martes, 17 de noviembre de 2009

Jaakov Keitel, extremista que atentó contra judíos mesiánicos, ve a Dios «orgulloso» de sus ataques

JERUSALEM, 15/11/2009 (CBN News, La Voz de Galicia, El País, Mundo Cristiano/ D. Hofkamp, ACPress.net)

Hace dos semanas el extremista judío Jaakov Keitel fue detenido por la policía israelí, al ser sospechoso de tres asesinatos y varios ataques fallidos contra cristianos, árabes, homosexuales y críticos de la ocupación en Israel. En su comparecencia ante los tribunales, el acusado no mostró ningún arrepentimiento. «Fue un placer y un honor servir a mi Dios», proclamó desafiante.

Yaakov Teitel tiene 37 años de edad y lleva 10 años luchando, a su manera, por sus ideales. Vivía en Cisjordania, en los territorios ocupados por Israel. Desde allí perpetró ataques a todos aquellos que pensaran diferente, fueran cristianos, musulmanes, o compatriotas «traidores» críticos con algunas de las políticas del Estado. Y está convencido de que hizo lo correcto. «Fue mi honor y mi placer servir a mi Dios, estoy orgulloso de lo que hice, y no me arrepiento», declaró Teitel ante el juez, según recoge el diario The Jerusalem Post.

Entre los afectados por sus actos terroristas se encuentra una familia de judíos mesiánicos, es decir, judíos que creen en Jesús como el Cristo. La familia Ortiz sufrió el ataque en marzo de 2008, cuando un aparente paquete de caramelos estallaba en su casa, situada en un tercer piso. La violenta explosión dejó graves daños en la estructura y malogró automóviles que se encontraban al pie del edificio. Pero la peor parte se la llevó el hijo, Ami Ortiz, que estuvo a punto de perder la vida a causa de la explosión.

En octubre de este año se produjo, por fin, la detención de Keitel, mientras colocaba carteles a favor de un ataque realizado a homosexuales judíos. En su triste historial se cuenta el asesinato de dos palestinos, actos investigados en 1997 de los que no se hallaron pruebas concluyentes, la colocación de minas y veneno en territorio palestino, y el envío de explosivos a hogares como el de la familia Ortiz, o a personas contrarias a la ocupación israelí, como el profesor Sternhell, un académico de gran prestigio en Israel.

La policía encontró en el domicilio de Keitel un amplio arsenal de armas: seis fusiles y subfusiles automáticos, munición y explosivos. Los objetivos contra los que actuó Keitel son los más desprotegidos en Israel, donde los actos extremistas violentos crecen en los últimos años y muchas veces quedan impunes por falta de pruebas.

VECINO DE SUS VÍCTIMAS
Uno de los ataques perpetrados por Keitel ocurrió el año pasado, en el mes de marzo, contra los Ortiz, judíos mesiánicos de la comunidad de Ariel. Una bomba destruyó la casa de la familia y dejó a Ami Ortiz, de quince años, malherido y al borde de la muerte. Sus padres explican que tras un año de intenso tratamiento médico y oraciones de muchos creyentes, Ami se recuperó.

Aun así, la noticia de la detención les afectó profundamente. «Nos dio escalofríos. En otras palabras, sentí frío en mi corazón porque aunque sabemos que son personas de carne y hueso las que lo hicieron, al descubrir de qué barrio venían, que eran nuestros vecinos», dice Leah Ortiz, madre de Ami. El padre, David Ortiz, asegura que tiene compasión por los responsables: «sentí dolor por esta gente, oré por ellos esta mañana. Ellos trataron de asesinar personas y arruinar una vida entera».

Yosi Graver es quien representa legalmente a la familia ante los tribunales. «Nos sorprendió que el ataque pudiera ser realizado por judíos, y decidimos tomar este caso sobre una base ideológica». El abogado explicó que este caso es representativo de las injusticias que se infringe a los judíos mesiánicos, todavía vistos como una amenaza por parte de sus compatriotas. «Para mí fue lo más natural defender a la familia Ortiz, que forman parte de una minoría en Israel, contra gente que cree que pensar diferente es una razón legítima para tratar de asesinar y matar», alegó Graver.

Pese al sufrimiento de este año y medio y a que su hijo estuvo al borde de la muerte, los Ortiz aún quieren que el responsable conozca el evangelio. «Aunque hay gente que desprecia al Señor, yo quisiera, de alguna manera, comunicarles que Yeshúa es el Mesías y que Él no se ha olvidado de las promesas que hizo a sus antepasados, Abraham, Isaac y Jacob», explicó David a los medios.

Leah Ortiz espera que este caso ayude a mejorar la situación de los judíos mesiánicos. «Que nosotros, como creyentes, podamos ejercer nuestra libertad de religión, ejercer abiertamente nuestra fe sin temor a ser atacados, a perder empleos, a que expulsen a nuestros escolares, lo que sea. Yo pido a Dios que esto traiga más libertad religiosa para los mesiánicos en Israel».
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