jueves, 21 de mayo de 2009

La homosexualidad según la perspectiva bíblica


Autor:Paulo Arieu

Tremendo problema el de la homosexualidad, cada vez hay mas homosexuales, y cada dia se atreven mas a proclamar abiertamente, su libertinaje sexual. Cada dia que pasa, el espíritu de orgullo y de altivez, hace que en vez de ser los heterosexuales los normales y los homosexuales anormales, parezcan ser que es al revés ahora, los heterosexuales son los anormales y los homosexuales los normales.Marchas gays, lobbys gays, reclamos gay , asociaciones gay, presiones al cristianismo para que los acepten como si fueran personas normales, que si bien es verdad que tiene los mismo derechos que cualquier otro ser humano en esta tierra para vivir, no por eso uno esta obligado a aceptar su conducta, ni los ministros cristianos la obligación de casarlos, ni de emplearlos, etc. Todogay, es hoy en día, es una moda, un furor, un boom homosexual !!

La iglesia cristiana no puede ni debe aceptar la homosexualidad en el ser humano como algo normal,sin como lo que es , un vicio pecaminoso, una degeneración del ser humano.

Introducción:

«A partir de las denominadas “luchas por los derechos civiles de los homosexuales”, que se entrelazaban miserablemente con la revolución sexual, todo Occidente se fue convenciendo, poco a poco, de la naturaleza anodina de las relaciones sexuales; de ahí que éstas se reduzcan, en su opinión, nada más que a una cuestión de gustos incensurables, que se pueden satisfacer libremente en la más absoluta negación de toda naturaleza y/o finalidad de la sexualidad.

El paradigma antropológico, que rige la legitimación de la homosexualidad hasta en sus más recientes aberraciones jurídicas, morales y religiosas, si bien es unitario en sí, presenta, con todo, una dicotomía genealógica en dos troncos paralelos y autotélicos (Reforma Protestante y Revolución Francesa), cuya raíz común puede rastrearse hasta dar con ella en la gnosis; es decir: tiene por autor, en último análisis, al propio Lucifer. Los frutos venenosos del protestantismo liberal y del radicalismo libertario muestran tocante a la sodomía, así como respecto a otras cosas, una unidad esencial.

La sodomía, entendida como «atracción sexual, exclusiva o preponderante, hacia personas del mismo sexo» (CCC, 2357), es una inclinación objetivamente desordenada en cuanto contraria a la naturaleza humana (CCC, 2358). ¿Se configura como una patología tal desorden sexual? Si se atiende al significado general del término, sí. En efecto: enfermedad es toda merma o aberración de las condiciones psicofísicas normales de un individuo (lo normal viene determinado por la naturaleza específica). Pero si se quiere, por el contrario, penetrar en el ámbito de la especialización, se debería hablar de patologías en plural, pues el mismo desorden podría ser consecuencia de males físicos, perturbaciones psíquicas, alteraciones genéticas, etc. Dejemos a la ciencia médica, practicada honestamente, la indagación etiológica y patogénica de la sodomía. Ya fuera ésta causada por factores fisiológicos, psicológicos o por el concurso de ambos, a la homosexualidad la calificaban unánimemente de patología tanto la neuropsiquiatría cuanto la psicología clínica, sin olvidar al mismo psicoanálisis, antes de que el dogma de la bondad natural de aquélla impusiera el reconocimiento de su normalidad. Así, p. ej., la Organización Mundial de la Salud contaba a la homosexualidad, hasta el 17 de mayo de 1990, entre las patologías psiquiátricas; sólo la presión de los lobbies pro-gay [los grupos de presión prosodomitas], no nuevos conocimientos científicos, impuso que se la excluyera de las mismas.»[1]

La homosexualidad según la perspectiva bíblica [2]

Aborrezco mi homosexualidad! Estas palabras estallaron como pequeñas bombas en la tranquilidad del despacho del pastor. «¡Amo al Señor y quiero servirle! Se que estos deseos homosexuales no le agradan. ¡Por favor, ayúdeme!» El pastor escuchaba atentamente al apuesto joven que se paseaba nervioso por su despacho pidiendo ayuda.

«He venido a verle», decía, «porque es usted un pastor evangélico conocido y pensaba que comprendería mi problema. Cualquier otro me condenaría directamente al infierno. Pero no necesito la condenación, sino alguien que me ayude a salir del infierno de mi homosexualidad».

