viernes, 26 de junio de 2009

EL CRISTIANO Y LA POLITICA


EE.UU-. ( AGENCIALAVOZ.COM) Existe una controversia sobre si el cristiano debe o no inmiscuirse en asuntos de política vernácula. La controversia se ha atizado en virtud que en varios países del continente, no solamente los feligreses, sino los pastores han lanzado su candidatura a cargos de elección popular.

En virtud de lo anterior, es menester aclarar algunos conceptos que nos orienten a entender de una mejor manera el fenómeno: El cristiano y la Política. En primer lugar debemos definir qué es un cristiano y luego qué es política y finalmente establecer la relación entre uno y la otra.

El cristiano es aquel individuo que mediante el acto del arrepentimiento de sus pecados ha sido perdonado por Dios y en consecuencia, Jesucristo es el centro de su existencia. La política es la ciencia que estudia todo lo relacionado a procurar el bien público temporal, es decir, el bienestar de los habitantes de un Estado.
Si vamos a hacer honor a la verdad, el objetivo de la Iglesia, de la cual el cristiano es parte, es en primer lugar, el bienestar público espiritual y por lo tanto eterno, luego el material.

Lo que la Iglesia pretende es que el individuo conozca a Jesucristo para que su vida sea transformada. En cambio la política busca únicamente el bienestar público material y por lo tanto temporal, pues en realidad no puede aspirar a más.
Lo que esto significa es que el cristiano que incursiona en política tiene estrictamente que trascender la dimensión material de la política y entrar en la dimensión espiritual que exige el Evangelio.

Dicho de una manera sencilla, si un cristiano está en política, su agenda no se agota en desarrollar obras de infraestructura, firmar tratados internacionales que beneficien al país o impulsar leyes que actualicen y desarrollen a la nación, es un imperativo insoslayable que desarrolle eventos de evangelización, campañas de promoción de los principios bíblicos, en fin, que sea un canal para la propagación del Evangelio de Jesucristo, pues él entiende o debe entender que la espiritualidad de una persona determina siempre su realidad moral, material, familiar, en fin, todo lo que atañe a su vida. Sin Jesucristo en el gobierno de la vida, el entorno y la existencia del hombre es una tragedia mayúscula.

El cristiano es un individuo que tiene un compromiso con Dios, después con el hombre. De manera que si vamos a incursionar en política vamos a centrarnos en una transformación espiritual y luego buscaremos el bien temporal del hombre. Sino no vamos a ser capaces de honrar el deseo de Dios es preferible el oscurantismo privado que la necedad pública.

La incursión de un cristiano en la política no significa tener status, prestigio, reconocimiento, dinero, servir al pueblo, significa, servir a Dios, ser ente de cambio, promover la palabra de Dios, significa ser luz y sal y resplandecer como luminares en medio de una generación maligna y perversa.

No tengo la menor duda que Dios llama a hombres y mujeres cristianos a incursionar en política. La verdad de Dios tiene que fluir en todas las esferas de la sociedad, empero, es importante tener este llamado.

No es cualquier cristiano quien debe participar en política sino aquel a quien Dios ha llamado y preparado para tal efecto. No podemos transar con el reino de las tinieblas y hacer menos, ni tampoco la sociedad puede esperar que seamos uno más del montón. El político cristiano tendrá que sobresalir en todo y exaltar el nombre de Dios en cada instancia.
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