viernes, 28 de agosto de 2009

El Papa reafirma la doctrina mariana, animando a las madres a «consagrar sus hijos a la Virgen»


Benedicto XVI presidió la Misa de la Asunción de la Virgen María en Castelgandolfo. En su homilía, el Papa resaltó la figura de la Madre de Jesús, manifestando que «en el designio divino de la creación, el hombre debía haber tenido la pureza y la belleza de la Inmaculada». Además sugirió a todos que siguieran el ejemplo del cura de Ars, que «consagró muchas veces su parroquia a la Virgen, así como las madres deben hacer lo mismo con sus hijos».


La Inmaculada concepción, la Ascensión de María a los cielos y la consagración a la Virgen, conceptos teológicos católicos basados en el Magisterio y la Tradición, pero contrarios a la interpretación bíblica del protestantismo, han sido vueltos a ser ratificados y exaltados por el actual Papa Benedicto XVI. En la homilía, Benedicto XVI reflexionó sobre los textos del evangelio de Lucas en los que María se pone en camino hacia la casa de Elisabeth. El Papa explicó que «de esta manera el evangelista quiso subrayar cómo María para seguir su propia vocación, con docilidad al espíritu de Dios, que realizó en Ella la encarnación del Verbo, tuvo que recorrer un nuevo camino y emprender inmediatamente un camino fuera de su propia casa, dejándose conducir solamente por Dios».

El Papa destacó que la Asunción «nos recuerda que la vida de María, como la de todo cristiano, es un camino de seguimiento a Jesús, un camino que tiene una meta bien precisa, con un futuro ya trazado: la victoria definitiva sobre el pecado».

Después de la homilía, Benedicto XVI se dirigió hasta el balcón que da al patio central de la residencia apostólica de Castelgandolfo, para rezar con los fieles presentes en el Ángelus en la solemnidad de la Asunción de la Virgen. En sus palabras antes de la oración, el Papa dijo que «estamos en el centro del mes de agosto, tiempo de vacaciones para muchas familias y para él también, y día donde la iglesia celebra la solemnidad de la Asunción de la Virgen».

Señaló que «esta es una oportunidad privilegiada para meditar sobre el sentido último de la existencia humana, ayudados por la liturgia del día que nos invita a vivir en este mundo siempre orientados a los bienes eternos, para compartir la misma gloria de María, Nuestra Madre».

El Pontífice terminó sus palabras antes del Ángelus diciendo que «el Cura de Ars consagró muchas veces su parroquia a la Virgen, encomendando especialmente a las madres hacer lo mismo cada mañana con sus hijos».
Fuente:Acpress. net
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