miércoles, 7 de octubre de 2009

Muchos políticos e iglesias viven de espaldas a la auténtica democracia, afirma M. Suárez

Manuel Suárez, político y líder evangélico, ha analizado la influencia de la Reforma protestante en las democracias occidentales, y lamentado que esta influencia aún no ha llegado a la política en España e incluso ni siquiera a muchas iglesias y entidades evangélicas españolas.

Manuel Suárez es médico, político, Vicepresidente de la Alianza Evangélica Española y miembro de la Junta Directiva de los Grupos Bíblicos Universitarios. Acaba de dar una conferencia sobre protestantismo y su influencia en las democracias europeas en el programa de actos del 130 aniversario de la Iglesia de Gijón, donde (como expresa en una entrevista en eMision) expuso que la defensa de la libertad de conciencia de Lutero fue -sin que él pudiese siquiera imaginarlo- la base de la aparición de las democracias occidentales. Tanto por favorecer "la libertad de elección del individuo" como por producir la eliminación de intermediarios ante el poder absoluto humano o divino (salvo Jesucristo, en este último caso). Por ello, la Dieta de Worms fue un momento histórico, así como el pietista Oliver Cromwell eliminando el poder absoluto del monarca de Inglaterra, y la declaración de independencia de EEUU, hecha por puritanos y que reconoce los derechos que "Dios ha dado a los hombres, gobernando los hombres por delegación".

Enfatiza Suárez que donde no hay libertad de conciencia no hay democracia, "aunque haya libertad de comercio como en China, o incluso elecciones con votos de los ciudadanos como en Irak".

La cosmovisión protestante, como una tendencia que puede no ser la única, lleva siempre al desarrollo de todas las libertades, no sólo de la libertad de conciencia, sino de todos los derechos del individuo al eliminar la "clase sacerdotal", sin que incluso los derechos de las mayorías puedan estar por encima de los derechos individuales.

Otro aspecto importante, dice Suárez, es que la tendencia al mal del ser humano es vista desde la teología protestante como una realidad permanente que lleva a la necesidad de un control del gobierno en su ejercicio del poder, incluso en la propia democracia. Precisamente en España hay un déficit de esta cultura protestante de la libertad de conciencia como derecho del individuo, y la necesidad de control del poder del Gobierno, debido -opina Suárez- a una cultura católica que impregna toda la sociedad, incluso a personas y entidades teóricamente areligiosos o incluso antireligiosos.

Esta idea de la inclinación al mal o corrupción integral del ser humano, insiste Suárez, está siendo ignorada en muchas democracias modernas como la española, llevando a corruptelas consentidas y casi consideradas como inevitables.

CRISTIANOS Y POLÍTICA
Por estas razones, ningún partido político ofrece un programa y actuación que un cristiano pueda éticamente firmar en su totalidad, incluso con partidos llamados evangélicos, dice Suárez. Pero esto va unido a que todos los partidos democráticos tienen también algo positivo. No se debe impedir o atacar que un cristiano participe en política siempre que busquen participar desde la verdad de denunciar lo que vean incorrecto, pero buscando influir positivamente en lo negativo y trabajando a favor de lo positivo. Cada cual debe decidir sin que se deba juzgar a un cristiano por militar o votar a favor de un partido que tenga cuestiones éticamente incorrectas, porque la política "muy a menudo consiste en buscar el mal menor".

Lo importante es "no tener adhesiones absolutas ni rechazos totales, sino ser crítico y saber posicionarse en cada cuestión en conciencia".

Desde este punto de vista y esta base teológica e ideológica, dice Suárez, "yo animo a los creyentes a participar y cobeligerar en cualquier partido con el que en conciencia y delante de Dios consideren que es su lugar, pero siempre siendo claros en la identidad y la ética evangélica, sin temer a nadie".

IGLESIA Y DEMOCRACIA
Precisamente "la base del concepto protestante de Gobierno en la sociedad y la iglesia es que Dios es el único poder absoluto, y bajo El todo poder es delegado, relativo y no sólo falible sino también en potencia subsidiario de ser mal ejercido, por lo que necesita rendir cuentas y ser supervisado".

El concepto de gobierno de Jesús es radicalmente contrario al que se ve en la sociedad, y consiste en "no enseñorearse de los demás, sino ser un servidor. Y la primera forma de servir es dar cuentas, explicar, consultar. Hay iglesias en las que existe un déficit y en otras una clara necesidad de mejora que se corrige aplicando el `someteos unos a otros, y no otros a uno´, un imperativo que es para todos, no sólo para algunos o unos muchos. Sin olvidar que servir puede a veces significar plantarse y denunciar situaciones" afirma Suárez en la entrevista.

Citando a un reciente artículo de Amable Morales, líder de las Asambleas de Hermanos, Suárez hizo un llamado de atención del mal uso del concepto de democracia en las iglesias e instituciones evangélicas, recordando que -como muestra el libro de los Hechos y las epístolas- el modelo para la toma de decisiones de calado espiritual y estratégico en el ministerio de la Iglesia y su desarrollo es el consenso, la búsqueda en oración de un sentir ´unánime, sintiendo una misma cosa´ (Fil 2:2). Dice Morales y coincide con él Manuel Suárez que "quizá seducidos por ´las demás naciones´, hemos apartado tan “raro”, lento y desgastador método bíblico, para abrazar los principios de la representación democrática en todo tipo de organismos y ministerios. Comenzamos por el escueto modelo de “una iglesia un voto”, y vamos avanzando al más sofisticado del voto proporcionado con el número de miembros, lo que por cierto está rebelándose como un milagroso acordeón: Las membresías crecen siempre que se trata de asignar votos, y disminuyen a la hora de asumir cuotas económicas" dice con humor e ironía Amable Morales en su artículo.

Cree Suárez que esto ocurre en España, y en otros paises de influencia cultural católica, por la mentalidad católica "que impregna incluso a auténticos creyentes de fe evangélica que caen en negar el derecho de expresión, y en delegar la responsabilidad en quien `manda´ sin dar cuentas a nadie (algo que afecta a todas las denominaciones, funcionando como una estructura vertical similar a la católica)".

Esto lleva a una inmunidad e infalibilidad de algunos líderes que no es bíblica, y por otra parte puede llevar, como antes se apuntaba, a una "tiranía" de las mayorías que impida el desarrollo responsable del liderazgo y "la búsqueda de la voluntad de Dios, que no tiene por qué estar siempre en el 51%. Además, en las estructuras que los evangélicos construimos a veces no se corresponden los votos con la realidad de quienes representan, que a veces ni han sido consultados. Hay que buscar una renovación tanto del ejercicio de la autoridad como servicio, como el desempeño del voto desde la perspectiva del consenso y la búsqueda de la verdad", concluye Suárez.
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