Mientras aquel joven derramaba la angustia de su desesperación y frustración, el pastor se movió ligeramente en la silla.

«He ido al instituto bíblico, pero sencillamente no puedo entrar en el ministerio con esta amenaza pendiendo sobre mí», y añadió con mirada suplicante. «Por favor, estoy muy confuso, ¿quisiera usted ayudarme?»

¿Condenó el pastor a aquel joven como otros habían hecho? ¡En absoluto! En lugar de ello, traicionó por completo sus votos de ordenación y la ética de toda relación consejero-aconsejado al intentar seducir al atribulado muchacho allí mismo en su despacho!

El joven huyó completamente destrozado. Más tarde, herido terriblemente por aquel incidente y al borde del pánico, me telefoneó. Le aconsejé lo mejor que pude por teléfono y finalmente encontró a un consejero cristiano piadoso en su misma ciudad que le está guiando por el camino de la victoria.

¿Es esto demasiado terrible para ser cierto? No, se trata de una historia real.

El segundo pecado moral mencionado por el apóstol Pablo en Gálatas 5.19 es akatharsía. Fung dice que significa principalmente «inmundicia», como se ha traducido en la Reina-Valera de 1960. Este término aparece a menudo en el Nuevo Testamento junto a porneia, «fornicación» (2 Corintios 12.21; Efesios 5.3, 5; Colosenses 3.5).

Vine, por su parte, expresa que la palabra griega en este contexto significa «inmundicia, impureza o suciedad en el sentido moral». Akatharsía abarca una gran variedad de prácticas sexuales impuras, pero en nuestro estudio me limitaré sólo a dos áreas: la homosexualidad y la masturbación. Lo hago a causa de la prominencia que tienen en nuestros días entre los creyentes y los líderes cristianos estas dos prácticas sexuales impuras. Comencemos por la homosexualidad.

En su perspicaz libro Eros y el pecado sexual, John White proporciona algunas de las enseñanzas más equilibradas que se hayan publicado sobre los cristianos y los temas sexuales. Su capítulo acerca de la homosexualidad se titula «Dos mitades no hacen una unidad». Dentro de un momento volveré a las ideas de White.

La homosexualidad y la Biblia

Las Escrituras consideran pecado toda actividad homosexual y la condenan enérgicamente.

La homosexualidad se menciona por primera vez en relación con las ciudades de Sodoma y Gomorra en Génesis 19 y es de las prácticas perversas de los habitantes de aquellas dos ciudades (v. 5s) de donde se deriva la palabra sodomita, utilizada varias veces en la versión Reina-Valera (Deuteronomio 23.17; 1 Reyes 14.24; 15.12; 22.46; Job 36.14 y 1 Timoteo 1.10). La mayoría de las referencias tienen que ver con la práctica abominable de la prostitución idolátrica masculina, corriente entre las naciones paganas que estuvieron en contacto con Israel y, en tiempos de decadencia espiritual, practicada también por los israelitas (Jueces 19.22; 1 Reyes 14.24; 2 Reyes 23.7).

La homosexualidad fue categóricamente prohibida por Dios en las leyes del Antiguo Testamento que regulaban la vida sexual de su pueblo (Levítico 18.22; 20.13; Deuteronomio 23.18). Se la llama «abominación» cinco veces en Levítico 18 (vv. 22, 26, 27, 29–30) y una en Levítico 20.13; lo cual es coherente con su raíz, que significa «abominar», «detestar», «odiar». Era un pecado tan abominable a los ojos de Dios que la pena que se infligía a los que lo practicaban era la lapidación (Levítico 20.13).

El Nuevo Testamento describe este pecado sexual en Romanos 1.18–32 como una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad contra el señorío de Dios. En los versículos 26 al 28, el apóstol Pablo escribe:

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.

La homosexualidad estuvo tan extendida durante los tiempos del Nuevo Testamento como en la época del Antiguo; por eso, Pablo la refiere en Romanos 1.26–28 y 1 Timoteo 1.9–10.

John White escribe que «la homosexualidad es un problema común a ambos sexos. Homo significa “semejante” o “igual a”. No se refiere a la masculinidad. El lesbianismo es solamente una palabra utilizada para describir la homosexualidad femenina».

