martes, 17 de noviembre de 2009

No se baja de peso sólo con ejercicio


En la lucha contra la obesidad, se recomienda la práctica deportiva. Sin embargo, los últimos estudios sostienen que lo que realmente cuenta a la hora de adelgazar es la dieta.

Por HELEN RUMBELOW.

En 1932, Russell Wilder, uno de los más destacados expertos en obesidad, afirmó ante el Colegio de Médicos de EEUU que sus pacientes perdían más peso "reposando en la cama que haciendo ejercicio".

En la actualidad, todos creemos que el ejercicio físico es una forma ideal de perder peso. Sin embargo, el pronóstico es que el 90% de los niños de hoy día serán adultos con sobrepeso u obesos en 2050. De ahí que, en cuanto vemos que nuestros críos se ponen regordetes, les mandemos, a gritos, a hacer deporte.

Que hacer ejercicio es clave para perder peso es algo que tenemos tan interiorizado en nuestra cultura que ponerlo en duda resultaría ridículo. Aunque eso es precisamente lo que están haciendo algunos investigadores. Los estudios más recientes demuestran que se han exagerado los beneficios del ejercicio físico a la hora de perder peso (una conclusión polémica que no será fácilmente aceptada por todos).

La idea de que el ejercicio contribuye a quitarse kilos de encima surgió en los años 80, al mismo tiempo que se hacían patentes los perjuicios de la obesidad. Con el transcurso de los años, los médicos descubrieron, además, que el ejercicio reduce la depresión y disminuye el riesgo de enfermedades cardiacas, de algunos cánceres, de la diabetes y la demencia, entre otros beneficios. Se hizo evidente que, como especie, vivimos más tiempo y con mejor salud cuando ejercitamos los músculos.

MEDIR LAS CALORÍAS. Todo eso puede influir en que algunos médicos sean reacios a confesar que el ejercicio ha demostrado ser un método poco eficaz para perder peso. Una investigación realizada recientemente por la prestigiosa Clínica Mayo, en EEUU, determinó que "sólo con ejercicio físico no se consigue una pérdida de peso, o, en todo caso, ésta es modesta... Es probable que un programa de ejercicios físicos no dé como resultado una pérdida de peso a corto plazo por encima de lo que se consigue con un cambio de los hábitos alimenticios" (aunque es importante dejar claro que pocas personas pueden dejar de engordar, con el tiempo, si no hacen algún tipo de actividad).

Dos investigaciones diferentes, de la Universidad de Pittsburgh (Pennsilvania, EEUU) y de Timothy Church, director del Laboratorio de Medicina Preventiva del Centro Pennington de Investigación Biomédica de Luisiana (EEUU), alcanzaron idénticas conclusiones. Ambas instituciones organizaron diversos grupos de cientos de mujeres sedentarias y les asignaron, al azar, la práctica de diferentes ejercicios. Los resultados fueron sorprendentes: las mujeres perdieron peso en similar proporción con independencia del grupo al que pertenecieran. Incluso, hasta el grupo al que no se le impuso actividad alguna, perdió una cantidad similar al que perdían quienes practicaron deporte.

¿Qué es lo que ocurre? En primer lugar, se ha demostrado que, en general, las calorías realmente quemadas en una sesión de ejercicio son la mitad de lo que se estima. De hecho, quien 'compensa' con una magdalena una caminata a buen paso, ingiere más calorías de las que ha quemado.

En segundo lugar, el ejercicio físico hace que casi todo el mundo coma más. "No creo que sea porque se pase hambre; creo que es una cuestión de premiarse a uno mismo", opina Church.

EN LOS NIÑOS. Un análisis realizado a 18 programas de ejercicio físico en escuelas, publicado en la 'Revista de la Asociación Médica Canadiense', concluyó que, en ningún caso, una mayor intensidad de la educación física reducía el peso de los niños.

Terry Wilkin, profesor de Metabolismo en el Hospital Derriford de Plymouth (Inglaterra, Reino Unido), ha realizado un estudio pionero sobre obesidad infantil. Por primera vez, se han empleado acelerómetros para medir con precisión los niveles de actividad física en el transcurso de toda una vida. El primer descubrimiento es que, si se incrementan los niveles de ejercicio físico en la escuela, los niños hacen menos ejercicio en casa, y viceversa. Parece como si tuvieran un nivel predeterminado de actividad física que fueran agotando a lo largo del día.

En segundo lugar, el profesor ha descubierto que, si bien los niños gorditos eran menos activos, era la obesidad lo que causaba la inactividad y no su pereza lo que los convertía en obesos. "Tumbarse en el sofá no engorda a nadie, sino que, si alguien tiene sobrepeso, es más probable que se tumbe en el sofá", afirma Wilkin.

"Es la obesidad lo que induce a la inactividad a los niños, y no al revés. Esto es de una importancia fundamental. Incluso en el caso de que se pudiera modificar la actividad física de un niño, y no hay registrado ningún estudio que demuestre que se puede hacer, posiblemente esto no llevaría a hacerle perder peso", explica el doctor.

CAMPAÑAS. El trabajo de Wilkin demuestra que donde está la clave es en el régimen alimenticio y no en el ejercicio físico, y que es necesario intervenir urgentemente para impedir que los niños coman demasiado, incluso, desde que son bebés. En cuanto a nuestro país, en 2005, el Ministerio de Sanisad puso en marcha en nuestro país la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad, conocida como Estrategia NAOS, para sensibilizar a la población del problema que la obesidad representa para la salud. Ese mismo año, España se convertía en el tercer país europeo con mayor porcentaje de niños obesos (un 34%), según datos de la Comisión Europea.

La entonces ministra de Sanidad, Elena Salgado, anunció la puesta en marcha de la Estrategia NAOS que se caracteriza por incluir actuaciones en los ámbitos familiar, empresarial, sanitario y educativo. Aunque fomenta el deporte, este plan hace especial hincapié en promocionar una alimentación saludable. Así, Sanidad alcanzó acuerdos con el sector privado, todos relacionados con la alimentación, como reducir el porcentaje de sal en el pan o la eliminación de máquinas expendedoras de comida y bebida en colegios. Así, el plan español encaja con lo propuesto por Wilkin.

LA REALIDAD. Otro estudio que avala la teoría de Teery Wilkin, es el del profesor Boyd Swinburn, que presentó este verano ante el Congreso Europeo sobre Obesidad, celebrado en Holanda. Tiempo atrás, había determinado cuántas calorías eran necesarias para mantener un peso corporal correcto. Con los datos de disponibilidad de alimentos en EEUU, calculó cuánta comida habían consumido los norteamericanos desde 1970 hasta los primeros años de esta década.

Formuló después un pronóstico sobre cuánto peso debería haber aumentado el estadounidense medio a la vista de las calorías ingeridas. Cuando compararon sus cálculos con el aumento real de peso, resultó que habían clavado sus predicciones. Es decir, que la intensificación de la actividad física (desde los 80) había tenido un impacto mínimo en el peso de las personas. Los niños de EEUU aumentaron de media, 3,36 kilos. Para que recuperaran los niveles de mayor delgadez de los 70, tendrían que reducir su ingesta unas 350 calorías al día. Eso es lo mismo que prescindir de una barrita de chocolate y de un 'brick' de zumo de frutas o, alternativamente, caminar dos horas y media más de lo habitual al día.

Eso sí, si elige comerse la barrita de chocolate, hágalo despacio, ya que, según un estudio de la Universidad de Atenas, comer rápido engorda más. Cuando se ingiere deprisa, se reduce la producción de la hormona que provoca la sensación de saciedad.
FUENTE:ELMUNDO.ES
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