jueves, 24 de septiembre de 2009

Los "casi" salvos

Escrito por Julio Ruiz
jueves, 24 de septiembre de 2009

(Marcos 10:17-31)

INTRODUCCIÓN: Cada vez que usamos el adverbio “casi”, estamos hablando de algo que estuvo cerca de suceder. Así que solemos decir: “Casi tuve un accidente”; o “casi me caso con él o ella”; o “casi me embarco en ese negocio”. Algunos a menudo dicen: “Casi me agarró la migra” (para los indocumentados); o “casi me gané la lotería”. También la usamos para decir: “casi terminé la carrera”; o “casi llegó a cumplir sus sueños”. Y es que cuando hay algo bueno que no pudimos alcanzar por falta de tiempo, de dinero o de fuerzas, queda en la mente la sensación de lo que hubiera sido la vida si al final logro la meta. Muchos llegan a sus camas con la sensación del “casi”. En la presente historia tenemos a un joven que “casi” fue salvo, convirtiéndose en una de las más grande tragedias de la Biblia. ¿Sabía usted que uno de los castigos del infierno será el remordimiento de aquellos que habiendo estado tan cerca de la salvación, “casi” alcanzada, tuvieron que ir allí, como el caso del joven rico? Cuando comparamos a los hombres y mujeres que depositaron su fe en el Señor como el paralítico, el endemoniado y el leproso, con este joven, pronto descubrimos la verdadera intención del corazón humano cuando se acerca al Señor. ¿Hasta dónde este joven desea la salvación? Y la lucha del alma parece ser la misma: Deseo ser salvo, pero también deseo vivir cómo estoy actualmente. Deseo seguir a Cristo, pero no estoy dispuesto a dejar lo que más me ata a este mundo. ¡Qué tragedia que alguien se pierda habiendo hablado y saludado a Jesucristo! Consideremos quiénes son los llamados “casi” salvos de acuerdo a este relato.



I. LOS “CASI” SALVOS POSEEN ESTILOS DE VIDAS CORRECTAS


La presente es una historia conmovedora. Al principio nos cautiva la manera cómo este joven llegó para entrevistarse con el Señor, pero luego nos sorprende su inesperado final.


1. Vino con la premura correcta. La historia nos dice que “vino corriendo” v. 17. En esto hay algo digno de ser observado. Algo vio ese joven en el Maestro de Galilea que le convenció de ir a él tan pronto como fuera posible. Esta actitud nos habla de la forma cómo debiéramos venir a Cristo. Es sabido que los pies de mucha gente corren más rápido para seguir a otros dioses que para seguir al Dios verdadero. Pero, peor aún, muchos corren muy rápido para entregarle sus vidas a los placeres antes que venir a entregarle sus vidas al Señor. Este joven nos muestra la importancia de la premura para venir a Cristo. Hay gente “buena” que acude pronto a Dios, pero sin querer cambiar. Vienen corriendo a Cristo pero luego se detienen cuando ven sus demandas.


2. Vino con la postura correcta. Se nos dice que vino “… hincando la rodilla de delante de él...”. No todos los hombres se postran delante del Señor. Ese joven había oído acerca de Jesús. Nadie se postraría delante de alguien sin que tal persona inspire reverencia. Note que él era un “principal”. No era fácil para alguien como él postrarse así. Es un hecho ver que en nuestros amigos inconversos encontremos a personas muy correctas. De hecho, algunos actúan mejor que muchos creyentes. No tienen vicios, son generosos, son muy amables, son muy fieles y hasta tienen hogares ejemplares.


II. LOS “CASI” SALVOS PIENSAN EN UNA SALVACION POR OBRAS


1. No hay nada que hacer. “¿Qué haré para ser salvo?”, fue la pregunta. Aunque esta es una pregunta correcta, pues revela el anhelo legítimo del alma, este joven tenía en su mente el concepto que más predomina en el común de la gente: hacer algo para salvarse. Cuando fue confrontado con lo que había hecho, habló de su intachable vida moral. Pero una vez que escuchó las nuevas demandas, se fue. ¿Qué es lo que sucede? La salvación por obras quita los méritos de Jesús en la cruz. Cuantos hay que quieren alcanzar una salvación por obras. A la hora de salvarse lo que más abunda es la justicia personal. La salvación por gracia a algunos les parece muy “barata”. Prefieren trabajar para alcanzarla. Sin embargo, lo que hay que hacer para ser salvo es invitar a Cristo para que cambie el destino eterno. Las obras serán el resultado de mi salvación.