La actividad homosexual no se origina principalmente en la constitución biológica de ciertos hombres o mujeres. Es sobre todo una conducta aprendida. Y todo lo que se aprende puede, con ayuda si es necesario, olvidarse. Por lo tanto, a los homosexuales les es posible abandonar este comportamiento sexual pecaminoso, del mismo modo que los heterosexuales que se entregan con persistencia a la inmoralidad pueden hacerlo con el suyo.

La Biblia no trata específicamente la cuestión de los orígenes sociales frente a los orígenes biológicos de la homosexualidad, sino que simplemente la presenta como pecado y condena su práctica. Muchas autoridades seculares dejan claro que nadie nace invertido, como afirman buen número de homosexuales. En un artículo muy completo titulado «The Homosexual in América» (El homosexual en América), aparecido en la revista Time del 31 de octubre de 1969, el redactor afirmaba:

La única cosa en la que la mayoría de los expertos coinciden es que la homosexualidad no resulta de ningún gen pervertido ni de predisposición hormonal alguna, al menos que pueda detectarse mediante las actuales técnicas[ … ] Los distintos componentes sicológicos de la masculinidad y la feminidad, «la identidad del rol de género», se aprenden.

«El género es como el lenguaje», dice John Money, sicólogo clínico de la Universidad John Hopkins. La genética ordena únicamente que se desarrolle la capacidad de hablar, no que se hable en anhuatl, árabe o inglés.

Esto no significa que la homosexualidad esté latente en todos los seres humanos maduros, como se ha creído por una mala interpretación de las teorías de Freud. En la cultura americana, el lugar donde los roles sexuales se determinan con más vigor es la familia, y a una edad tan temprana (generalmente en los primeros años de la vida) que la identidad sicológica de la mayoría de los homosexuales, como también de los heterosexuales, se establece antes de que ellos lo sepan.

La homosexualidad no es un estilo de vida aceptable, aunque distinto, para los seres humanos, y menos aún para los cristianos. A la luz de Mateo 5.27–30, las fantasías homosexuales son pecaminosas y la pornografía homosexual algo a lo que se debe resistir.

Sin embargo, al igual que todo otro pecado, la conducta homosexual es totalmente susceptible de ser perdonada. El Señor Jesús sólo cita un pecado imperdonable y no es la homosexualidad (Mateo 12.31–32).

Los cristianos con fuertes ataduras de homosexualidad necesitan un grupo de apoyo que les ayude a liberarse. El trabajo con homosexuales revela esta necesidad. Pocos de ellos, incluso cristianos, lo conseguirán por sí solos. Necesitan confesar su esclavitud a algún amigo comprensivo y grupo de apoyo. Las ataduras homosexuales, tanto en la imaginación como en la práctica, son una de las formas más opresivas de esclavitud sexual que el hombre conozca.

Las ataduras de homosexualidad en los tiempos bíblicos

La homosexualidad era muy común en las épocas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Y aun peor: era respaldada y fomentada por los cultos y las religiones idolátricas de la madre naturaleza y la fertilidad que practicaban. Dichos cultos, en su forma más «idealista», incorporaban la prostitución heterosexual, también actividades homosexuales, la bestialidad y otras perversiones casi indescriptibles en el terreno del sexo.

John McClintock y James Strong dicen que la palabra hebrea traducida por «sodomita» en la versión Reina-Valera del Antiguo Testamento:

se empleaba[ … ] para aquellos que practicaban como rito religioso el vicio abominable y antinatural con el que los habitantes de Sodoma y Gomorra habían definido su duradera infamia[ … ] Esta horrenda «consagración» [de prostituto/prostitutas a los dioses] o, mejor dicho, esta «profanación», estaba extendida de varias maneras por Fenicia (la tierra de Canaán), Siria, Frigia, Asiria y Babilonia. Astarot, la griega Astarté, era su objeto principal. También parece haberse establecido en Roma.

Algunos de los conversos de las religiones paganas en el tiempo de Pablo habían sido homosexuales practicantes. Escribiendo a la iglesia de Corinto, el apóstol dice:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios. (1 Corintios 6.9–11).

