jueves, 3 de diciembre de 2009

El suicidio, segunda causa de fallecimiento entre los jóvenes españoles


A pesar de que las cifras son espeluznantes, con 3.263 personas fallecidas por suicidio en el 2007, España sigue sin contar con un plan nacional integral de prevención del suicidio. Sólo el Hospital de Sant Pau, en Barcelona, cuenta con un programa para alargar la supervivencia de aquellos que quieren acabar con su vida.

Los trastornos mentales, las enfermedades muy graves, el aislamiento social o los acontecimientos vitales estresantes pueden llevar a las personas a tomar la grave decisión de intentar quitarse la vida.

«Si usted está pensando en el suicidio ahora por favor espere y tómese unos minutos para leer esto: yo no sé quién es usted, sólo sé que es alguien que siente un dolor profundo (...). También sé que en este momento está leyendo esto, y eso es bueno». Este texto puede leerse en la web del Programa de Prevención de la Conducta Suicida Sector Dreta Eixample del Hospital de Sant Pau, en Barcelona, el único programa integral que hay en España para posibles suicidas.

Durante 2007 (últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística), se suicidaron en España 3.263 personas, un número ligeramente inferior a los muertos por accidente de carretera, que fueron 3.811. La dimensión del problema es tal que, entre los jóvenes de 15 a 24 años, es la segunda causa de muerte, sólo por detrás de los accidentes de tráfico. La preocupación crece si se tiene en cuenta que, según los expertos, por cada suicidio hay entre 20 y 30 intentos.

Ante estas cifras, las autoridades sanitarias consideran el suicidio un problema de salud pública de primer orden. De hecho, uno de los objetivos de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud es realizar acciones específicas para disminuir las tasas de suicidio en grupos de riesgo. Pero la realidad es que en España apenas hay planes y mucho menos integrales. «Se tiene conciencia del problema pero la práctica es otra cosa», afirma el jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Saiz.

EL TABÚ DEL SUICIDIO
El programa de Barcelona es una excepción. La responsable, Carmen Tejedor, explica que el objetivo del proyecto es detectar al mayor número de personas en riesgo de acabar con su vida, y para ello han buscado la complicidad, de «los gatekeepers [porteros]», es decir, esa gente que está en contacto con mucha otra, que es una referencia en el barrio: farmacéuticos, asistentes sociales, curas. «Los herboristas son fantásticos, colaboran mucho con nosotros».

La vergüenza, el pudor o la incomprensión hacen que la gente prefiera ocultar que un miembro de su familia o él mismo ha intentado suicidarse. La autodestrucción, explica Tejedor, continúa viéndose como un acto voluntario, como algo que se elige, no como un acto de desesperación. Por esta razón, la sociedad condena a los suicidas, al mismo tiempo que a menudo culpa a amigos y familiares de la víctima.

Pero a diferencia de lo que se viene haciendo, los médicos advierten de que «nunca hay que negar el suicidio». Al contrario: si alguien habla de él, lo mejor es afrontarlo. Además, aseguran, es importante que los médicos de atención primaria y los gatekeepers conozcan cuáles son los factores de riesgo. En este sentido, el Programa de Intervención Específica para evitar los suicidios en el área de Orense tiene como objetivo prioritario centrarse en la Atención Primaria, aunque el seguimiento no es tan exhaustivo como en el caso barcelonés.

Padecer un trastorno mental, haber llevado a cabo un intento de suicidio, tener una enfermedad que obligue a tomar mucha medicación, el aislamiento social o los acontecimientos vitales estresantes son factores que en un momento determinado pueden distorsionar los pensamientos de una persona hasta hacerle creer que la única solución a sus problemas es la muerte. Se calcula que un 95% de las personas que se quitan la vida padecen una enfermedad mental. Pero las experiencias vitales traumáticas también pueden empujar a una persona a querer acabar con la propia vida.

PLANES DE PREVENCIÓN
La ola de suicidios que ha estremecido Francia en los últimos meses 25 trabajadores de France Telecom se han suicidado, ha hecho que el país galo se replantee las estrategias que usan los departamentos de recursos humanos con sus empleados. No obstante, como apunta Saiz, nadie se quita la vida sólo por presiones laborales, «hay mecanismos de defensa en las personas [para evitar que esto suceda]», sino que a menudo es una confluencia de varios factores. Aunque lo que sí es seguro es que la mayoría de esos trabajadores emitieron una señal de auxilio en algún momento antes de optar por un acto tan radical.

«No voy a discutir con usted acerca de si debería suicidarse o no (...). Sentirse inseguro ante pensamientos de muerte es normal. De hecho, mientras que usted desea morir, al mismo tiempo es posible que una parte de usted aún quiera vivir (...). Espere antes de tomar una decisión (...). Siempre puede suicidarse más adelante», continúa el texto de la web. Las personas que intentan suicidarse están en una situación crítica y ponen en juego su vida para llamar la atención, «para ver qué pasa», afirma Carmen Tejedor. Aunque a veces esa llamada deviene en algo irreversible. Por eso, son tan importantes los planes de prevención, advierten los expertos.

Tras casi cuatro años de funcionamiento, el Programa de Prevención del Hospital de Sant Pau acaba de publicar sus conclusiones: a los 12 meses de un acto de autolesión, sólo un 10% de los pacientes que han seguido un programa específico reincide, frente al 34% de los que no lo han seguido. Además, sólo un 8% tiene que ser ingresado en un hospital, frente al 20% de los que no han tenido un seguimiento exhaustivo. «El suicidio es a menudo la solución permanente de un problema pasajero», se advierte en la web, «consulte lo más rápidamente posible a un médico».
Fuente:Protestante Digital.
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