2. Los halagos son para Dios. El joven rico llamó a Jesús “Maestro bueno”, pero Cristo refirió esos halagos a Dios. Aquí notamos parte de la franqueza del Señor. Pudiéramos tener los mejores calificativos para expresárselos al él, pero los mismos se quedarían en meras palabras si la intención del corazón es otra. El profeta Isaías había dicho con anticipación: “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Is. 29:13). Podemos adornar nuestras alabanzas con los mejores epítetos, pero tener un corazón irredento. Podemos llamar a Jesús de la manera más exaltada, pero con el corazón negar que lo amemos. No se trata de la impresión que tengo de Jesús sino del amor que tengo por él. No se trata de ver en Cristo a un líder que impresiona, por quien tengo una gran admiración, creyendo que esto será suficiente para mi salvación. Por “gracia soy salvo por medio de la fe…” (Ef. 2:8). Esta es la verdad bíblica.


III. LOS “CASI” SALVOS SON PROFUNDAMENTE RELIGIOSOS


1. Los mandamientos con relación al hombre. Cuando Jesús le preguntó al joven sobre los mandamientos, dijo: “todo eso lo he guardado desde mi juventud”. Es como si hubiera dicho: “Todo lo que exige la ley para vivir bien y conservar la reputación entre ellos no he tenido problemas en cumplirlos”. En esta parte hay un detalle interesante que observar. Jesús no hizo mención a los primeros mandamientos de los diez que tienen que ver con el nombre y la adoración del único Dios. Por lo que va a suceder al final, si Jesús le hubiese hecho ese planteamiento, a lo mejor pone en apuros al joven. No sabemos si la respuesta iba a ser la misma, pues aunque él guardaba los mandamientos que tenían que ver con su relación con los hombres, había convertido sus riquezas en su propio dios. De esta manera podemos ver a un joven con una enorme lucha. ¿No vive acaso tanta gente en esta disyuntiva? Se esfuerzan por guardar los mandamientos para estar bien con los hombres, pero descubren que los principales, los que tienen que ver con su relación con Dios, no los cumplen. La actitud religiosa de mucha gente lejos de acercarlos a Dios los aleja profundamente. Están tan cerca pero tan lejos a la vez.



2. La vida respetable no es suficiente. Nadie se salva solo por guardar los mandamientos. Si así fuera tendríamos mucha gente salva, porque es bien cierto que hay personas en el mundo que se esmeran en guardar, por lo menos, los mandamientos que guardó el joven. Piensan que la salvación y el cielo solo es un asunto de guardar ciertos preceptos. Se ha dicho que el infierno se está llenando de gente “respetable”. ¿Por qué razón? Porque nuestras obras son como trapos de inmundicias, como lo dijo el profeta Isaías. La única justicia que Dios aprueba es la viene por la fe en Jesucristo. Esto lo afirmamos porque no basta con llevar una vida religiosa si al final no sé si soy salvo. Es una pena que el guardar ciertos mandamientos me haga un hombre o una mujer respetable, pero al final estar perdido. Estoy convencido que el ladrón de la cruz no fue un hombre respetable, pero le pidió a Cristo que tuviera piedad de él y allí mismo fue salvo. Si el ser religioso asegurara la salvación, ¿por qué este joven tuvo el deseo de ser salvo? Una religión sin Jesús hace a alguien tan perdido como el peor de los pecadores.


