lunes, 23 de noviembre de 2009

Suizos donan sus pianos a Córdoba

"Se buscan pianos para la Argentina". La noticia se publicó en los diarios de un pintoresco cantón suizo en octubre. ¿El destino final? El Conservatorio Provincial de Música en la Ciudad de las Artes.

No pasó mucho desde que se lanzó la insólita campaña hasta que los suizos de Neuchatel (a dos horas en tren de Zurich) ofrecieran sus pianos para los 1.500 cordobeses que estudian en la centenaria institución oficial cordobesa. Es que la urgencia europea de "donar cultura" tiene una fuerza similar a la argentina de donar pañales y leche para las catástrofes locales.

Así se puso en marcha la "Campaña de búsqueda de pianos para la Argentina", que publicó el diario L´Express de Neuchatel (15 de octubre) y el Boletín Oficial, la semana pasada. Se espera recolectar unos 15 instrumentos que, en enero, comenzarán a recorrer los 14 mil kilómetros que separan la ciudad medieval con vista a los Alpes de la capital cordobesa. Llegarán en marzo para reemplazar a parte de los 25 vetustos pianos del Conservatorio.

Casualidades. Una cadena de casualidades comenzó a tejerse en diciembre de 2008. Un paro de empleados públicos había apagado por un instante la magia del Conservatorio Félix T. Garzón.

El sopor de la tarde estival se rompió cuando Rubén Castro, un cordobés nacido en San Vicente con domicilio en Suiza hace 30 años, golpeó a la puerta del despacho de Oscar Gieco, director desde hace siete años del Conservatorio. De paso por Córdoba, Castro se había acercado al fabuloso edificio que, desde que se inauguró en 2005, irradia música casi todo el día.

Después de su exilio político en 1979, Castro terminó su carrera de Filosofía y Letras en Suiza y se convirtió en el director de Temple du Bas –Salle de Musique–, la sala de conciertos de Neuchatel, pegada a Francia.

Así lo relató a Gieco quien, ¡oh, casualidad!, tenía pasajes reservados al cantón suizo para dictar un curso de clarinete a comienzos de este año.

Viejos y vencidos. "Gieco me mostró las salas de estudio y me contó del estado deficitario de los pianos y de las dificultades de la cooperadora. Hablamos de lo que se podía hacer para renovarlos", cuenta Castro.

El Conservatorio tiene 25 pianos; la mayoría con más de 50 años de antigüedad. "La última compra se hizo hace 30 años, todos de origen nacional", dice Gieco. El más nuevo es un Yamaha de hace 15 años, que se utiliza sólo para conciertos. Los demás están en pésimas condiciones y son utilizados por 800 alumnos de todas las edades.

"No resisten más reparación. Hay cuatro donados por particulares que están buenos, pero el resto es un desastre", admite el director de la institución que en 2011 cumple 100 años. Un técnico los repara mensualmente, pero aun así el sonido es deficiente.

A la falta de inversión se suma la alta morosidad de los alumnos con la cooperadora, que se encarga de la compra de instrumentos, papelería y mantenimiento (el Estado abona la luz y los sueldos). La cuota es de 200 pesos al año, mientras que una academia de música privada de alto nivel cobra hasta 400 pesos al mes. Pese a que el arancel es simbólico, sólo el 30 por ciento de los estudiantes lo paga.

Seis semanas de viaje. Los trámites para autorizar la donación de los pianos se iniciaron de manera paralela a uno y otro lado del Atlántico. Como primer paso, Castro interesó a Los Amigos del Conservatorio de Neuchatel en la campaña de recolección; en especial al presidente Claude Bernouilli y al tesorero Hans Tschumper. Se trata de una asociación que ayuda a los estudiantes del Conservatorio de aquella ciudad a obtener becas y comprar instrumentos. Son personas que obtienen recursos de otros particulares y empresas que organizan conciertos con orquestas de otros conservatorios de suiza en el Temple du Bas, con capacidad para 820 personas.

Luego, el cordobés-suizo se contactó con Jean Baumat de la empresa Hug Musique, representante de los famosos pianos Stenway, quien controla los que vendrán a Córdoba.

También realizó las gestiones con la empresa Alejandro Pascucci, dirigida por un porteño, para el traslado de los pianos, depósito y contacto con quienes los embalarán, los cargarán en el contenedor y los despacharán en camión hasta el puerto holandés de Rotterdam. El viaje durará entre cuatro y seis semanas hasta el puerto de Buenos Aires.

"La Embajada argentina en Berna va a librar un certificado de donación en donde consta la marca, tipo y otros detalles del piano y su valor estimado", cuenta Castro.

Los costos hasta Buenos Aires corren por cuenta de los suizos. Ya se han recolectado seis mil francos (unos seis mil dólares) de los 10 mil que se necesitan para transportarlos a Argentina.

El traslado hacia Córdoba estará a cargo de la Secretaría General de la Gobernación, explicó Gieco, quien ya se encargó de toda la papelería que requiere la Aduana.

"Tuve que justificar por qué quería los pianos. No les cerraba que tuviéramos un edificio del Primer Mundo pero que no hubiera pianos", explicó el director del Conservatorio, el segundo en importancia del país, después del Nacional de Buenos Aires.

Se desconoce cuánto costará a la Provincia el traslado hasta la Ciudad de las Artes, ya que los impuestos se pagan sobre el monto declarado. Aún no hay precisiones de cuántos pianos llegarán ni a cuánto serán cotizados.

La cuestión es tener todos los mecanismos aceitados para que tan pronto desembarquen sigan su ruta. Cada día que el contenedor pasa en el puerto de Buenos Aires cuesta 400 dólares.

La maquinaria está en marcha, y los 30 mil habitantes de Neuchatel siguen empeñados en llevar un puñado de su música a Córdoba.

Sólo falta la travesía de los pianos trashumantes, por tierra y por mar, hasta su destino final.
Fuente: Lavoz.com.ar
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