lunes, 23 de noviembre de 2009

"El ascenso de China es positivo; reequilibra el poder mundial"

En una conferencia internacional de negocios con China, celebrada recientemente en Lisboa, Charles Tang, presidente de la Cámara de Comercio chino-brasileña con sede en São Paulo, presentó a José Dirceu (Passa Quatro, 1946) como el arquitecto del nuevo Brasil que despega en un mundo en recesión. Formalmente, Dirceu es un consultor con una buena cartera de clientes con intereses en el gigante suramericano, que viaja por todo el mundo. En realidad es mucho más. Todo el mundo lo sabe en Brasil. Guerrillero en los tiempos de la dictadura, amigo y estrecho colaborador de Luis Inácio Lula da Silva desde la fundación del Partido de los Trabajadores (PT) hace 30 años, fue el hombre más poderoso del primer Gobierno del antiguo sindicalista, en el que ocupó la jefatura de la Casa Civil de 2003 a 2005, puesto equivalente a primer ministro. Hasta que cayó en desgracia, atrapado en un escándalo de compra de votos en el Congreso brasileño, conocido como Mensalão, que provocó una grave crisis política y le costó la salida del Gobierno, la pérdida del escaño de diputado, la inhabilitación para ocupar un cargo de libre elección hasta 2015 (tendrá 69 años) y un proceso abierto en el Tribunal Supremo.

"Es natural que Brasil lidere la integración de Mercosur"

"América del Sur evolucionará hacia la moneda única, como Europa"

"Si Brasil crea dos millones de empleos, será otro país"

El cerebro gris del Gobierno de Lula y brazo derecho del presidente desapareció de la escena pública en 2006. Pero no de los círculos del poder. Discretamente, Dirceu ha seguido de cerca los avatares de la política brasileña, que conoce al dedillo, y allí ha estado para opinar, aconsejar y orientar, siempre que Lula lo ha necesitado. Hay quien opina que es la cara oculta del Gobierno brasileño. Es posible. Nunca abandonó las filas del PT, y desde la sombra contribuye a preparar la campaña de Dilma Rousseff, candidata a suceder a Lula en la Presidencia de la República. Lleva la política en las venas. Poco a poco, vuelve a asomar la cabeza, para desesperación de sus enemigos, y se deja ver en foros internacionales para exponer sus ideas, más vivas y actuales que nunca.

Rodeado de dirigentes e inversores chinos, Dirceu ha expuesto en Lisboa su convicción de que "China será determinante para financiar el desarrollo de África y de América del Sur". Al término de la conferencia concedió la siguiente entrevista a EL PAÍS.

Pregunta. La inmensa mayoría de ponentes en este foro han cantado las excelencias del papel de China en África, América Latina y Asia. ¿Todo es color de rosa en la presencia china en los tres continentes?

Respuesta. El ascenso de China como una potencia económica, política y social es altamente positivo para la humanidad, porque reequilibra el poder mundial. Ayuda a países como Suráfrica, India y Brasil. El mundo no iba bien con el poder imperial de EE UU y con el militarismo que acabó predominando en la era Bush. Con su menosprecio hacia los organismos internacionales, la diplomacia y la negociación.

P. La primera ministra de Mozambique subrayó que China no tiene dogmas cuando invierte en infraestructuras. No tener dogmas a la hora de financiar proyectos tiene sus peligros, ya que China apoya a países con regímenes antidemocráticos, como Sudán.

R. El presidente Lula habló recientemente de este problema. Por ejemplo, Brasil debe mantener buenas relaciones con Evo Morales y Hugo Chávez, y también con Álvaro Uribe y Alan García. Brasil no puede aislar a ningún país. Lógicamente, estamos más cerca de los gobiernos progresistas que de los de centroderecha en América del Sur. Pero la política es de Estado y no de Gobierno. Por esta razón, en muchos casos China acaba manteniendo, por intereses estratégicos, relaciones con gobiernos condenados por la comunidad internacional, como Sudán.

P. ¿Qué opinión le merece la compra de grandes extensiones de tierra en África y Brasil por parte de China?

R. No veo que sea una amenaza a la soberanía de naciones como Mozambique o Angola. China sabe que no puede ser un gigante depredador de recursos naturales y materias primas de un país. Tiene que asociarse con empresas privadas y los gobiernos de estos países para construir infraestructuras y desarrollar tecnologías. Los actuales dirigentes chinos han demostrado tener sensibilidad internacional y sensibilidad política.

P. Usted ha dicho que China y Brasil no son economías complementarias, sino competitivas. ¿Cuál es el desafío en las relaciones entre dos gigantes para que sean sustentables para todos?

R. El desafío es intercambio de tecnología, de inversión y asociación. Brasil es un país que tiene control sobre su economía.

P. Brasil ha pasado muchos años mirando hacia dentro. Ahora ha salido al exterior para ejercer el liderazgo de América Latina, económico y político. ¿Cree que algún país de la región ve este liderazgo con desconfianza?

R. No diría desconfianza. Brasil, por tamaño, posición geográfica, geopolítica y económica, es natural que tenga la iniciativa de ser la vanguardia del proceso de integración latinoamericano. Brasil es el principal capitalizador de un fondo de compensación para inversiones en infraestructuras en Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay... Brasil es el principal impulsor del Banco del Sur, tiene que ser el líder de Mercosur, tiene que ser una voz decisiva en la resolución de conflictos.

P. ¿Qué significa el descubrimiento en 2007 de grandes reservas de petróleo en aguas profundas de Brasil?

R. Un cambio drástico del padrón tecnológico de la industria brasileña, de la capacidad de acumulación de capital. Los ingresos del petróleo serán nacionales, lo que revertirá en gran parte del país. Unos ingresos que serán reinvertidos en los sectores más importantes: educación, innovación, cultura y salud. Brasil tendrá una capacidad de inversión de 3,5 puntos más del PIB en estos sectores. La industria brasileña dará un salto impresionante. Tenemos un gran proyecto de inversión en petróleo y gas, y ya están en marcha proyectos de energía eólica y solar, centrales hidroeléctricas, nuclear...

P. ¿América del Sur necesita una salida al Pacífico?

R. Es de capital importancia. No sólo para Brasil, sino también para Bolivia, Paraguay, para toda América del Sur. La integración, basada en la energía y los transportes, evolucionará no sólo hacia el libre mercado, sino hacia la integración política y la moneda única, como en la Unión Europea. Esa integración exige la salida al Pacífico. Las carreteras y autopistas ya están siendo construidas. Chile, Perú y Bolivia tendrán que llegar a un acuerdo. Bolivia no puede estar sin salida al mar.

P. ¿Hasta qué punto los Juegos Olímpicos de 2016 pueden transformar Río de Janeiro y Brasil?

R. Son una oportunidad. Mire Barcelona, mire Pekín. En el caso de Brasil vamos a hacer un gran programa de inversión en infraestructura económica. Ya comenzó un gran programa de inversión en infraestructura social y urbana, transporte, ocio, cultura, deporte, juventud, saneamiento...

P. ¿Se acabarán las favelas de Río?

R. No. Sería una mentira responder afirmativamente. Si Brasil crea dos millones de empleos, como creó un millón y medio en los últimos ocho años, será otro país. Otro país, como España o Portugal, donde hay problemas sociales y donde habrá pobres, pero serán el 5% y no el 30% como ahora. Será una revolución.
Fuente:EL Pais.com
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