En este pasaje, Pablo enumera los pecados comunes en el mundo gentil de sus días, que predominaban de un modo especial en Corinto y otros centros del comercio, así como en santuarios y templos religiosos paganos. Ellicott escribe lo siguiente:

La mención de los pecados sexuales (fornicación, adulterio y dos palabras para referirse a la homosexualidad: «los afeminados» y «los que se echan con varones») en relación con los idólatras, apuntan al hecho de que estaban particularmente asociados con los rituales paganos, lo cual, naturalmente, intensificaba el peligro contra el cual el apóstol advierte a los corintios. (Romanos 8.13; Gálatas 5.19–20; 1 Timoteo 1.9–10; Tito 1.12).

La palabra griega malak/”, traducida por «afeminado» ha inquietado a muchos comentaristas. Todos los hombres afeminados no son homosexuales, como tampoco son lesbianas todas las mujeres con características masculinas. Sin embargo, su uso en este contexto implica alguna forma vulgar de pecado sexual y hasta tal vez entrañaría un pecado no heterosexual.

Vine dice que el término se utiliza aquí «no simplemente para indicar a un varón que practica formas de lascivia, sino de personas en general que son culpables de adicción a los pecados voluptuosos de la carne». Con esto concuerda G. G. Findlay, quien dice que la palabra en cuestión significa «adicción general a los pecados de la carne».

F. W. Grosheide asume sin embargo una posición más firme y dice que las palabras «afeminados y los que abusan de sí mismos con los hombres designan respectivamente a los homosexuales pasivos y activos».

Sin embargo, según John White, la idea de un papel activo y otro pasivo en la homosexualidad constituye un estereotipo incompatible con los hechos. Los homosexuales pueden cambiar de roles a voluntad. Pero aunque no sea posible tener la certeza de que tanto malak/” (afeminados) como arsenok/itai (los que abusan de sí mismos con los hombres) se refieran a los papeles pasivo y activo en las relaciones homosexuales, la evidencia apuntaría en esa dirección.

Gordon D. Fee, escribe en su comentario sobre 1 Corintios que la evidencia respalda la posición de Grosheide. «Afeminados» tal vez se refiera a jóvenes que se vendían a hombres mayores como sus «queridas» o que adoptaban el papel más pasivo como prostituto/prostitutas religiosos.

Sin importar cómo interpretemos algunas de estas palabras, lo más probable es que en este versículo (1 Corintios 6.9) se haga referencia a la práctica de la homosexualidad por lo menos dos veces. Esta lista, junto con la que el apóstol hace en 1 Corintios 5.9–11, formaría el compendio de las conductas pecaminosas de las cuales eran culpables los corintios antes de convertirse a Cristo.

William Barclay dice lo siguiente acerca de la palabra porno;, traducida por «fornicarios» en 1 Corintios 6.9: «El término que se emplea para fornicarios es particularmente desagradable y significa prostituto/prostituta. Debió resultar bastante difícil ser cristiano en la contaminada atmósfera de Corinto».

Barclay presenta algunas sugerencias interesantes sobre la palabra malak/” traducida por «afeminados». La traduce al inglés como «sensuales» y hace algunos comentarios perspicaces sobre «los que abusan de sí mismos con los hombres» (versión King James) y arsenok/itai, traducida por «homosexuales» en algunas otras versiones, incluso castellanas:

Hemos dejado para lo último el pecado más antinatural: había aquellos que eran homosexuales. Este era el que se había extendido como un cáncer por toda la cultura griega y que, desde Grecia, había invadido Roma. Apenas podemos comprender lo plagado que estaba el mundo antiguo.

Incluso un hombre tan grande como Sócrates lo practicaba. El Symposion [Simposio], diálogo de Platón, considerada como una de las obras más grandes del mundo en cuanto al amor, se ocupa del amor antinatural y no del natural. Catorce de los quince primeros emperadores romanos practicaban asimismo el vicio antinatural.

En aquel tiempo, precisamente, el emperador era Nerón, quien había hecho castrar a un muchacho llamado Esporo y luego se había casado con él con una ceremonia matrimonial. Después lo había llevado a su palacio en procesión y allí vivía con él como esposa[ … ]

En cuanto a este vicio particular, en los tiempos de la Iglesia primitiva el mundo no tenía ninguna vergüenza, y apenas cabe duda de que fuera esa una de las principales causas de su degeneración y del derrumbamiento final de la civilización que habían levantado. Continuaremos ......
Fuente:Paulo Arieu.
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