martes, 1 de septiembre de 2009

'Las heridas de la Segunda Guerra Mundial permanecerán para siempre'


Uniformes de guerra y de boys scouts se fundían esta tarde ante el monumento a los caídos en Westerplatte, en una comunión de varias generaciones de polacos para rendir homenaje al primer bastión de la resistencia europea contra la Alemania nazi.

Caras desfiguradas por las heridas de guerra, sillas de ruedas y muletas, junto a rostros adolescentes que presenciaban la ceremonia con la que líderes de toda Europa han rendido tributo a los apenas 200 soldados que se enfrentaron el 1 de septiembre de 1939 a las 3.000 tropas de Hitler que encendieron la mecha de la II Guerra Mundial.

Los antiguos militares exhibían poco resentimiento y buen humor. "¿Es usted veterano de guerra?", preguntaban los periodistas a un oficial de nombre Pinchetta. "Sí, pero no de la Primera, sino de la Segunda", se reía mientras hablaba del "heroismo" de sus colegas y se mostraba feliz por haber llegado vivo a contemplar su 70 aniversario.
'La guerra está en nuestra conciencia'

En el estrado, el primer ministro Donald Tusk y su colega Vladimir Putin se sentaban rodeando a la canciller Angela Merkel, que entonó el enésimo mea culpa alemán por haber desencadenado la guerra. "Ningún país ha sufrido tanto en su historia como Polonia", ha dicho Merkel con una nota de emoción en la voz, recordando que tras el levantamiento de Varsovia de 1944 "no quedó piedra sobre piedra en la ciudad". Y ha añadido que "no hay palabras para describir una tragedia que no podemos cambiar y cuyas heridas permanecerán para siempre". "En mi país", concluyó, "la guerra está en nuestra conciencia, sin necesidad de escribir de nuevo la historia".

Del lado ruso las cosas no están tan claras y las heridas históricas abiertas entre los dos países han supurado estos días a cuenta de la matanza de Katyn, en la que 20.000 oficiales perecieron a manos de las tropas soviéticas en 1940, y del pacto suscrito por la Alemania nazi con Stalin.
'Es necesario pasar página

"La Historia no tiene un solo color", advertía por la mañana Vladimir Putin, poniendo de relieve la necesidad de "pasar página" y "mirar al futuro", reconociendo el "sacrificio de los soldados polacos" y exaltando la lucha conjunta que ambos países emprendieron tras la ruptura entre Stalin y Hitler. Pero sin un gesto de arrepentimiento comparable al de Merkel.

En el estrado de Westerplatte, el premier ruso ha recordado que "casi la mitad de los 50 millones de muertos de la IIGM eran de la antigua URSS" y condenado el pacto Molotov Ribbentrop -aunque equiparándolo a los que firmaron el resto de democracias occidentales para apaciguar a los nazis- como "moralmente inaceptable".

Mientras, los líderes polacos afrontaban el aniversario desde sus alejadas posiciones políticas. Tusk, conciliador, reconocía el esfuerzo soviético y la sangre que derramó la URSS para liberar Polonia en el 45, aunque exhibía con firmeza la postura polaca "basada en hechos que no se pueden ignorar".

Lech Kacynski, el polémico presidente, exhibía un tono mucho más nacionalista y menos diplomático. Calificó de "puñalada por la espalda" la invasión rusa, apenas 15 días después de la alemana, durante otra ceremonia celebrada al alba, justo a la hora en que empezó el conflicto: las 4.45.

Hoy, 70 años después, los únicos disparos que se han oido en Westerplatte han sido las salvas de honor en memoria de sus héroes.
Fuente: el mundo.es
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