viernes, 6 de noviembre de 2009

LA FIRMEZA DE LA IGLESIA FIEL

Por: Rvdo. David Horta*

“Y escribe al ángel de la iglesia en FILADELFIA: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser judíos, y no lo son, mas mienten; he aquí, yo los constreñiré á que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado. Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar á los que moran en la tierra. He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:7-12).

“No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino” (Lucas 12:32).

I. INTRODUCCIÓN

La Iglesia de Jesucristo a través de los tiempos a debido enfrentarse permanentemente a las dificultades y pruebas que como mortales zarpasos, el “león rugiente” a lanzado y lo seguirá haciendo porque sabe que tiene poco tiempo.

“Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore: Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo” (1 Pedro 5:8-9).

Si eres miembro del cuerpo de Cristo, o sea de la Iglesia fiel y verdadera, prepárate para enfrentar un enemigo. Quizás no quieras pensarlo ni aceptarlo, pero si has determinado seguir a Jesús con todo tu corazón, Satanás te ha marcado para destrucción. Y él va a inundar tu vida con toda clase de problemas.

El apóstol Pedro advierte: “Mas el fin de todas las cosas se acerca: sed pues templados, y velad en oración” (1 Pedro 4:7). En otras palabras, él está diciendo: “Este no es el tiempo de liviandad ni de falta de compromiso. Tienes que estar sobrio mentalmente en los asuntos espirituales. Es cuestión de vida o muerte”.

¿Por qué la necesidad de estar serio? El final está cerca y nuestro enemigo ha aumentado el fuego. Nos está buscando como león, escondiéndose en la hierba, esperando la oportunidad para saltar. Él quiere devorarnos, absolutamente destruir nuestra fe en Cristo. Desde que Cristo fundó la iglesia el quiere destruirla a como dé lugar.

Algunos cristianos dicen que no debemos hablar acerca del diablo, que es mejor que lo ignoremos. Otros tratan de negar su existencia. Por ejemplo, teólogos liberales discuten que no hay diablo, ni infierno, ni cielo.

Pero el enemigo de nuestras almas no va simplemente a desaparecer. Pocas figuras bíblicas han sido identificadas tan clara y extensivamente. Es descrito como Lucifer, Satanás, diablo, engañador, estorbador, maligno, usurpador, impostor, acusador, devorador, dios de este mundo, gobernador de las tinieblas, serpiente antigua. Estas descripciones enfáticas me dicen que el diablo es real. Y sabemos por las Escrituras que él maneja un poder real. Ahora mismo él está obrando en la tierra, en nuestra nación, ciudades, congregaciones, hogares, y vidas individuales.

II. LA IGLESIA FIEL

La Iglesia de Jesucristo, o la “Iglesia Fiel” es una y no tiene un nombre denominacional determinado ya que la componemos todos aquellos que hemos sido limpiados de nuestros pecados, en la sangre del Cordero por sola fe en el hijo de Dios, nuestro Salvador Jesucristo.

La Iglesia Fiel eso si es identificable por características propias, que la Biblia nos indica y que las vemos claramente especificadas en el mensaje a la iglesia apostólica de Filadelfia.

1. “Yo conozco tus obras: …”. La Iglesia Fiel al igual que Filadelfia es una iglesia irreprochable que trabaja incansablemente y mantiene una posición sólida. El “Yo conozco tus obras…”, implica que Dios sabe y valora el esfuerzo que se hace en mantener la fidelidad; “Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; Y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido” (Apocalipsis 2:2-3).

2. La Iglesia Fiel se distingue porque guarda y ama la Palabra de Dios: “…Y has guardado mi Palabra…” (Apocalipsis 3:8). Hoy cuando existe un ataque permanente del diablo para corromper y destruir la Palabra de Dios; la Iglesia Fiel permanece firme en ella, tomando una decisiva acción de defensa de la fe y proclama del evangelio de Jesucristo en su pureza original. Esta defensa no se puede hacer sino existe amor por Dios y su Palabra; Pablo dice a los filipenses: “Pero los otros por amor, sabiendo que soy puesto por la defensa del evangelio” (Filipenses 1:17). El guardar la Palabra implica pelear la batalla de la fe, defendiendo activamente la sana doctrina; “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, á la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos” (1 Timoteo 6:12). El que guarda la Palabra, obedece a Dios en amor; “Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada” (Juan 14:23).

3. La Iglesia Fiel no niega el nombre de Jesucristo. Hoy hay muchos que llevan el nombre de Jesucristo en sus labios, pero le niegan constantemente en sus actos, lo que significa que verdaderamente no está en sus corazones. Estos son los que traen el mundo a la Iglesia, aquellos que pervierten el Evangelio. La Biblia nos advierte al respecto: “Pero hubo también falsos profetas en el pueblo, como habrá entre vosotros falsos doctores, que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos perdición acelerada” (2 Pedro 2:1).