IV. LOS “CASI” SALVOS SON MUY AMADOS POR EL SEÑOR


1. Son amados con ternura. Lo último que vemos en este encuentro es un reproche de parte de Jesús, como lo hacía con los hipócritas fariseos que se acercaban a él con otra intensión. Ni siquiera hubo un reproche en la pregunta de Jesús, “¿por qué me llamas bueno?”. Mas bien, el corazón de esa pregunta revela la fina ternura que Jesús tenía hacia alguien que podía ser salvo. El amor de Jesús por los “casi” salvos tiene que ser muy grande. Jamás lograremos captar la magnitud de las palabras de Juan 3:16, donde se nos habla del “de tal manera amó Dios al mundo”. Porque ese amor, en toda esa magnitud, también está lleno de una paciencia extraordinaria, pues si algo no quiere Dios es que nadie se pierda, pero si que todos procedan al arrepentimiento (2 Pe. 3:8). Nadie ama al pecador con tanta ternura como lo ama Cristo. Vea ese amor con el “hijo pródigo”. Vea ese amor al buscar la oveja perdida.


2. Son amados con especial compasión. “Entonces Jesús, mirándole, le amó… v. 21. ¿Puede usted pensar en el tipo de mirada que Jesús le extendió? Pudo ser una mirada de mucha misericordia. Pudo ser una mirada de dolor. Pudo ser una mirada que demandaba una respuesta. Pudo ser la más compasiva de las miradas para alguien que tiene tan cerca la salvación, pero que al final la pierde. Esta es la mirada para el pecador respetable que vive en su propia justicia. Su amor es de salvación. Muy pronto Jesús estaría colgado sobre un madero. Aquella muerta también era para este joven. Nadie escapa a la finura de su amor. La misma mirada que tuvo para el joven rico, la tiene para el joven pobre, la mujer y el hombre rico o pobre. Nadie escapa a la mirada de su amor. Tengo que pensar que la mirada hacia aquellos “casi” salvos tiene que ser más compasiva, más llena de amor, porque él conoce la realidad del infierno.


V. LOS “CASI” SALVOS LES FALTA UNA SOLA COSA


1. Lo que falta es lo más importante. El joven aristócrata pensó haber pasado no solo un examen de buena conducta, sino quedar como candidato para ir al cielo. Pero después que Jesús hizo el escrutinio interior se dio cuenta que algo le faltaba. Aquel joven lo tenía todo ante la vista de los hombres, pero le faltaba lo más importante ante los ojos de Dios. “Una cosa te falta”, es el asunto más importante que debe ser resuelto en la vida de cada persona. ¿Qué le faltaba a este joven? Vea que era joven, principal y rico. Aquí tenemos una de las revelaciones más grandes de la Biblia. El corazón del hombre pudiera estar atestado de muchas cosas, pero faltarle lo que más importa. ¿Por qué la gente más infeliz es la gente que lo tiene “todo?”.

2. A Jesús hay que seguirle. Esta es el asunto más difícil de esta historia. En la primera parte vemos a un joven entusiasta, alegre, seguro de si mismo y hasta impresionando al Maestro con su estilo de vida. Pero luego leemos estas palabras: “Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste” v. 22. Este es el cuadro de nuestro mundo. Todo se ve muy alegre, pero a la hora de oír las palabras “ven, sígueme, tomando la cruz”, el asunto cambia. No se está listo para cambiar los tesoros de la tierra por los que nos esperan en el cielo. No tomemos la decisión del joven; allí está en juego la eternidad. Seguir a Jesús dejando lo que más amamos es una decisión de valientes. Pero seguirle a él, dejando aún las riquezas, tiene esta recompensa (vv. 28-30)

CONCLUSIÓN: Después que el joven rico se fue triste, por cuanto las demandas para seguir a Jesús le parecieron muy altas, los discípulos no terminaban su asombro y tuvieron que hacer una pregunta que les preocupada sobre manera: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” v. 26. Y la respuesta de Jesús sigue siendo orientadora frente a la inquietud humana: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” v. 27. Esta es la verdad que hay que afirmar frente a la pregunta que hizo el joven. Dios está interesado en que todos los hombres se salven. Este joven es una excepción. Los hombres deben irse alegres después de encontrarse con Cristo. ¿Cómo saldrás hoy delante de la presencia del Señor?
fUENTE:Entre Cristianos.com
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