jueves, 25 de junio de 2009

Infarto del miocardio y entorno psicosocial.


En la actualidad se dispone de una gran cantidad de estudios que relacionan a los factores psicosociales, con el estado de salud de los individuos y de las poblaciones.

En el caso concreto de la cardiopatía coronaria, existe la creencia general de que estos factores influyen no solo en su génesis sino también en la evolución de los pacientes con la enfermedad establecida.

Existen datos que sugieren que el entorno social es más efectivo para apoyar la recuperación de la enfermedad, que para la prevención de su aparición.En general, se asume que los pacientes del mismo estatus social, comparten una serie de valores, necesidades, hábitos y expectativas. El sistema de clases, se refiere a una estructura de poder o autoridad en la que las distintas clases compiten entre sí.

En las ultimas décadas se han identificado a determinados grupos vulnerables o protegidos de la cardiopatíacoronaria. Por un lado los pacientes viudos, los que viven en entornos caracterizados por la desorganización social y los que presentan una gran movilidad ocupacional parece expuestos a un mayor riesgo.

Por otro lado grupos religiosos parecen protegidos de las patologías del corazón.

En la literatura se encuentran conceptos no directamente relacionados con el entorno psicosocial, pero con la suficiente relevancia para ser considerada parte de este tema.

Nos referimos a la personalidad tipo A; este tipo de personalidad fue elaborado por Friedman en los años 50 para designar una forma de conducta presuntamente relacionada con el desarrollo de patologías cardíacas.Los rasgos característicos de este tipo de personalidad serían la impaciencia, la alerta exhacerbada, la agresividad y la propensión a la angustia.

Más que un aspecto de estatus o del entorno psicosocial, la conducta de tipo A se refiere, a una forma especial de interacción del individuo con ese entorno psicosocial.

Los diversos estudios que se ha ocupado de los efectos de la personalidad de tipo A han utilizado este término de forma muy heterogénea.

Diversos autores han criticado las propiedades psicométricas de esta personalidad y se han añadido nuevos componentes como la hostilidad flotante.Ahora bien, los estudios poblacionales realizados en los países occidentales muestran una asociación entre nivel socioeconómico o clase y mortalidad por cardiopatía coronaria.

En la actualidad es sabido que los pacientes de niveles socioeconómicos bajos tienden a mostrar una mayor prevalencia de factores de riesgo coronario clásicos, como tabaquismo, hipertensión, lo que podría condicionar una mayor propensión al reinfarto.

Además la evidencia disponible sugiere que los pacientes de nivel socioeconómico bajo que han sufrido un infarto presentan una mayor mortalidad que los pacientes con niveles altos.

El estado civil constituye un aspecto peculiar del entorno social. La asociación entre mortalidad y estado civil de tipo postinfarto, es uno de los hallazgos más consistentemente informados en la literatura médica social.La muerte del cónyuge se asocia a un exceso de mortalidad en los 6 meses siguientes al periodo de viudez. En otros estudios el hecho de ser soltero se asocia con mayor incidencia de reinfarto y una mayor mortalidad postinfarto.

En un estudio en España, los pacientes con infarto que se encontraban solteros, ingresaban a la unidad de cuidados intensivos, en un estado de mayor gravedad que los que estaban casados.

Si bien el hipotético efecto predisponente para la cardiopatía isquémica de la conducta de tipo A (o personalidad coronaria), ha sido cuestionado por estudiosos, no menos controvertido es el efecto de la conducta tipo A/B sobre el pronóstico de los pacientes con cardiopatía isquémica establecida.

Así mientras que algunas investigaciones han comunicado un exceso de muertes súbitas postinfarto en los pacientes con personalidad tipo A, otros estudios no han encontrado tal asociación.

Por lo tanto podemos decir que a 40 años después de su formulación, la relación entre la llamada personalidad tipo A y la incidencia y morbilidad de la cardiopatía coronaria, sigue siendo insuficientemente aclarada.En los últimos años ha habido una avalancha de datos que relacionan el estrés psíquico y la actividad neurovegetativa con el curso clínico de los pacientes con cardiopatía isquémica establecida.

La evidencia disponible a partir de estas investigaciones sugiere que: el estrés psíquico favorece la aparición de isquemia miocárdica, sea esta clínica o silente, tanto en modelos de experimentación animal como en sujetos normales o en pacientes con cardiopatía coronaria.El estrés mental condiciona una activación neuroendócrina que predispone al paciente y la aparición de arritmias ventriculares y a la fibrilación ventricular.El nivel de la actividad simpática es un determinante de primer orden del pronóstico de los pacientes con infarto del miocardio.

Estos datos han conducido a la formulación de una teoría fisiopatológica que explica cómo las relaciones sociales promueven la salud y protegen de la enfermedad.De acuerdo con esta teoría, el efecto del entorno psicosocial estaría mediado por la amígdala en el cerebro, a partir de la cual se activaría la zona hipotalámica posterior.

La evidencia disponible, sugiere la existencia de una relación causal entre el entorno psicosocial del paciente con infarto y la mortalidad subsiguiente. De acuerdo con el nivel actual de los conocimientos, son factores determinantes tanto el nivel de apoyo instrumental e informacional como el apoyo emocional, el mecanismo por el cual actúan dichos factores incluye, muy probablemente la participación del sistema neurovegetativo.

En una patología como el infarto del miocardio, una de las más importantes de la humanidad, y de gran frecuencia de hospitalización en las unidades de cuidados intensivos, en nuestro país.
Fuente:Portales Medicos.com
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