La Iglesia de Filadelfia debió sufrir la opresión de un mundo pagano y de una religión muerta y por ende falsa, pero nunca la iglesia desfalleció, mantuvo la fidelidad a su Señor, esta es la Iglesia Fiel, esta es la iglesia que reinará junto a Él; “Si sufrimos, también reinaremos con él: si negáremos, él también nos negará” (2 Timoteo 2:12).

Cada uno de nosotros está llamado a permanecer fiel y a llevar con amor el nombre de Jesucristo en nuestras vidas y a su presencia en nuestros corazones.

III. LA FIRMEZA DE LA IGLESIA FIEL

Cuando hemos visto las características de la Iglesia Fiel nos conviene desarrollar un poco más la respuesta a la pregunta, ¿en que se basa la firmeza de la Iglesia Fiel?. La Iglesia hoy puede perder el rumbo al respecto, ya que muchos creen que la firmeza pude basarse en las capacidades humanas, en los recursos, en las cualidades de una congregación etc. La lista puede ser más larga de lo que creemos.

En el mensaje a la Iglesia de Filadelfia se consigna que esta iglesia pudo haber sido muy débil y con poco poder en el ámbito que se desenvolvía, pero era indispensable que así fuera, la Iglesia hoy pareciera ser más firme y segura de acuerdo a su capacidad, pero esto es humano. Dios necesita que la Iglesia no base su firmeza en sus propias capacidades, sino en El mismo, en Dios. La Iglesia debe de basar su testimonio y firmeza en la autoridad del Espíritu Santo, de esta manera será un testimonio firme, sólido e irresistible.

El apóstol Pablo señaló: “Porque lo loco de Dios es más sabio que los hombres; y lo flaco de Dios es más fuerte que los hombres. Porque mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles; Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar á los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte; Y lo vil del mundo y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es; Para que ninguna carne se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:25-29).

Pablo añadió a esta verdad con su propia experiencia, diciendo: “Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso” (2 Corintios 12:10), esto porque el Señor le había dicho: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo” (2 Corintios 12:9).

La firmeza de la Iglesia está en el poder de Jesucristo. La Iglesia hoy no debe perder está verdad, ya que su solidez se basa en ello; en Jesucristo la piedra reprobada por los hombres; “Si empero habéis gustado que el Señor es benigno; Al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa, Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espitirual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en ella, no será confundido. Ella es pues honor á vosotros que creéis: mas para los desobedientes, La piedra que los edificadores reprobaron, Esta fue hecha la cabeza del ángulo; Y Piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron también ordenados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2:3-9).

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). La firmeza y poder de la Iglesia está en nuestro Dios.

IV. CONCLUSIÓN

El diablo declaró guerra contra la Iglesia Fiel, osea la simiente de Cristo. Esto quiere decir que está en guerra con cada creyente verdadero en la tierra. Apocalipsis 12:13 y 17, nos dice:

“Y cuando vio el dragón que él había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había parido al hijo varón”. “Entonces el dragón fue airado contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.”

Satanás ha dirigido su ira contra la iglesia de Jesucristo. Y ha reservado su peor ira para los creyentes que guardan los mandamientos de Dios y confían en él.

El diablo sabe que esta guerra es su última oportunidad, porque sólo queda un corto tiempo antes del regreso de Cristo por su novia: “...sabiendo que tiene poco tiempo” (verso 12). Por lo tanto, la guerra de Satanás contra la Iglesia Fiel es la más intensa de todas. Él quiere ganar lo que perdió con Cristo, así que no se detendrá ante nada por destruir la fe de la Iglesia. Esto significa que va a usar todas sus armas contra nosotros, toda sutileza, y engaños. Lo anterior nos llama a permanecer vigilantes y en conciencia espiritual respecto a los momentos que vivimos como hijos de Dios y parte de la Iglesia de Jesucristo. Y cuando estemos en estas aflicciones, combates y pruebas recordemos las Palabras que el Señor dio a la Iglesia de Filadelfia; “Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar á los que moran en la tierra” (Apocalipsis 3:10). Que consuelo tremendo es saber que si permanecemos fieles en la paciencia, aún cuando sufrientes, seremos librados de la hora amarga de la Gran Tribulación.

Y aún más recordando las palabras del evangelio de San Lucas; “No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino” (Lucas 12:32), con cuantos renovados bríos debemos de “pelear la buena batalla de la fe”.

Que Dios sea levantando nuestros brazos caídos y nos lleve a la victoria. La Biblia dice: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:12).
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