para trabajar en puestos administrativos y como asesores de los reyes. Estos puestos requerían saber leer, el aprendizaje de lenguas extranjeras, el desarrollo de estrategias militares, la fabricación de armas y su uso, etc. En cuarto lugar, se necesitaban escribas que asistieran a la población en general y al rey, en la redacción de documentos legales oficiales, el registro de las crónicas del reino y la preservación de los libros religiosos que hallamos en la Biblia. Es probable que las llamadas “escuelas de los profetas” hayan servido para este propósito (2 Reyes 2:3; 6:1).

3. Dios como Maestro: Existía la sólida convicción de que el verdadero maestro de Israel era el Señor (Isa. 2:3). Por ello, cada maestro era un instrumento de Dios en la formación del carácter de los estudiantes y en el desarrollo del conocimiento y habilidades que necesitaban para servir al Señor, a su pueblo y al reino.
¿No deberíamos continuar esperando que el Señor sea el maestro de nuestros jóvenes por medio de docentes dedicados y consagrados? ¡Por supuesto!
Fuente: Eventos Finales.
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