viernes, 3 de julio de 2009

EL DOMINIO DE LA LENGUA


“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”.
(Santiago 3:2.)

Refiriéndose a la lengua, Fradique Méndez la definió así: “La lengua es un músculo chato, flexible, con una extremidad presa y la otra suelta. Y allí es donde, precisamente, radica el gran problema de la humanidad; si la lengua tuviera las dos extremidades presas, ¡cuántos males se evitarían entre los hombres! Pero es tan natural entre los seres humanos el tener la lengua suelta en una de sus extremidades que, cuando la naturaleza opera el prodigio de nacer con la lengua presa en las dos puntas, enseguida el padre del niño corre al médico más cercano con el fin de que este libere la lengua del inconsciente”.

El control de este pequeño músculo es tan difícil, que aquel que lo consiga plenamente habrá alcanzado un grado tal de dominio propio que lo habilitará a controlar todo el resto del cuerpo.

El creador nos dio dos oídos y solo una lengua. Es como si Dios quisiera que usáramos los oídos el doble de lo que usamos la lengua. Muchos quedarán fuera del reino de Dios por su incapacidad para controlarla. La señora White le escribió a un miembro de la iglesia lo siguiente: “Uno que es poderoso…será su fuerza y apoyo… Usted necesita de una nueva conversión día a día. Muera a su propio yo, conserve refrenada su lengua, controle sus palabras” (Testimonies, t.1, pp. 698, 699).
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