martes, 16 de junio de 2009

LA SALVACIÓN DE LOS HIJOS


Job… se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizás habrían pecado mis hijos, y habrán blasfemados contra Dios en sus corazones (Job 1:5).

¡Qué gran necesidad hay de padres semejantes al piadoso Job, solícito en ofrecer oraciones intercesoras a favor de sus hijos! ¡Qué bendiciones recibiría la Iglesia si los padres tomaran tiempo para hacer planes y orar por sus hijos!

Susana Wesley, la madre de dos grandes predicadores, Juan y Carlos Wesley, jamás descuidó la oración intercesora a favor de sus hijos. Era una mujer admirable, conocida por su habilidad ejecutiva, su profunda devoción y su discernimiento espiritual. Tuvo diecinueve hijos e hijas y con habilidad y disciplina los guió a todos en los caminos de la fe y la virtud. Hablaba personalmente con cada uno acerca de Dios y se su plan redentor. Leía la Biblia y oraba “con ellos y por ellos” una hora cada noche. Y cuando los mayores crecieron la ayudaron, ensenando y orando por los hermanos menores.

Susana organizaba todo lo relacionado con sus hijos, hasta las horas de dormir. Ordenaba el momento exacto cuando debían ir a la cama; y ellos, obedientes, seguían las instrucciones. Incluso les enseñó a los bebes a llorar suavemente.

En el quinto aniversario de cada hijo le dedicaba un día entero y le enseñaba todo el alfabeto en ese día. Al día siguiente le ensenaba a leer el primer versículo en la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Su amor por los hijos se ve en la oración que escribió después que Juan, a los seis años de edad, fue providencialmente salvado de una casa incendiada: “Pretendo ser más cuidadosa con este hijo que tú preservaste tan misericordiosamente y me esforzaré por inculcar en su mente los principios de la Palabra.”

Cuando Juan decidió prepararse para el ministerio, Susana le aconsejó: “El verdadero fin de la predicación es enderezar las vidas humanas y no taponar sus mentes con especulaciones inútiles”.

Los padres les dan atenciones especiales a sus hijos cuando nacen físicamente. ¡Con cuánto mayor cuidado debe ahora encarar la entrada de sus hijos en el reino de los cielos!

¡Bienaventurado es el hogar del que Dios es el Señor!
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