sábado, 21 de noviembre de 2009

Patarroyo, más de treinta años buscando “manitas y deditos” para hallar su tesoro

“Manolo, ¿así que todo es cuestión de manitas, deditos y darles la vuelta?”. Con estas palabras, similares seguro a las que cualquiera de los asistentes ayer a la charla que el doctor Patarroyo impartió en la UNED de Ceuta habría pronunciado tras la explicación, resumió la Reina Sofía más de tres décadas de trabajo del investigador colombiano y todo su equipo en busca de una fórmula matemática que permita crear vacunas sintéticas.

El objetivo: poder erradicar todas las enfermedades infecciosas en el futuro. Dolencias que, en la actualidad, matan a 17 millones de personas anualmente y es sufrida por dos terceras partes de la población.

Desde Pasteur hasta hoy. En algo más de una hora, con el auditorio más y más interesado a medida que pasaban los minutos, el Premio Convivencia 2009 explicó las claves de un trabajo que, según indicó al final, está muy encauzado a pesar de que aún “nos queda un largo camino por recorrer en el campo matemático”. “Descubrir algo para parar todas las enfermedades que causan tantísimas muertes es un deber moral”, aseveró el investigador después de informar acerca de que, de las 517 enfermedades infecciosas que podemos padecer los humanos (más las que pueden llegarnos desde los animales), sólo se cuenta con vacunas para 13.

Cuatro fases
La problemática general, dijo, cuenta con cuatro estadios de los cuales, hasta hoy, se ha llegado a superar tres. “Desde lo biológico hemos conseguido ir a los aspectos químicos para, después, pasar al plano físico e intentar culminar el proceso con el hallazgo de una fórmula matemática”, expuso. Él y su equipo, al que mencionaba a cada paso y quiso dedicar el aplauso final del público, han emprendido esta última fase “por lo que no es absurdo pensar que se puede llegar a conseguir”.

El doctor también explicó porqué eligió el parásito que causa la enfermedad de malaria para comenzar a trabajar hace ya varias décadas. “Ha sido el mayor problema de salud pública de la historia de la humanidad”, comentó, “por ejemplo, en 2003 se registraron 500 millones de casos, muchos de ellos en el África subsahariana”. A eso se unió, según dijo, “que es una enfermedad modélica” porque sólo tarda una semana en manifestarse desde que el parásito pica; que es de muy fácil diagnóstico, “basta con una gotita de sangre visualizada en un microscopio”; que existe un tratamiento a base de quina; y que ya se ha realizado un modelo experimental con los monos aotus.
Estos pequeños primates, del tamaño de un gato, han sido en buena parte protagonistas, con el permiso del parásito de la malaria, claro. “Compartimos entre el 85% y el 100% de nuestras moléculas con ellos, por lo que cualquier resultado es extrapolable”, detalló.

Mucha paciencia
Si una palabra resume la labor constante y abnegada de Patarroyo y todo su equipo a lo largo de estos treinta años es paciencia. Pocos habrían aguantado todo este tiempo (y el que todavía falte) buscando lo que, para ejemplificar, el doctor llama “el hombro, el codo, el antebrazo, la muñeca, la mano y los diferentes deditos de los microbios”. Partes que, además de identificar hay que intercambiar y estudiar para estudiar las reacciones “para que los anticuerpos puedan luego hacer su labor”.
Mucho tiempo que condujo a que mucha gente osara afirmar que Patarroyo, científicamente, estaba muerto. “Pero estaba y estoy más vivo que nunca buscando todas las manitas del parásito de la malaria”, aseguró. Ahora, con los últimos descubrimientos publicados en las más reputadas revistas científicas, contó que junto a su equipo está trabajando con masas, volúmenes y cargas de moléculas. “De este modo nos va a dar igual ya que estemos hablando de malaria, de hepatitis o de cualquier otra enfermedad infecciosa”, sentenció. Al término de una conferencia magistral, Patarroyo confesó que lo que más le atrae de todo su trabajo es “la posibilidad de manejar mundos diferentes”, algo que le permite “crear mundos nuevos, tal y como me indicó mi padre”.
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